El ex presidente de la Generalitat José Montilla ve con preocupación la situación catalana y advierte que «no hay soluciones mágicas» al conflicto abierto, aunque reconoce que la recuperación de aspectos anulados del Estatut o la mejora de la financiación son vías que hay que explorar y ayudarán a reducir el impacto del conflicto. Pero tiene claro que no es posible volver a la situación anterior a la sentencia del Estatut y el proceso independentista y reclama a España «que se explique en toda su complejidad» para desmentir el estereotipo «viejo, casposo, poco amable y con tintes del pasado» que algunos quieren imponer.

Pregunta.- Advirtió en 2010 de la desafección de los catalanes. ¿Imaginaba que se pudiera llegar tan lejos?

Respuesta.- No esperaba que las cosas evolucionaran del modo en que lo han hecho, y creo sinceramente que nadie lo pensaba, ni las personas que hoy protagonizan el procés. Las cosas han ido peor de lo que mucha gente pensaba. Que el desencuentro y la crisis iba a ser de esta magnitud no creo que lo pensara, ni lo deseara, la mayoría.

P.- ¿Harán falta generaciones para reconducir este desencuentro?

R.- ¿Qué es reconducirlo? Si es buscar la manera de reducir su impacto, de que baje el hinchazón como dicen ahora, de encontrar vías de entendimiento, eso es factible. Pero si alguien piensa en volver a como eran las cosas antes se equivoca. Espero que haya posibilidad de reconducir los problemas, de abordarlos de una forma menos pasional y más racional, que la política tenga un papel. Eso no hará que las cosas vuelvan a ser como antes, pero sí permitirá encontrar pautas comunes que permitan la convivencia.

El PSC recuperará papel, pero no será el de hace diez años, cuando era junto a CiU el partido estructural de la política catalana»

P.- Dice que nada volverá a ser como antes. ¿El PSC puede llegar a recuperar el papel transversal y estructural que tenía, junto a CiU, en la política catalana?

R.- Me gustaría, es lo que deseo. El PSC recuperará papel, pero no será el de aquel momento. El mapa político ha cambiado, es más fragmentado, hay más actores, en Cataluña y en España. El papel no será como el de antes, pero es un papel importante hoy y lo será más en el futuro, representando ese espacio -que se ha reducido fruto de la confrontación y bipolarización de la sociedad catalana- que es absolutamente necesario, de un catalanismo progresista, integrador, popular, que ha defendido siempre el PSC.

P.- ¿Existe fractura en la sociedad catalana?

R.- ¿La sociedad catalana está partida en dos? Yo diría que no, la sociedad catalana está en un proceso en el que hay elementos de fractura y división, eso no significa que haya dos bloques enfrentados en la calle. Hay elementos de división muy claros, que se han acelerado en los últimos tiempos, con momentos en los que esa división se ha manifestado en la calle, en algunos incidentes minoritarios de confrontación. Pero eso no significa que no pueda llegar a ser grave, si no se invierte la tendencia y rebajamos la tensión y se sigue alimentando la confrontación.

P.- ¿Se equivocan las instituciones que ponen el lazo amarillo en sus fachadas?

R.- Respeto los símbolos que cada uno quiera utilizar personal y colectivamente. Pero las instituciones que representan a todos deberían estar libres de símbolos que solo representan a una parte. No es un tema fundamental, pero es un tema ético, las instituciones están al servicio de todos.

P.- José Luis Rodríguez Zapatero ha propuesto volver al Estatut de 2006. ¿Es esa la solución?

R.- No hay una solución mágica. Existe un conjunto de cosas que pueden ayudar, sumadas, a encontrar una vía que ayude a solucionar los problemas. Recuperar el Estatut no soluciona el problema, las cosas son mucho más complejas. Recuperar aspectos que quedaron afectados por la sentencia, hacerlo en el marco del Estado de Derecho mediante leyes orgánicas es factible y puede ayudar. Pero no podemos pensar que con ello se soluciona el problema. No estamos en 2010, han pasado muchas cosas que condicionan el comportamiento de los actores políticos y las instituciones. Es una de las cosas que se puede y se debe intentar, pero también hay otras.

La sentencia del Estatut no es la causante de la situación actual, pero sí hubo un antes y un después, como hoy reconocen dirigentes del PP

P.- ¿Qué parte hicieron mal las instituciones catalanas en la reforma del Estatut?

R.- Las cosas aquí se podrían haber hecho mejor. Hubiera habido que insistir más para evitar que el PP se descolgara, haber sido conscientes de que en determinadas cosas había posiciones maximalistas, que tuvieron que ceder en la negociación en Madrid. Eso genera frustración. El necesario concurso de CIU en la reforma del Estatuto -era obvio que no se podía hacer en contra del primer partido de la oposición en España y el principal en Cataluña- supuso un coste. Su competidor era ERC e intentaron desbordarlo con un exceso de postureo y maximalismo que no ayudó. Pero después el Estatuto se aprobó con mayoría absoluta, respetando escrupulosamente lo que prevé la Constitución, y fue refrendado por el pueblo de Cataluña. Los errores luego fueron de aquellos que habían recogido firmas y quisieron llevar el pulso más allá: tratar de ganar en el Constitucional lo que no habían ganado en las urnas ni en el Parlamento. Un TC con magistrados con mandato caducado, recusados, etc. Eso restó, no legalidad, pero sí legitimidad moral y política a la sentencia. La sentencia no es la causante de la situación actual, pero sí hubo un antes y un después, como hoy reconocen muchos dirigentes del PP, en privado por supuesto.

P.- Si en las próximas elecciones autonómicas el PSC tuviera el papel de primera fuerza que ahora le dan algunas encuestas, ¿recomendaría que volviera a pactar con ERC?

R.- La experiencia fue positiva. Tuvimos el problema de la sentencia del Estatuto, pero tuvimos otro problema más importante, la crisis económica, que se llevó por delante a todos los gobiernos. Lo importante no es solo con quien pactas, sino para hacer qué. Lo que pactamos con ERC e ICV está por escrito. No se hablaba de independencia, ni de referéndum, ni de soberanía. Se hablaba de desarrollar un Estatuto aprobado legalmente, de negociar una financiación, de abordar el problema de las infraestructuras y de políticas sociales. Eso es lo que pactamos.

La experiencia con ERC fue positiva, en el pacto no se hablaba de independencia, ni de referéndum ni de soberanía»

P.- ¿La política catalana vive de simbolismos?

R.- Hoy se vive mucho de eso, especialmente el gobierno actual vive de gesticulación. ¿Cuántos días históricos hemos tenido en los últimos años? Hay gente que compra eso y cree que los gobiernos están para hacer eso.

P.- ¿El Gobierno de Pedro Sánchez corre el riesgo de caer en lo mismo, dada su minoría parlamentaria?

R.- No caerá. Un gobierno tiene que hacer gestos, y discursos. Pero lo tiene que acompañar de hechos. Habrá gestos y palabras, pero habrá hechos detrás también, con las limitaciones que tiene tener 84 diputados.

P.- ¿José Borrell es un bofetón al independentismo?

R.- Será un buen ministro de Exteriores. Del actual Gobierno español quién cree que conoce a Angela Merkel desde hace 30 años. No está ahí para ofender a nadie, otra cosa es que algunos quieran hacer esa lectura, pero ese es su problema.

P.- Conoce bien tanto a Borrell como al nuevo conseller de Exteriores, Ernest Maragall, que van a librar una “batalla” por la proyección del conflicto político en Cataluña. ¿Cómo augura esa batalla?

R.- La agenda del ministro de Exteriores no es el procés. Tiene muchos otros retos, como se ha visto esta semana con los temas relacionados con la migración y el proceso de construcción europea. En la agenda del ministro de Exteriores el problema catalán, que es un problema español, no digo que no esté presente, pero no he visto que haya nombrado una secretaría de Estado para eso.

La agenda del ministro de Exteriores no es el ‘procés’, tiene muchos otros retos, no veo que haya creado una secretaría de Estado para eso»

P.- ¿Cuáles son las medidas más urgentes en una reforma constitucional para actualizar el modelo autonómico?

R.- No sé si en esta mitad de legislatura, con la correlación de fuerzas que hay, habrá posibilidad de llevar a cabo la reforma constitucional. El Gobierno persistirá en comenzar un proceso que permita ir sentando las bases de una reforma constitucional que espero que se produzca porque es necesaria. Las constituciones en España prácticamente no se han reformado porque han sido arrumbadas. Aprendamos de la historia, esta Constitución ha dado un gran servicio a España, pero hay cosas en las que ha envejecido. No recoge el Estado Autonómico, ni el proceso de integración europea.

P.- Se ausentó del Senado en la aprobación de la aplicación del 155, ¿no lo compartía?

R.- Alguien que ha presidido la Generalitat, por lealtad a la institución y a muchos ciudadanos no puede avalar la aplicación de un artículo, que es constitucional, pero que supone la intervención de estas instituciones.

El PP, especialmente durante la mayoría absoluta, hizo funciones de bombero pirómano en Cataluña»

P.- ¿Usted no lo habría aplicado?

R.- Hubiera hecho todo lo posible para evitar tener que llegar ahí, y sinceramente creo que no se hizo. Es más, creo que durante años se fueron poniendo piedrecitas para acabar donde se ha acabado. El Gobierno del PP, especialmente durante la mayoría absoluta, hizo funciones de bombero pirómano.

P.- Felipe González defiende que se tendría que haber aplicado el 155 el 6 y 7 de septiembre.

R.- No, yo creo que mucho antes se tendría que haber producido la presencia de la política, que es diálogo, negociación y pacto. Que no significa decir que sí a lo que te plantea la otra parte, pero sí entender que alguna razón tendrá. Ese camino el PP no lo ha querido explorar. El Gobierno de España, que también es Gobierno de Cataluña, tiene otros temas de los que hablar al margen del referéndum, los planteas, los emplazas a hablar de ellos y los sitúas a la defensiva y no usas el referéndum como excusa para no hablar de nada. El desastre es haber llegado al 155.

P.- Desalojado Rajoy de La Moncloa, el independentismo parece haber encontrado en el Rey a su nueva bestia negra.

R.- Meterse con el presidente del Gobierno cuando han votado la moción de censura hace una semana es difícil y necesitan mantener la épica y la agitación. Se equivocan, porque el Rey tiene el papel que le otorga la Constitución, pero los responsables incluso de sus discursos, acaban siendo los gobiernos.

En el discurso del Rey no me sobraban cosas, pero me faltó algún gesto hacia gente que, equivocada o no, había recibido palos dos días antes»

P.- ¿El discurso del 3 de octubre se tendría que haber modulado?

R.- No me sobraban cosas, pero me faltaba algún gesto hacia la realidad catalana. Hacia gente que, equivocada o no, había recibido palos hacía dos días.

P.- Ve al president Torra capacitado para liderar el diálogo teniendo en cuenta la tutela de Puigdemont y su falta de experiencia política.

R.- Ojalá, pero tengo mis dudas. Sobre todo tengo dudas de su grado de autonomía. Parece ser, por los gestos que él hace, que esa autonomía es muy reducida, y eso no es bueno porque él es el presidente y quien debe responder ante el Parlament.

P.- ¿TV3 y la escuela son los grandes agentes del independentismo?

R.- El problema es más de conjunto, no se trata de que en la escuela te laven el coco y llegues a casa y en TV3 te lo acaben de lavar, eso es una simplificación, lo que no significa que no se tenga que reclamar que los profesores hagan su trabajo de la forma más profesional y que los medios de comunicación públicos tengan la obligación de ser lo más plurales posible.

España no es ese estereotipo viejo y casposo que venden algunos, pero hace falta que se explique más en su complejidad»

P.- ¿Cómo se recupera en Cataluña el aprecio por la idea de España?

R.- Depende de Cataluña pero también de España. Si algunos hacen de España un estereotipo y lo asocian a algo viejo, caduco, casposo, poco amable y con tintes del pasado es un proyecto poco atractivo. España no es eso, pero hace falta que se explique más en su complejidad, en su diversidad. Y que tenga un proyecto atractivo para el conjunto de pueblos que la forman, no solo es cuestión de que aquí se vea, sino de que desde allí se promueva esa idea de España. España no es la idea que algunos venden de algo antipático, aunque algunos han hecho todo lo posible para que se vea así.

P.- ¿La financiación tiene que ser el primer punto de la negociación?

R.- Esto no es un problema de dinero, hay un problema de dinero pero no es solo eso. El presidente del Gobierno ya dijo que el nuevo sistema de financiación difícilmente se abordará en lo que queda de legislatura, sobre todo teniendo en cuenta que en once meses hay elecciones autonómicas. Pero supongo que se buscarán soluciones parciales que ayuden en este periodo.