El Parlamento de Cataluña se reunirá de nuevo esta mañana para investir a Quim Torra president de la Generalitat. Con la abstención ya amarrada de la CUP y los votos de JxCat y ERC afrontan una legislatura que ellos mismos tachan de «provisional» por las excepcionales circunstancias políticas, mirando al Gobierno y al Tribunal Supremo. Pero no menos excepcional es la debilidad de partida que condiciona la presidencia de Torra, su dependencia de Carles Puigdemont y la división de su gobierno, cerrado ya a sus espaldas.

Torra llega a la presidencia por designación de Puigdemont por ser, precisamente, leal al ex presidente. Y Puigdemont lo ha designado con la esperanza de que, en unos semanas, Alemania se ponga de su lado y rechace la petición de extradición cursada por el Tribunal Supremo para seguir actuando como presidente del Consell de la República, ese ente que el nuevo president se ha comprometido a crear para mantener la confrontación con el Gobierno desde Bruselas.

A su vez, buena parte de su partido baraja la posibilidad de forzar unas nuevas elecciones autonómicas, o bien el próximo otoño, coincidiendo probablemente con el juicio a los líderes del procés, o en primavera de 2019, coincidiendo con las elecciones municipales. El propio Torra fijó en su discurso de investidura las elecciones municipales como uno de los objetivos prioritarios del independentismo, pero la tentación de asociar los comicios al juicio en el Tribunal Supremo, aprovechando la movilización del independentismo que ello provocaría, es fuerte.

En ese escenario, y dado el perfil del nuevo presidente catalán, los partidos de la oposición temen ya que la nueva legislatura se convierta en una larga precampaña electoral en la que el bloque independentista aproveche los recuperados resortes del poder autonómico para mantener a su electorado movilizado. Con 30.000 millones de euros de presupuesto y una administración integrada por 200.000 funcionarios, se trata de un punto de partida indudablemente mejor que una campaña bajo el 155.

La designación de Jordi Turull como consejero de Presidencia puede ser la primera provocación del nuevo gobierno catalán

El primer embate podría vivirse en los próximos días, con la formación del gobierno catalán. Si se cumplen los deseos de una parte de JxCat, Jordi Turull podría volver a ocupar la consejería de Presidencia, desde la cárcel, por lo menos hasta que se ratifique su procesamiento por rebelión y quede inhabilitado para cargo público. Se trata de una posibilidad que ha cobrado fuerza en los últimos días para dar cobertura a un discurso «legitimista» que se contradice con el hecho de que ninguno de los miembros del anterior ejecutivo vuelva a sentarse en el Consell Executiu.

El gobierno pactado por JxCat y ERC

En ese caso Elsa Artadi ocuparía la consejería de Empresa y Universidades, mientras Pere Aragonés lideraría el sector republicano del Govern desde la vicepresidencia de Economía que había ocupado Oriol Junqueras. Esa división al 50% del ejecutivo será el otro gran problema de gestión de Torra, con nula experiencia en el gobierno. Artadi y Aragonés, por contra, conocen bien la administración catalana tras años a la sombra de Mas-Colell la primera, y de Junqueras el segundo.

El resto del ejecutivo, prácticamente cerrado aunque Torra insiste en que se perfilará en los próximos días, contará con Miquel Buch en Interior, Laura Borràs en Cultura, Marc Solsona en Territorio y Mercé Conesa o Albert Batet en Gobernación por parte de JxCat. Y con Ester Capella en Justicia, Teresa Jordà en Agricultura, Joan Ignasi Elena en Sanidad, Jordi Solé en Exteriores y Mireia Mata en Bienestar, aunque los dos últimos generan más dudas.

Un ejecutivo en ciernes que no ha aplacado los temores de la oposición, convencida de que Torra marcará una legislatura de confrontación con el Gobierno. Así lo entiende Cs, cuyo portavoz, Carlos Carrizosa, avanzaba este domingo que «se acercan tiempos difíciles» en la Cataluña de Quim Torra.

La portavoz del PSC, Eva Granados, ha lamentado en público que Cataluña vaya a tener «un presidente ultranacionalista, supremacista y de derechas» y el popular Xavier García Albiol reconoce que la mitad de los catalanes no se van a sentir representados por su nuevo president.