La llegada de Matteo Salvini (Milán, 1973) al gobierno de Roma marca un antes y un después en Italia. El líder ultranacionalista y euroescéptico, que ocupa la cartera del Interior en el recién estrenado gabinete de Giuseppe Conte, es el verdadero hombre fuerte en la tercera economía del euro. Prometió que Italia no iba a convertirse “en el campo de refugiados de Europa” y lo va a cumplir. Acaba de cantar “Victoria”, tras saber que España acogería a los más de 600 inmigrantes que fueron rescatados en alta mar por el Aquarius.

“Victoria. Objetivo logrado”, se apresuró a tuitear Salvini al saber que el Aquarius no atracaría en puertos italianos. El líder de la Liga dio la orden de no permitir su atraque, a riesgo de la vida de cientos de personas. Es un claro defensor del “Italia primero” y culpa a la Unión Europea de las llegadas de refugiados a las costas italianas.

A pesar de que los alcaldes de varias ciudades italianas, entre ellas Nápoles, se ofrecieron a acoger a los inmigrantes del Aquarius, Salvini ha convertido esta negativa en una razón de Estado. Uno de los puntales de su campaña electoral fue precisamente la batalla contra la inmigración ilegal.

Se acabó la buena vida; empiecen a hacer las maletas”, dijo Salvini en el centro de Pozzallo nada más asumir como ministro del Interior

En su visita a primeros de junio al centro de identificación de inmigrantes en Pozzallo, Salvini dijo: “Se acabó la buena vida: empiecen a hacer las maletas”. Luego matizó y se declaró enemigo acérrimo de “las mafias que trafican con seres humanos”.

Su euroescepticismo está ligado a la cuestión migratoria y al euro. Salvini considera que los países del Mediterráneo están cargando con un peso mucho mayor que el resto por estar más cerca de los países de origen. Así es realmente. En el caso de Italia, donde han llegado menos inmigrantes que a España, lo han hecho en avalanchas también debido a su cercanía a Libia, un Estado fallido, de donde parten miles de embarcaciones.

“La frontera es una frontera común de la UE y como tal ha de considerarse en las llegadas de inmigrantes”, declaró el ministro español de Exteriores, UE y Cooperación, Josep Borrell en La Sexta. En la campaña electoral su mensaje, directo y emocional, caló hondo en la población italiana. La Liga, que Salvini ha refundado por completo, logró ser la fuerza más votada en la coalición de centroderecha, por encima de Fuerza Italia, la formación del eterno Silvio Berlusconi.

Salvini enfretado a la UE

Salvini sabe sacar los colores a la Unión Europea, que en lugar de afrontar el problema de la inmigración ha puesto un parche tras otro. Cuando la canciller federal alemana, Angela Merkel, abrió las puertas en 2015 del país, muchos de sus votantes le dieron la espalda.

Admirador de la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, y del líder ruso, Vladimir Putin, Salvini es el primer populista europeo que accede al gobierno de un país fundador de la UE. Es vicepresidente, al igual que Luigi di Maio, líder del Movimiento 5 Estrellas. El presidente, Sergio Mattarella, puso objeciones a este gobierno por su antieuropeísmo pero terminó aceptándolo debido a que la inestabilidad estaba debilitando aún más a la economía italiana.

Bendecido por Steve Bannon, ex asesor del presidente Donald Trump, Salvini se ha convertido en el hombre fuerte del gobierno de Conte. “Los italianos están en la vanguardia, han demostrado que quieren recuperar su soberanía, y cuestiones como la inmigración y cómo la ha gestionado la UE, han sido clave. La gente ha dicho basta”, afirmaba el ex asesor de Trump en una entrevista en La Stampa, tras la victoria de las fuerzas populistas el pasado 4 de marzo .“Para ver el futuro de la UE hay que ver el voto italiano”, añadía.

En cinco años Matteo Salvini ha salvado un partido en caída libre, la Liga Norte, que ha transformado en el referente en la derecha italiana, y ha logrado tocar poder. La Liga Norte, fundada por el excéntrico Umberto Bossi, es ahora la Liga y su objetivo traspasa el rico norte del país. En las elecciones se presentó con una fórmula clara: “Salvini, primer ministro”. Casi alcanza la meta.

Muestra de su carácter es analizar cómo reaccionó tras su éxito electoral en marzo. Logró mejores resultados con Berlusconi en una alianza de tres partidos que venció pero no convenció a la mayoría. Consiguió que el Cavaliere le diera luz verde para pactar con el Movimiento 5 Estrellas, liderado por el jovencísimo Luigi di Maio, de 31 años. Y con Di Maio hubo química.

Lograron un pacto de gobierno, en el que se defendía la bajada de impuestos y la línea dura en inmigración, apuestas de la Liga, con la renta básica universal, la promesa de 5 Estrellas. Y cuando el presidente Mattarella vetó al profesor Savona en Economía estuvo dispuesto a volver a las urnas. Los sondeos ya daban un empate a la Liga con 5 Estrellas. Del 16% había subido a más de un 26%.

Salvini vive en campaña electoral permanente. Es lo que mejor sabe hacer. Lanza lemas electorales y da titulares en sus redes sociales de forma imparable. Por eso no temía que se votase de nuevo, pero en el último momento se dejó convencer por Di Maio. Savona sería ministro de Asuntos Europeos, nada menos. Y Salvini, azote de inmigrantes, de Interior. Llegó con la promesa de expulsar a medio millón de inmigrantes. “No son bienvenidos en Italia”, remarca. Aclara que prefiere ayudarles en sus países de origen.

Con 17 años se afilió a la Liga Norte, empezó a estudiar Historia en Milán, pero no terminó la carrera. Con 20 años era concejal en Milán, y compaginó su dedicación a la política con escarceos en Radio Padania Libre y Radio Liga. Como Marine Le Pen, fue eurodiputado. Domina los medios con gran soltura. Ha sido capaz de dar un giro de 180 grados en un partido cuyo objetivo era la independencia del norte de Italia, que llegó a declarar Bossi en un acto de locura, que defiende el Italia primero y aspira a crecer en el sur, bastión de 5 Estrellas.

Católico, a veces se deja ver con un rosario, aficionado del Milán y pareja de la modelo y presentadora Elisa Isoardi. Sus seguidores le llaman “el capitán”. Desde el 1 de junio está al timón en el gobierno italiano. E la nave va. Come va.