Ha pasado casi uno de cada dos días de su vida en prisión. Los otros, la mayoría de ellos al menos, los ha vivido huyendo, escondido, planificando atentados o cometiéndolos. La libertad plena, la física, la disfrutará en sólo diez días. La de su conciencia comenzó a esbozarla hace más de una década entre rejas cuando decidió desmarcarse de ETA. Rechazó la continuidad de la violencia armada y abogó por sellar el final. Repudiado por la banda y la sociedad en su conjunto, el que es uno de los mayores criminales de la banda terrorista saldrá de prisión el próximo 5 de agosto.

Santiago Arrospide Sarasola es más conocido por su alias terrorista, ‘Santi Potros’. Su juventud la vendió a ETA y su madurez ha envejecido en los 31 años de prisión que ha cumplido, 11.300 días, casi a partes iguales en prisiones de Francia y España. Hoy es un anciano que el próximo 2 de febrero cumplirá 71 años.

Hace justo tres años y medio, el 4 de diciembre de 2014 disfrutó de un espejismo de libertad. Le duró apenas 45 días, hasta que la Justicia volvió a reclamarle por dos causas pendientes de los años 80 por las que volvió a ser condenado a 111 años de cárcel. En su pasado y en su conciencia pesan algunos de los atentados más crueles de ETA. Sólo el cometido en Hipercor en 1987 o en la Plaza República Dominicana de Madrid un año antes suman 33 muertes. Pero el historial conocido de Santi Potros es mucho más extenso, con decenas de condenas que suman 3.100 años de prisión.

Ha pasado en prisión 31 de sus 70 años entre prisiones francesas y españolas. En ellas se ha desmarcado de ETA.

Cuando abandone la prisión de Topas, en Salamanca, la misma en la que la alcaldesa de la localidad ofició su boda con M.T.Y y de la que en octubre cumplirá su segundo aniversario, es probable que regrese a su pueblo. Ya lo hizo en su última libertad fugaz. Es allí donde tiene a parte de su familia, a su hermana Pilar, a la que visitó con cámaras de televisión y periodistas siguiéndole a cada paso y sin pronunciar palabra.

Sin bienvenida ni ‘aurreskus’

A ‘Santi Potros’, a uno de los símbolos del pasado más duro de ETA, el de los años 80, no parece que le esperen grandes actos de bienvenida. No los hubo la vez anterior. Su desmarque de ETA, en especial tras romper la tregua con el atentado de la T4, le valió una cruz de los suyos, como a todos los arrepentidos. Fue el mismo desmarque que antes interiorizaron en prisión otros miembros de la organización ETA para los que tampoco hubo homenajes. Ni ‘aurreskus’, ni pancartas, ni aplausos, ni abrazos, ni ‘bertsos’ para reconocer su trayectoria. ‘Santi Potros’ es otro de los ‘apestados’ de ETA entre los que figuran simples pistoleros o jefes de la organización terrorista, nombres emblemáticos del terror.

Las salidas de otros históricos dirigentes de la banda como Carmen Guisasola, José Luis Urrusolo Sistiaga, Idoia López de Riaño o Valentín Lasarte fueron discretas y sin aplausos por parte del entorno de la izquierda abertzale. Ellos se acogieron a la llamada ‘Vía Nanclares’, la reservada a quienes se desmarcaron de ETA y colaboraran con la Justicia. ‘Santi Potros’ no lo hizo pero dejó clara su postura de rechazo y su disposición a cambiar, pese a no haber condenado de modo abierto y contundente a ETA y su historia ni conocérsele petición de perdón a las víctimas.

En los últimos tiempos, Arrospide Sarasola ha optado por acelerar su salida. Redimir el máximo de pena posible acogiéndose a la legalidad penitenciaria otrora vetada a los presos de la banda terrorista. Quien fuera uno de los terroristas más perseguidos y temidos, dirigente de ETA en los años duros, es hoy un preso casi ejemplar. Limpia el comedor, obedece a los funcionarios de prisiones y no da problemas.

Cuando en 2014 abandonó la cárcel, antes de reingresar 45 días después, no recibió ni honores ni recibimiento por la izquierda abertzale

El pueblo que ahora encontrará en nada se parece al que abandonó para iniciar una vida de huidas, secretos y barrotes. En manos del PSE, en este municipio guipuzcoano de 18.000 habitantes conviven las dos Euskadi que él contribuyó a dividir, la de las víctimas y la de los verdugos. Los paseos que ahora podrá volver a dar son los que le privaron de conocer este siglo a un taxista del pueblo, asesinado por ETA y cuya hija regenta hoy un negocio en el municipio. La Casa del Pueblo del PSE lleva el nombre de un concejal socialista que ETA mató, Froilán Elespe, en 2001. A dos manzanas de su casa vive otra de las víctimas de la banda, la viuda de Alfonso Morcillo, un policía Municipal de San Sebastián al que ETA mató mientras él ya estaba en prisión.

Del PNV a la dirección de ETA

Su vida podría haber sido distinta si el primer impulso no hubiera virado. Lo tuvo siendo muy joven, cuando se afilió al PNV. En plena dictadura, un sector de las juventudes del partido que hoy lidera Andoni Ortuzar no estaba satisfecho por el modo en el que se hacía frente al franquismo. Demasiado blandos. Así nació ETA, cuando ‘Santi Potros’ aún era Santiago y tenía apenas 21 años. Corría el año en 1959, el próximo martes hará 59 años. Para entonces Arrospide Sarasola ya había estrenado su currículum delictivo con una condena de un año por parte del Tribunal de Orden Público (TOP) por asociación ilícita y propaganda ilegal.

El siguiente paso fue su integración de ETA, de la que con 26 años era ya un militante activo y poco después de los comandos especiales, ‘bereziak’ de la organización terrorista. Fue allí donde conoció a Izaskun Rekalde, la que sería su pareja, y con la que participó en una de las fugas más conocidas de la historia reciente; la fuga de Segovia que liberó a decenas de presos.

Pasó de militar en las juventudes del PNV a ingresar en ETA. En la banda llegó a formar parte de la dirección hasta ser detenido en 1987

Tuvo una segunda oportunidad para no hacer historia, esa historia. La desaprovechó. En 1977 la amnistía se la brindó pero Santiago decidió seguir siendo ‘Santi Potros’ y pidió asiló en Francia. Reconocido como refugiado, al igual que otros muchos miembros de ETA, continuó su actividad criminal, bien como miembro de los comandos o dirigiéndolos. El ascenso dentro de la organización fue imparable. Aquel joven de Lasarte que no dudó en ponerse al frente de la ejecución de algunos de los atentados más sanguinarios de ETA, con los que alcanzó la cima de la dirección junto a otros históricos de la banda como el huido José Antonio Urrutikoetxea, ‘Josu Ternera’, o el ‘arrepentido’ Francisco Múgica Garmendia, ‘Pakito’.

Su fortuna se acabó en 1987, hace ahora 31 años. Una operación policial lo localizó en la localidad vasco francesa de Anglet, junto a Herri Parot. Se le incautaron armas, explosivos y abundante documentación que permitiría posteriores arrestos. A partir de ahí, su vida se ha limitado a envejecer entre rejas, francesas y españolas. Ahora, cumplida la edad para acercar presos que ha fijado el Gobierno –los 70 años-, en apenas diez días, ‘Santi Potros’ tendrá su tercera oportunidad para intentar volver a ser Santiago.