La víctima de La Manada ha roto su silencio cuando están a punto de cumplirse dos años desde que sus cinco miembros abusaran sexualmente de ella, según la sentencia del tribunal, en un portal durante las fiestas de San Fermín. A través de una carta, que ha enviado a El programa de Ana Rosa y del que por ahora solo se han desvelado unas líneas, ha llamado a continuar luchando.

«Os puedo asegurar que todo el camino que hay que recorrer no es un plato de buen gusto pero, ¿qué hubiera pasado si yo no hubiera denunciado?. No os quedéis callados. Porque si lo hacéis, les estáis dejando ganar a ellos», comienza.

“Finalmente, quiero denunciar. Nadie tiene que pasar por esto. Nadie tiene que lamentarse de beber, de ir sola a casa o de llevar una minifalda. Esto le puede pasar a cualquiera, os lo aseguro. Tened cuidado con lo que decís, no sabéis cuántas veces he oído hablar sobre la ‘chica de Sanfermines’, sin saber que esa chica era la que estaba a tu lado. Y por cierto no soy la chica de Sanfermines, soy la hija, nieta y amiga», escribe y continúa con la necesidad de modificar a la sociedad y la importancia de las denuncias.

Con que mi caso haya removido la conciencia de alguien, me doy por satisfecha»

«No podemos bromear con una violación, es indecente. Está en nuestras manos cambiarlo. Por mucho que penséis que no os van a creer, denunciéis. Está muy bien condenar unos hechos pero todos tenemos que ser partícipes del cambio. Con que mi caso haya removido la conciencia de alguien, me doy por satisfecha», concluye.

Además, gran parte de la carta la dedica a dar las gracias a todos aquellos que han llenado las calles dándole voz y a sus padres.»»Gracias a toda la gente que tomó España, sin conocerme, dándome voz cuando muchos me la quisieron quitar. Gracias, hermanas. Mamá y papá, gracias por el apoyo y sacar fuerza. Gracias por todo lo que me habéis enseñado pero, sobre todo, por no abandonarme ni abandonaros a vosotros mismos.  Quiero dar gracias también a mis personas, mis elegidas. Por apoyarme, llorar conmigo, enfadaros porque no tenía sentido lo que sentía. Por reír y hacerme ver que lo mejor y lo peor de la vida hay que compartirlo. Por odiar y por querer. Vosotros me levantáis».