// TODO: Revisar qué hace the_post_thumbnail_creditos Jimmie Akesson, líder de los Demócratas de Suecia, en un mitin con la flor con los colores de la bandea sueca de fondo.

Jimmie Akesson, líder de los Demócratas de Suecia, la formación de ultraderecha que puede ser segunda fuerza este domingo. EFE

Política

Los suecos que solo aman a los suecos, la ultraderecha en auge

Demócratas de Suecia amenazan la estabilidad con un discurso patriota y xenófobo, que se mofa del cambio climático

“Bienvenidos al mundo real”. Jimmie Äkesson, flamante líder de los Demócratas de Suecia, el partido populista anti inmigración y euroescéptico que ha florecido en la cuna del bienestar, ya ha ganado simbólicamente las elecciones legislativas de este domingo.

Los Demócratas de Suecia (DS), con un pasado neonazi del que ahora reniegan, han monopolizado el discurso político este verano con su mensaje de miedo a la inmigración al vincularla con la criminalidad. Solo los incendios forestales y las altas temperaturas les han robado parte del protagonismo a esta formación populista de ultraderecha. Äkesson y los suyos son esos suecos que solo aman a los suecos y reivindican un bienestar nacional que creen en declive.

Según los sondeos, pueden lograr cerca de un 20% de los votos y ser segunda fuerza. Äkesson se ha fijado el objetivo del 25%. Incluso YouGov los sitúa en cabeza. Pero ninguna fuerza política quiere gobernar con ellos.

Su agenda de ley y orden, inmigración como amenaza a la seguridad y riesgo del estado del bienestar se ha impuesto en la campaña. Su mayor error ha sido, sin embargo, su falta de sensibilidad con el cambio climático, que puede hacer que su éxito sea menor de lo que anticipan las encuestas, o bien revertir en un repunte de los Verdes.

En Suecia el terror es una realidad… Ahora los otros también hablan de violencia, choque cultural, exclusión o seguridad”, dice Äkesson

“En Suecia el terror es una realidad”, clama con fuerza. “Ahora otros hablan de segregación, violencia, choque cultural, exclusión o seguridad”, presume en sus mítines. Äkesson, de 39 años, al frente del partido desde 2005, se presenta como el sueco que ama a su pueblo y viene a salvarlo del caos.  Lo hace en sus mítines con su logo, la flor azul y amarilla (colores de la bandera sueca), como telón de fondo.

En uno de los videos en los que presentaba su campaña difícilmente imaginamos que está hablando de Suecia, uno de los diez países con mayor índice de felicidad del mundo, bastión del Estado del bienestar y ejemplo de sostenibilidad. La Suecia de Äkesson es la que ve Trump, un país con una criminalidad en ascenso, ligada a la inmigración, donde la seguridad es frágil y las mujeres han de sentirse en continuo peligro.

“¿No resulta fascinante que los nazis logren siempre evocar la libertad en su propaganda?”, escribió Stieg Larsson en Los hombres que no amaban a las mujeres. Con esa misma habilidad Äkesson habla de igualdad entre mujeres y hombres para fomentar el odio a los refugiados.

“Quienes vienen a Suecia no cambian sus valores por poner el pie en nuestro país. No creen en la igualdad de hombres y mujeres. Hay más violaciones porque hay más inmigrantes, y por la permisividad con ellos”, decía Äkesson en uno de los debates con los otros siete líderes de los principales partidos suecos.

Quienes vienen no cambian sus valores por poner el pie aquí… Hay más violaciones porque hay más inmigrantes”, dice Äkesson

Líder de los Demócratas de Suecia desde 2005, Äkesson ha moderado su discurso y ha condenado el racismo y el nazismo. El partido se refundó en 1988 sobre los rescoldos del movimiento neonazi Bevara Sverige Svenskt (Conservemos sueca Suecia).

Con grandes dotes como comunicador y un dominio de las redes sociales, apoyado en una estrategia global de los populistas, ha logrado que su partido figure en los sondeos cerca del 20%, lo que puede traducirse en 70 escaños, y un histórico segundo puesto.

Será simbólico porque la formación está proscrita por su pasado nazi y su presente xenófobo, pero su ascenso parece imparable y marca la agenda política. Los partidos tradicionales son cada vez menos receptivos con los migrantes.

Ya en 2014 consiguieron un 12,9%, 42 escaños en el actual Riksdag (Parlamento unicameral). En 2010 entraron por primera vez en el Parlamento con un 5,7% de los votos. Fue el primer gran éxito de Äkesson.

No es la economía

¿Qué ha pasado en Suecia, sociedad modelo durante décadas? No es la economía, según explica el periodista sueco Peter Wolodarski, director del Dagens Nyheter, en un podcast de Slate en el que conversa con el profesor Yascha Mounk, autor de El pueblo contra la democracia.

Suecia crece al 3%, por encima de la media en la UE, el paro es del 6.8%, y la mayoría goza de unos niveles escolares y sanitarios envidiables. Sin embargo, la desigualdad ha aumentado a mayor ritmo que en ningún otro país de la OCDE desde mediados de los 80, según ha publicado Financial Times.

“En Suecia hay un Estado del bienestar inimaginable en otros países, pero los populistas, aún así, siguen creciendo. Es un conflicto sobre las reglas que deberíamos respetar y sobre la apertura que hemos de tener como sociedad. En los últimos 25 años han venido decenas de inmigrantes. El país ha cambiado. Hay gente que se opone a ese cambio y añora el pasado. Creen que algo se ha perdido”, afirma Wolodarski.

Suecia, con diez millones de habitantes, acogió 164.000 solicitantes de asilo, la mayoría de Irak y Siria en 2015, la mayor tasa per capita de toda la UE. Serían unos 400.000 desde 2012. Este año apenas llegarán a los 24.000 y la cifra va bajando porque las puertas se cierran incluso en este país de tradicional acogida.

“La clave es la desigualdad, que va aumentando progresivamente, y la crisis de refugiados. A pesar de ser una sociedad avanzada, con un alto nivel como Estado del bienestar, hay perdedores de la globalización y la llegada de inmigrantes ha generado un caldo de cultivo que ha beneficiado a la ultraderecha… Ahora va a cosechar los resultados”, afirma Víctor Lapuente, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Gotemburgo.

A eso se suma que los partidos tradicionales no han respondido de manera coherente a los nuevos desafíos, y unas olas de criminalidad este verano, que han aprovechado los Demócratas de Suecia para difundir su mensaje patriótico, proteccionista y anti inmigración. Äkesson se burla de cómo el primer ministro, el socialdemócrata Stefan Lófven, insiste en no relacionar a los refugiados con la delincuencia pero luego promueve mayores restricciones a la entrada de refugiados.

“Todo el sistema político sueco (a excepción de los Demócratas de Suecia) ha sido más acogedor que los ciudadanos de a pie. Las políticas no respondían a lo que querían los ciudadanos. Los socialdemócratas (en el gobierno junto con los Verdes) han sido de una generosidad total. Más aún que Merkel, que se llevaba las portadas. Respetaban la tradición sueca de acogida”, explica Lapuente, autor de Organizando el Leviatán, con Carl Dahlström.

Suecia es el tercer país del mundo en acogida de refugiados. Pese a las facilidades del Estado para la integración, y la fe en el multiculturalismo, hay más dificultades ahora que hace años cuando la mayoría que llegaba se adaptaba al máximo a la cultura dominante. De ahí que Akesson diga sin reparos que “los musulmanes son la mayor amenaza desde la Segunda Guerra Mundial”, como escribió en Aftonbladet.

Rechazo al multiculturalismo

El pasado 13 de agosto fue un día fatídico en Suecia. Un centenar de coches ardieron por actos vandálicos en zonas de mayoría inmigrante en Gotemburgo. La policía atribuyó los hechos a una banda kurda. Los hechos ayudan a difundir ese panorama de inseguridad que dibujan los Demócratas de Suecia.

Sin embargo, los datos de criminalidad no apuntan a que se viva en una situación alarmante. La Oficina de Prevención del Crimen ha registrado 112 asesinatos en 2015, 106 en 2016 y 113 el año pasado. La percepción es lo que va cambiando gracias, en gran parte, a las campañas de propagación del miedo, en redes.

El programa de los Demócratas de Suecia es claro: el multiculturalismo es un fracaso. Defender la ley y el orden es crucial. Los únicos inmigrantes que son bien recibidos son los procedentes de países vecinos. Y el Estado del bienestar hay que apuntarlo mejor con beneficios a los mayores, al sistema sanitario y la educación.

A su discurso le ayudan informes como el realizado por un comité independiente del Ministerio de Finanzas dirigido por Joakim Ruist, en el que se señala que cada refugiado cuesta al Estado sueco más de 7.500 euros anuales al año y durante toda su vida, según reproduce Bloomberg Businessweek.

Suecia es un país clave para el populismo por la fuerza que siempre ha tenido allí la socialdemocracia. También porque es un modelo de Estado del bienestar, un ejemplo de sociedad liberal, abierta y generosa. El líder de la Liga, Matteo Salvini, ha envíado su bendición a Äkesson, al que desea ver tras su previsible buen resultado del domingo.

Como explica Gustavo Pallarés, uno de los autores de Geografía del populismo, los partidos como los Demócratas de Suecia defienden “una forma particular de nacionalismo del bienestar que vincula las cuestiones nacionales, sociales y políticas con la igualdad social, la democracia y la equidad de género como señas de la identidad nacional”.

Desde otra perspectiva, los socialdemócratas defendían en los años 30 un programa social con una base similar, según explica el historiador y político Mauricio Rojas en El fin del paraíso, publicado por FAES. “Es el folkshemmet (hogar del pueblo). Se trata de crear una comunidad nacional compacta y protectora, basada en una etnicidad compartida, una cultura homogénea y un Estado fuerte”. Luego los socialdemócratas lo combinaron con la vocación de Estado refugio.

En el caso de la ultraderecha sería el bienestar sueco para los suecos y el enemigo es cualquiera que lo ponga en peligro ya sean los refugiados o la Unión Europea. Los Demócratas de Suecia plantean un referéndum sobre la salida de la UE (Suexit) aunque no ha sido su gran apuesta en la campaña.

Stefan Löfven junto a Pedro Sánchez en la campaña electoral en Suecia.

De izqda a dcha, el primer ministro sueco, Stefan Löfven, junto al español, Pedro Sánchez. EFE

Junto al ascenso de esta ultraderecha al estilo sueco, la única en Escandinavia con raíces neonazis, la jornada del domingo será crucial para el Partido Socialdemócrata (SAP). El primer ministro, Stefan Löfvet, que acaba de recibir el apoyo en campaña del jefe del gobierno español Pedro Sánchez, ha apelado a la necesidad de “un gobierno estable” para atraer a los indecisos de última hora.

Los socialdemócratas han dominado la política sueca hasta el punto de parecer un partido Estado, pero su declive parece imparable. Algunos sondeos prevén que apenas llegarán al 25%. Ya en 2014 solo alcanzaron el 31% y tuvieron que pactar con los Verdes. En los 90 superaban el 45%. El domingo pueden obtener el peor resultado desde 1912.

Como ocurre en otros países europeos, muchos de sus presupuestos son comunes con otras formaciones tradicionales. El Partido Moderado (conservador), que lidera Ulf Kristersson, siempre se han definido por contraposición a los socialdemócratas, pero ahora no se diferencian tanto.

El objetivo de Kristersson, cuyo partido ronda el 17% en los sondeos, sería desplazar del poder a la izquierda (socialdemócratas, verdes y los ex comunistas) con la Alianza por Suecia que encabeza con liberales, democristianos y centristas. Dada la igualdad entre los bloques de derecha e izquierda, en torno a un 40% ambos, es probable que sean necesarios pactos transversales (todos excluyen a la ultraderecha). O bien que la ingobernabilidad conduzca a la celebración de nuevas elecciones.

Cambio climático clave en la recta final

Sin embargo, los Demócratas de Suecia también han cometido errores en el verano más caliente en 262 años. Algunos apuntan a que las altas temperaturas y los incendios forestales pueden salvar a la coalición de izquierdas, si los Verdes logran recuperar apoyos por su apoyo claro a las medidas contra el cambio climático.

Si así fuera, el cambio climático sería crucial en unas elecciones por primera vez en Europa, si bien los ecologistas holandeses también dieron la sorpresa en Holanda. En ese caso su mensaje fue claramente de apertura frente al proteccionista xenófobo de la formación de Wilders.

Äkesson se atrevió a acusar de populismo a sus rivales “por hacer política con las temperaturas altas del verano”. Su partido es el que menos se preocupa por el efecto invernadero. En Suecia la conciencia ecologista está muy enraizada en la sociedad y las bromas con el cambio climático no suelen tomarse a la ligera.

Es el país verde por excelencia. La mayoría de los partidos son ecologistas, por eso a los Verdes les cuesta diferenciarse”, dice Lapuente

“El cambio climático preocupa socialmente bastante pero políticamente no tanto. Es el país verde por excelencia. La mayoría de los partidos defienden políticas ecologistas, por eso los Verdes ahora tienen más dificultades en diferenciarse, como pasa con los socialdemócratas en cuestiones sociales”, señala Lapuente.

Los Verdes, que parecía que no iban a superar el 4%, límite para entrar en el Riksdag, han conseguido levantar los ánimos de su electorado y ahora se estima que lleguen al 6%. En el Parlamento saliente cuentan con 25 diputados. La Izquierda, ex comunistas, sin embargo, parece que crece hasta el 10%. Los extremos salen favorecidos en estos tiempos inciertos.

Una quinceañera ha focalizado la atención en los últimos días antes de la votación con su huelga escolar para denunciar la pasividad de los políticos con un problema crucial para el futuro de esta generación y las próximas. “Si no les importa mi futuro, a mí tampoco”, decía Greta Thunberg sobre su iniciativa. Prometió mantenerse al pie del Parlamento sin ir a la escuela hasta la jornada electoral.

Con los partidos tradicionales, en la izquierda y la derecha, en caída libre, es probable que haya que esperar tiempo hasta saber quién es el nuevo primer ministro. Äkesson está convencido que quieran o no tendrán que escucharle, que los Demócratas de Suecia “no son una enfermedad pasajera”.

La activista Greta Thunberg y quienes como ella han tomado conciencia de la gravedad del cambio climático también están para quedarse. A Äkesson le parecen apocalípticos, mientras él intenta convencer al electorado de que vive en un país sin ley.

El mundo real es inseguro y una de las amenazas viene del cielo. En el escenario político la incertidumbre es el nuevo paradigma incluso en países como Suecia, que ha dejado de ser un paraíso, aunque está lejos de ser el infierno que proyecta la ultraderecha. Que se lo pregunten a los refugiados que llaman a sus puertas y del resto de Europa.

logo
Los suecos que solo aman a los suecos, la ultraderecha en auge