La suya fue una vida de equilibrios. Los practicó durante las casi tres décadas que le tocó guiar almas como obispo en San Sebastián. No eran almas sencillas, unas vagaban de pena y otras sumidas en el odio. Él defendió que debía estar con ambas, que también los enemigos merecen el amor divino. La acusación de equidistancia le acompañó gran parte de los 28 años que ejerció como obispo en los tiempos más duros de ETA y en la región española de la que más terroristas surgieron y más víctimas provocaron.

 

José María Setién dejó anoche de ser juzgado por unos y otros, para enfrentarse al juicio final del que como experto teólogo no tenía dudas de que separaba la vida de los vivos y de la de los muertos, las almas. Con 90 años cumplidos el pasado 18 de marzo, el obispo vasco del que más se ha escrito ha fallecido esta noche en el hospital Donostia de la capital guipuzcoana tras no superar el ictus que le había dejado en coma profundo. Mañana será despedido en Iglesia del Buen Pastor, en el funeral que tendrá lugar a las 12.00 horas en la misma iglesia en la que fue proclamado obispo en 1972 y ordenado sacerdote en 1951. Setién será enterrado en la cripta de la Iglesia del Buen Pastor, será el tercer obispo enterrado en ella.

El obispo guipuzcoano había abandonado la responsabilidad que durante más tiempo ejerció en 2000, cuando aún le restaban tres años para cumplir la edad reglamentaria para el retiro eclesial. Aseguran que no fue voluntario, como se dijo, sino forzado por la nueva corriente eclesial que encabeza Francisco y que se ha propuesto situar a los pobres y el discurso social en el eje de su papado. Le sucedió Juan María Uriarte, también cercano al PNV y fiel defensor del papel que la Iglesia vasca debía jugar como impulsora del final del terrorismo.

En su feligresía no tuvo almas sencillas, unas vagaban de pena, otras sumidas en el odio inyectado por ETA

Por la época en la que le tocó ejercer, no dejó de entrar en laberintos más políticos que sociales. Las víctimas siempre le consideraron un obispo frío, distante y lejano con su dolor. En San Sebastián muchas acudían a su Iglesia en busca de cercanía que no encontraron. En los años más duros de la violencia de ETA, el obispo emérito de San Sebastián siempre pensó que había que estar cerca de unos y de otros, de los terroristas y de las víctimas. A las víctimas les arropó con frialdad según ellas denunciaban, al entorno de ETA con gestos como la cesión de locales de la diócesis para protestas de familiares de presos o con mensaje reclamando el final de la dispersión y la defensa de sus derechos.

Cercano al nacionalismo del PNV

Pese a su profundo conocimiento teológico, José María Setién siempre fue más polémico por sus posiciones políticas que doctrinales. Defensor de las posiciones propias del nacionalismo, no en vano el PNV premió su trayectoria vital con el premio Sabino Arana y la propia Diputación de Guipúzcoa le otorgó en 2003 la Medalla de oro de la institución, en 2007 escribió el que es su último libro de una larga lista. El título resume el recuerdo que dejaron tres décadas como obispo: “Un obispo ante ETA”.

En él aseguró que contaba su “verdad”. Durante su publicación Setién afirmó en algunas entrevistas que en 1972, cuando ETA llevaba cuatro años matando, él no accedió a la cúpula del obispado donostiarra “para ser un obispo anti ETA”. También rechazó la acusación de frialdad que reiteradamente le hacían las víctimas y que él negaba señalando que nunca se negó “a recibirlas” si se lo solicitaban. Especialmente crítica fue la ex presidenta del PP vasco, María San Gil, donostiarra, con Setién a quien acusó de tratar a fieles de primera y segunda en función de su sintonía nacionalista o no nacionalista.

El obispo vasco aseguró que los derechos territoriales del pueblo vasco también habían sido violentados

Setién siempre reprobó la violencia etarra pero lo hizo buscando la distancia de quien prefiere no alterar en exceso a sus feligreses, sólo lo justo y necesario. En su opinión, que el origen de ETA tuviera algún origen relacionado con la Iglesia o que incluso varios de los integrantes de la organización terrorista fueran curas, no significó que la Iglesia vasca estuviera vinculada con la organización. Solía recordar que el grupo que fundó ETA pese a proceder del “nacionalismo confesional” que entonces representaba el PNV, rompieron con él.

Nacionalismo “sociocultural”

Se definió en vida como un defensor del nacionalismo “sociocultural”. Llegó a asegurar que en el País Vasco la injusticia no sólo la representaba ETA sino también se podían encontrar en los derechos territoriales de los vascos que también habían sido “violentados”. El fallecido obispo de San Sebastián fue defensor de la negociación entre ETA y el Gobierno para alcanzar la paz y a la que llamó a todas las pates a implicarse. “Ante la paz no podemos contentarnos con decir que la culpa de la falta de paz la tiene los otros”. Una paz que no dudó que tenía un precio, el que se fija en una hipotética negociación.

Setién nació en Hernani el 18 de marzo de 1928 y realizó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Vitoria y en la Universidad Gregoriana de Roma, donde se licenció en Sagrada Teología y obtuvo el doctorado de Derecho Canónico. Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1951 y en octubre de 1955 fue designado profesor de Teología Moral en el Seminario de Vitoria. A partir de 1960 fue profesor en la Universidad Pontificia de Salamanca, tanto en la Facultad de Derecho Canónico como en la de Teología, de la que fue Decano.

Durante su estancia en Vitoria desempeño el cargo de Director Espiritual en el Seminario y también ejerció de rector del Colegio El Salvador, para vocaciones tardías, en Salamanca. Posteriormente fue Vicario para la Pastoral de la diócesis de Santander y el 26 de septiembre de 1972 fue nombrado Obispo Titular de Zama Minor y Auxiliar de Donostia, siendo consagrado Obispo por el mismo Don Jacinto Argaya en la catedral del Buen Pastor el 28 de octubre del mismo año.

El lehendakari Iñigo Urkullu ha calificado a Setién de “buena persona, con profunda formación y sólida vocación”. A través de las redes sociales Urkullu ha afirmado que el obispo  mostró un compromiso firme y sincero en vida y ha destacado su “generosidad” en la Iglesia “y nuestro pueblo”.