“Están locos estos italianos”. Es lo que dirían el galo Obélix desde las Galias y el italiano Alcide de Gasperi, uno de los padres fundadores de la actual Unión Europea, si contemplaran los vaivenes de los populistas del Movimiento 5 Estrellas y la Liga a la hora de asaltar los cielos del poder en la tercera economía de la zona euro. “Italia primero” defienden, y rechazan el Diktat europeo, o alemán, en alusión a los Tratados y a la primacía germana. Tampoco aceptan el veto del presidente, Sergio Mattarella, a nadie de su equipo y amenazan con volver a las urnas. Este intento de tomar Roma tiene a Europa en vilo y ha llevado a la prima de riesgo italiana a terminar la semana en 212 puntos, un récord desde 2014.

Hace más de seis décadas se firmaba el Tratado de Roma, germen de la actual Unión Europea. Ahora el Movimiento 5 Estrellas, liderado por el jovencísimo Luigi di Maio, de 31 años, y la Liga, encabezada por Matteo Salvini, de 44 años, el político más popular del país, han suscrito el “contrato para el gobierno del cambio”, que hace temblar los cimientos de la UE.

La inestabilidad y la incertidumbre ya están golpeando a Italia y a Europa. Después de 80 días de negociaciones, los dos partidos anti establishment y euroescépticos llegaron a un acuerdo de gobierno. Lejos de comenzar una nueva etapa, cada día los italianos, y sus vecinos europeos, se despiertan o se acuestan con una sorpresa. Primero filtraron un programa radical y anti UE, luego lo descafeinaron, y más tarde presentaron a Giuseppe Conte, un desconocido profesor con un curriculum inflado como candidato a primer ministro.

“Ahora dicen que la experiencia política no importa porque el programa es la guía. Se ha vaciado la figura constitucional del primer ministro”, señala Jorge del Palacio, coautor de Geografía del populismo. Coincide con esta visión el catedrático emérito Gianfranco Pasquino, quien ve a Conte “como un mero ejecutor de lo que quieran Di Maio y Salvini, sin autonomía ni capacidad o posibilidad de innovación”.

Conte es un mero ejecutor de lo que quieran Di Maio y Salvini, sin autonomía, ni capacidad o posibilidad de innovación”, dice Gianfranco Pasquino

Mattarella puso objeciones pero terminó aceptando a Conte. El último capítulo de esta telenovela es, de momento, el rechazo radical de Salvini a que el presidente vete a Paolo Savona, anti euro convencido, como ministro de Finanzas. La amenaza es volver a las urnas.

La tensión con el Quirinal es cada vez mayor. “Si no hay gobierno, habrá una fractura con los italianos. Nosotros hemos hecho todo lo posible”, declaró el sábado Salvini. Alessandro di Battista, número dos de 5 Estrellas, y Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia, de la coalición de centro derecha, se unieron a las críticas a las “injerencias” del presidente.

El líder de la Liga está convencido de que ahora ganaría, dada su subida en las encuestas (24,5%), aunque precisara aliarse con Fuerza Italia (Berlusconi). “Estoy muy enfadado”, publicó en sus redes sociales, tras conocer las reticencias del presidente. Di Maio, también. “No hay plan B”, añadió. Ahí discreparían, ya que Savona es un empeño de Salvini, quizá una carta para provocar la ruptura y volver a su alianza con Berlusconi y Meloni.

De todas formas, Giancarlo Giorgetti, mano derecha de Salvini, quien será un hombre de peso en el gobierno, coincide con las tesis de Savona. El propio Salvini se quiere reservar Interior para asegurarse del cumplimiento de sus tesis anti inmigración. Pretende vaciar Italia de ilegales e imponer severas restricciones a las entradas así como deportaciones en caliente.

Aunque Savona se ha mostrado dispuesto a ponerse a un lado, Salvini insiste en que “los alemanes no van a imponer a quien más les convenga”. En su último libro, Como una pesadilla y como un sueño,  Savona habla del euro como “una jaula alemana”.

La prensa germana ha sido contundente. El semanal del Frankfurter Allgemeine Zeitung publicaba en portada un dibujo de una camioneta con la bandera de Italia rumbo al precipicio al grito de “¡Mamma, mia!”. En un tuit, Salvini muestra cómo medios y políticos alemanes llaman a los italianos “pedigüeños, vagos, evasores fiscales, gorrones e ingratos”.

Además de los principios anti euro de Savona, en Bruselas preocupa el excesivo gasto que comportan las promesas de los populistas, algunas plasmadas en su contrato por el cambio. En su programa final de gobierno, descafeínado con respecto a la primera versión que publicó el Huffington Post sobre todo en la cuestión europea, la Liga introduce su IRPF en dos tramos (15% y 20%), que costará unos 50.000 millones de euros, en cálculos de Carlo Cottarelli, del Osservatorio Conti Pubblici Italiani.

El Movimiento 5 Estrellas mantiene su renta básica, aunque en realidad viene a ser un subsidio de desempleo de 780 euros, lo que supondrá unos 17.000 millones. Desmontar la reforma de las pensiones y no aumentar el IVA añaden otros 20.000 millones. En total, y añadidas otras promesas, el coste estaría entre los 109.000 y 126.000 millones (6 a 7% del PIB).

Poco aclaran sobre cómo financiarlo, pero sí que señalan que para reducir la morosidad de la administración pública quieren introducir unos pagarés (mini BOTS, por Bonos del Tesoro italiano) garantizados por el Estado que vendrían a funcionar como una moneda paralela al euro. Si los mercados responden mal, o la prima de riesgo se dispara, hablan de “terrorismo financiero”.

En la asamblea anual de la mayor asociación de empresarios de Italia, Vicenzo Bocca, su presidente, advertía esta semana: “Italia es un gran país industrial, lo que nos enorgullece. Pero nada es para siempre. No podemos dar por hecha esta posición privilegiada en el club de las economías avanzadas”.

Si estas iniciativas suponen dinamitar los criterios de Maastricht y dejar de contar con el BCE como máxima autoridad monetaria, lo justifican en nombre del pueblo. Ha sido la voluntad de los italianos. #Primagliitaliani repite en su Twittter Salvini, con un 52% de apoyo popular, si bien la Liga obtuvo un 16% de votos dentro de la coalición de centro derecha de la que ahora se han desmarcado para pactar con 5 Estrellas (un 33%) . Di Maio es el tercero con 42% , detrás del primer ministro saliente, Paolo Gentiloni.

“Italia es el talón de Aquiles de la eurozona por la fragilidad de su sistema financiero, alto endeudamiento y escaso crecimiento. Si quisieran plantear un pulso a la griega, serían palabras mayores. Es la tercer economía del euro, ya que su PIB representa el 17% de la Eurozona mientras que Grecia ronda el 2%. Cuenta con la mayor deuda pública del área euro y la cuarta del mundo”, señala Álvaro Imbernón, analista de la consultora de riesgo político Quantio.

Según Imbernón, “aunque han rebajado sustancialmente el tono, sus propuestas económicas imposibles de financiar prometen tensiones con los mercados y las instituciones europeas. Además, Italia es muy sensible a la subida del petróleo y de los tipos de interés por lo que la coyuntura puede empeorar. El choque con la realidad puede ser duro”.

Dos años después del Brexit, la Unión Europea se enfrenta al fantasma del Italexit. En la retórica de la campaña, la Liga y 5 Estrellas hablaron de salir del euro, si los ciudadanos lo querían. El fundador de la Liga, Beppe Grillo, alude al sistema de la doble moneda. Sin embargo, la Constitución italiana prohíbe el referéndum y habría que cambiar la ley de leyes para hacerlo.

Desde la Segunda Guerra Mundial, Italia es un laboratorio para otros países, que pueden seguir esta senda”, dice Jorge del Palacio

“Desde la Segunda Guerra Mundial Italia es un laboratorio para otros países, que pueden seguir esta senda. Los ciudadanos tienen grandes expectativas y las instituciones europeas, mucho miedo. La lógica ha saltado por los aires, pero tenderán a la supervivencia entre mantener contentos a los votantes y la gobernabilidad”, señala Jorge del Palacio.

La mayoría de los expertos cree que este radicalismo es una estrategia de negociación. “Utilizarán sus críticas a la UE para que la Comisión Europea suavice los parámetros del déficit. Lo cierto es que priorizan el interés nacional. Es un planteamiento de mayor egoísmo y menos compromiso con el bien común de la UE, muy diferente al proyecto de Macron”, dice Andrea Betti, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Potificia ICAI-ICADE.

Sin embargo, Andrea Betti aclara que “si bien Trump puede llevar adelante su America first, porque Estados Unidos es una superpotencia, en Italia es más difícil de aplicar. Sería un gobierno menos disciplinado con la UE pero sin la capacidad de imponer un ultimátum”.

Para el catedrático emérito Gianfranco Pasquino, “el acuerdo es contradictorio, peligroso y un pastiche. No habrá Italexit, ni siquiera lento, pero sí habrá problemas con la UE y la perspectiva es que Italia contará cada vez menos en Europa”.

“Han mantenido su protagonismo como fundadores en puestos clave pero ahora les pueden pasar factura”, señala Gutiérrez-Peris

Y pensemos, como destaca Didac Gutiérrez-Peris, profesor en la parisina Sciences Po, que Italia ha ocupado hasta ahora puestos muy relevantes en Europa. “Han seguido manteniendo su protagonismo como país fundador, como lo prueban Antonio Tajani (presidente del Parlamento Europeo), Mario Draghi (del BCE) o Federica Mogherini (Alta Representante para Política Exterior). Esta alianza puede pasarles factura”.

Luigi di Maio, rodeado de periodistas, en Milán.

El líder de 5 Estrellas, Luigio di Maio. EFE

En esta primera etapa de gestación de este experimento populista a dos bandas, izquierda y derecha, pese a las señales de los mercados, los ciudadanos mantienen su confianza en estas fuerzas del cambio. Seis de cada diez italianos apoyan la alianza Di Maio y Salvini, y sólo uno de cada cuatro preferiría nuevas elecciones, según una encuesta recientemente publicada por La Repubblica.

Hay hartazgo y decepción con los partidos tradicionales, tanto entre los más acomodados (norte, votantes de la Liga) como entre quienes tienen menos recursos (sur, votantes de 5 Estrellas). La economía crece poco, 1,7% el año pasado, pero el bienestar de los ciudadanos aún menos. Hay seis millones de italianos que viven por debajo del umbral de pobreza.

Antes o después, siempre que Salvini siga marcando el paso en la política italiana, seremos testigos de un choque de titanes entre Italia y la UE. “No habrá un Brexit a la italiana, pero sí una confrontación, aunque no será al estilo griego por razones constitucionales, financieras y porque los dos saben cómo acabó Berlusconi en 2011  [cuando dimitió tras aceptar medidas de ajuste exigidas por la UE debido a la crisis]. Es sobre todo retórica, aunque sí es cierto que si la prima de riesgo sube y la deuda se dispara, culparán a los burócratas de Bruselas”, dice Michele Testoni, profesor de Ciencias Políticas en la IE Business School.

También Fabian Zuleeg, director del European Policy Center, lo ve así: “Si el nuevo gobierno cuestionara el euro o planteara su salida de la UE, la reacción en los mercados será muy fuerte y muy costosa. Además, los italianos quieren mejorar los acuerdos pero no dejar la UE”.

En el último eurobarómetro, presentado esta semana, el 44% de los italianos considera que no se habían beneficiado de estar en Europa. Son miembros fundadores y no asocian, como ocurre en España, su progreso a ser parte de la UE. Muchos tienen el recuerdo del arranque del euro, en el año 2000, como un momento de decadencia en su país.

Lo que más asusta es un escenario a la griega en la tercera economía del euro. Hay quienes como Wolfgang Münchau en Financial Times plantea más que una salida vía referéndum una especie de desmarque total con respecto a Bruselas y al BCE que derive en la exclusión de Italia del euro. Mantiene Münchau que para “Salvini una crisis financiera es más una promesa que una amenaza”.

Elecciones europeas cruciales

Cuando falta justo un año para las elecciones al Parlamento Europeo, el experimento italiano se ve con preocupación en los políticos partidarios de mayor integración, y con gran entusiasmo entre los proteccionistas como Marine Le Pen. La líder del Frente Nacional, a quien Salvini admira al igual que al líder ruso, Vladimir Putin, asegura que en 2019, prevé que “una mayoría euroescéptica en Estrasburgo decrete el fin de esta carrera loca de la UE”. Con humor negro, se alegra de que Italia vaya a echar a medio millón de inmigrantes, “siempre que no vengan a Francia”.

Desde Estrasburgo, el eurodiputado español del PSC Javi López reconoce que “una confrontación abierta de esta alianza italiana con Bruselas tendría un gran potencial disruptivo”. Según López, la pregunta es si este experimento “tendrá efecto contagio o actuará como vacuna, como ha pasado con el Brexit”. Cree que finalmente permitirá a las opiniones públicas europeas ver las consecuencias de programas imposibles. “Habrá un choque con la realidad pero puede ser un verdadero choque”.

El peligro es que los euroescépticos logren en 2019 un tercio de los escaños y puedan bloquear reformas”, dice el eurodiputado López

En las elecciones de mayo de 2019, el peligro, según el eurodiputado español, es que las fuerzas euroescépticas consigan un tercio de los escaños, es decir, “la fuerza suficiente para bloquear reformas en la UE. Deterioraría la Unión a medio plazo pero es imposible tumbarla mediante las elecciones. Los proeuropeos seguirán siendo mayoría”.

Con optimismo surgen fuerzas nuevas como Volt, el primer partido político paneuropeo, que quiere presentarse por primera vez a las urnas en 2019. Según Imanol Lizarraga, responsable de comunicación de Volt España, “no es tarde para dar batalla a los que pretenden dinamitar la UE desde dentro. En un año pueden cambiar mucho las cosas. Veremos qué opinión tienen los italianos de su reciente gobierno en un año, por ejemplo… Los votantes valoran mucho más los proyectos políticos que van a favor de ciertas ideas, y menos los que siempre van en contra”. Desde Volt, que celebra el domingo en París su primera gran cumbre, tratarán de convencer a los más europeístas desde una línea progresista.

Después de lo que hemos experimentado en el mundo desde el Brexit y la victoria de Trump, la incertidumbre es la única certeza. Estos partidos populistas  como 5 Estrellas y la Liga han detectado cuáles son los problemas de los ciudadanos: la corrupción, mala formación, evasión fiscal, excesiva burocracia, falta de competitividad… y dominan las redes sociales para trasladar su mensaje, tan simplista como “los italianos, lo primero”.

Lo complejo es saber cómo ponerlo en práctica y saber hacia dónde ir en un tiempo en el que faltan hombres de Estado y sobran políticos aficionados. Quo vadis, Italia?  Más allá de la senda europea hay un gran desierto. “¿Un desierto? Un desierto, efectivamente, piedras y tierra seca; lo llaman el desierto de los tártaros”. Diría Dino Buzatti. Alea iacta (non) est.