Flores amarillas, blancas, rosas y azules cubrieron ayer a mediodía el mosaico de Joan Miró de La Rambla de Barcelona, convertido, como hace un año, en un altar en homenaje a las víctimas de los atentados terroristas del 17 de agosto, en un lugar en el que hubo catorce muertos y decenas de heridos.

Aquí empezó el homenaje de Barcelona a las víctimas del atentado yihadista. A las 10.30 horas, en la plaza de Cataluña arrancó el acto oficial con El cant dels ocells (El canto de los pájaros, de Pau Casals), y finalizó a las 11.15. Contó con la presencia de varias de las víctimas, en primera fila, así como con los Reyes; el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y el presidente de la Generalitat, Quim Torra.

Después de los actos, dos grupos de independentistas y de partidarios de la unidad de España se enfrentaron en la Rambla de Barcelona, en la zona de Canaletas, lo que obligó a los Mossos d’Esquadra a separarles.

No fue la única polémica de una jornada que debió estar completamente dedicada al recuerdo de las víctima. El día amaneció con una pancarta gigante en contra del Rey colgada en Plaza de Cataluña, visible desde el lugar de los actos. La cara del Rey boca abajo estaba acompañada del mensaje “el rey español no es bienvenido en los países catalanes”.

Horas después apareció otra pancarta, cerca del lugar de los atentados, con la imagen del Rey Felipe VI y del de Arabia Saudí estrechándose las manos.

El Presidente de la Generalitat Quim Torra comenzó la jornada pidiendo la libertad de los dirigentes encarcelados por la organización del referéndum ilegal del 1-O.

Tampoco el Presidente del Gobierno fue ajeno a las polémicas. Sánchez eliminó la bandera y el escudo de España en su mensaje de unidad en catalán. Después de la polémica creada por el gesto, Sánchez ha tenido que rectificar lanzando otro mensaje que, esta vez sí, incluía los símbolos de España.