Roma fue el punto de partida hace 60 años y este fin de semana será el lugar de encuentro de los europeos. El camino hacia la Unión Europea comenzó en Roma el 25 de marzo de 1957 con la firma de los tratados por los que se creaban la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad de la Energía Atómica (CEEA). Los suscribieron seis países (Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos), los llamados países fundadores. A las celebraciones en la ciudad eterna, blindada tras el ataque terrorista del miércoles en Londres, han acudido los jefes de Estado y de Gobierno de 27 países de la Unión Europea, marcados por la ausencia del Reino Unido. Europa celebra su cumpleaños más triste con unos festejos teñidos de sombras.

Los mandatarios esgrimirán la Declaración de Roma como estandarte de una unidad que muchos sólo ven en las fotos de familia. Los pesimistas recuerdan cómo el Imperio romano ya había caído mucho antes de que lo percibieran sus ciudadanos. O, evocando un pasado más reciente, Sergio del Molino se refiere a cómo los europeos son una especie que se extinguirá en breve, como se diluyeron en el tiempo los austrohúngaros. Durante años Europa hizo de las crisis su motor, pero ahora se enfrenta a un mundo en plena metamorfosis en el que se cuestionan sus principios y valores fundamentales.

“En este 60 aniversario la Unión Europea vive una crisis que tal vez no sea la peor que ha conocido, pero sí es cierto que la UE ha dejado de ser un modelo para el mundo. Antes Europa parecía estar en el lado correcto de la Historia y estaba en la vanguardia con la globalización, en un mundo sin fronteras y basado en consensos. Ahora vivimos en un mundo de hombres fuertes (Trump, Putin, Xi Jinping) donde las instituciones supranacionales pierden peso y las normas quedan en entredicho”, explica Álvaro Imbernón, profesor de instituciones europeas en la Universidad Nebrija e investigador en el European Council of Foreign Relations (ECFR) de Madrid.

La Unión Europea ha dejado de ser un modelo para el mundo, ya no parece estar en el lado correcto de la Historia”

El auge de los populismos, y sobre todo el Brexit, han causado daños graves en el proyecto europeo. Por primera vez en su Historia un miembro de la Unión Europea activará el miércoles 29 el artículo 50 y emprende su marcha del club comunitario, tras la victoria del a la salida en el referéndum del pasado 23 de junio. La posición oficial de la UE, tras el disgusto inicial, es mirar hacia delante.

“El Brexit es fundamentalmente un desafío para los británicos, que han optado por abandonar la UE sin decidir al mismo tiempo el modelo de relaciones que quieren adoptar con su principal mercado y su zona de expansión natural. Los 27 han de asegurarse de que la UE no paga un precio más alto que los propios británicos”, señala Jaume Duch, director general de comunicación y portavoz del Parlamento Europeo.

Es cierto que, de momento, nadie más quiere dejar la UE y seguir el camino del Reino Unido, que se aventura incierto. Está en el horizonte la sombra de las elecciones presidenciales en Francia, y su candidata eurófoba, Marine Le Pen, si bien el sistema electoral a dos vueltas hace más difícil su victoria. De producirse, hay unanimidad en que la UE resultaría herida de muerte. El discurso de Le Pen encuentra en Europa un chivo expiatorio fácil que es culpable de todos los males, desde la llegada de terroristas por unas fronteras porosas, a la pérdida de empleo por la deslocalización.

Los 27 han de asegurarse de que la UE no paga un precio más alto que los propios británicos por el Brexit”

“Los populistas, aquí y en EEUU, han demostrado ser muy buenos a la hora de hacer sus propuestas a los ciudadanos, casi siempre en detrimento de la realidad. No basta con hacerlo bien, también hay que saber explicarlo. Tenemos que ser más convincentes a la hora de mostrar las ventajas de hacer las cosas juntos”, añade Duch.

Sin embargo, los críticos piensan que la UE se ha anquilosado, está lejos de los ciudadanos, y envejece mal. “Los 60 años llegan con varios frentes abiertos: EEUU y Turquía han pasado de aliados estratégicos a socios de los que fiarse poco; Putin ha intensificado su propaganda antieuropea y desafía al continente en términos de seguridad; aún ha de resolverse el Dieselgate, que afecta a una industria de gran peso… Mientras tanto, se consagra la Europa a varias velocidades, a riesgo de alejarse de países clave como Polonia”, señala Vicente Rodrigo, cofundador del colectivo Con Copia a Europa.

En Roma los líderes europeos, muy lejos del perfil de hombres fuertes, se van a esforzar en lanzar un mensaje de unidad con una declaración, que nació amenazada por Polonia, reacia a las múltiples velocidades, y por Grecia, que ve poco contenido social en el documento. El texto, según lo pactado previamente, propone una hoja de ruta para la próxima década basada en cuatro compromisos: más seguridad, más prosperidad, más progreso social y más peso en el mundo. La declaración incide sobre cómo “la unidad es una necesidad, no una opción”, y confirma que el camino será una Europa a varias velocidades: “Algunos de nosotros podemos avanzar de forma más estrecha, más lejos y más rápido en algunas áreas”.

En la crisis económica la línea divisoria era norte/sur y aún quedan vestigios de esa diferente manera de gestionar los recursos. El Norte reprocha al Sur su política de gasto -que se lo digan al presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem- y el Sur acusa al Norte de echar por tierra el bienestar de sus ciudadanos en nombre de los sacrosantos ajustes. Ahora, sin embargo, aparecen otras tensiones por el Este. “Si avanzamos, ¿cómo lo haremos? El debate pasa ahora por países como Polonia, que ponen pegas a una Europa más flexible”, señala Imbernón.

No podemos ofrecer la Luna. A veces lo más que podemos es facilitar el telescopio”, comentó Jean-Claude Juncker

Polonia y Hungría, con gobiernos ultranacionalistas, están tensando la cuerda europea. Si la UE se adapta a su ritmo, o a su particular interpretación de la defensa de derechos fundamentales, fallará a sus principios, o verá imposible avanzar víctima de una parálisis, más que de un colapso.

Quo vadis, Europa? es la pregunta que ha planteado el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, a los Estados miembros en su llamado Libro blanco. Ha descrito cinco escenarios para la nueva Europa a 27: continuar como hasta ahora; sólo el mercado único; aquellos que lo deseen van más allá; hacer menos de manera más eficiente; y hacer mucho más juntos. El abanico es amplio. “No podemos ofrecer la Luna. A veces lo más que podemos es facilitar el telescopio”, comentó Juncker, al presentar el plan, pendiente del debate comunitario.

En un artículo reciente, titulado El camino de la UE a Roma, la ex ministra española de Exteriores Ana Palacio explica cómo en el Libro blanco de Juncker falta lo fundamental: quién tiene la última palabra. “No hay cinco opciones sobre cómo se organiza la UE, sino dos: o bien de forma transnacional o intergubernamental… Un auténtico transnacionalismo exige grandes cuotas de cooperación sin medias tintas… Si opta por la vía intergubernamental, se ha de tener en cuenta que eso comporta el liderazgo de Alemania, como ocurre ahora”.

Es precisamente ese refuerzo del Consejo Europeo y ese repliegue en el intergubernamentalismo una de las razones que explican por qué la UE no ha sabido afrontar los desafíos, a juicio de Didac Gutiérrez-Peris, investigador en ViaVoice de París. “El Consejo Europeo en 2005 no era ni una institución comunitaria, no aparecía en los tratados. En 2017 se ha convertido en el centro neurálgico del poder político. Se ganó su institucionalización en el Tratado de Lisboa. Cuando tuvo que lidiar con una crisis existencial financiera, la UE optó por esas cumbres a puerta cerrada, por el repliegue”, afirma Gutiérrez-Peris.

Pese a las declaraciones, en las que como en Roma suele figurar la alusión a la Europa social, poco se logra en ese sentido. “Los Estados han sido incapaces de avanzar porque la Europa social supone compartir soberanía en algo tan esencial como la seguridad social, la financiación de la protección social y las políticas fiscales. Una armonización que 60 años después de los Tratados de Roma nadie está dispuesto a acometer”, añade Gutiérrez-Peris.

El proyecto europeo nunca ha estado tan lejos de los ciudadanos como lo está hoy”, asegura Antonio Tajani

En la encrucijada actual resulta fundamental el acercamiento a los ciudadanos. Lo sabe el presidente del Parlamento Europeo, el italiano Antonio Tajani, que ha reconocido que “el proyecto europeo nunca ha estado tan lejos de la gente como lo está hoy”. Aun así hay colectivos que están animando a que la sociedad civil se aferre a la idea de Europa frente a los totalitarismos emergentes. Muchos de ellos organizan las marchas por Europa este fin de semana, con especial presencia en Roma.

El secretario general del Movimiento Europeo en España, Miguel Ángel Benedicto, acude a Roma convencido de que hay que “despertar a la ciudadanía, renovar el espíritu europeo y dar un revulsivo a la UE”. Según Benedicto, “esta crisis puede ser una oportunidad, un aliciente para revitalizar el proyecto europeo”, que necesita reformas. “No veo que la solución a los problemas del siglo XXI sea una vuelta a los Estados nación. Los populismos plantean soluciones del XIX para desafíos del siglo XXI. Hay problemas que sólo tienen una solución europea, como la inmigración. Es cierto que a la UE le ha faltado rapidez, y que como demandan los jóvenes, ha de aplicar más controles para resultar creíble”, afirma este convencido federalista.

Hay problemas que sólo tienen una solución europea y no sirve una respuesta del siglo XIX a desafíos del siglo XXI”

También enarbolan con orgullo la bandera europea los impulsores de PulseofEurope, que organizan desde finales del año pasado manifestaciones dominicales donde reclaman más Europa. El movimiento lo fundaron los Röder, una pareja de Fráncfort a quien alarmó el avance del populismo tras el Brexit y la victoria de Donald Trump en EEUU. Hoy se extiende por 60 ciudades en una decena de países. Un grupo de una decena de personas de Barcelona acaba de sumarse a la iniciativa.

“Queremos demostrar que hay mucha gente que defiende la idea de Europa y que quiere conservar la UE. Existe un sentimiento europeísta. La solución está en reformar la UE, no en acabar con ella. A nuestras manifestaciones vienen muchos padres preocupados por el futuro de sus hijos si la UE desaparece”, afirma Vanessa Kriele, miembro del colectivo en Düsseldorf.

El filósofo holandés Luuk van Middelaar describía los retos actuales en un artículo titulado La nueva Europa. “Debe protegerse, improvisar y tolerar las ideas opuestas. Todo lo contrario de lo que sabe hacer bien: crear libertades, previsibilidad y consenso. Esta maniobra es a la vez difícil e indispensable. Está en juego su superviviencia”.

Si un cuerpo pierde su sentido de la dirección y no mira hacia delante, corre el riesgo de desaparecer”, dice el Papa a los Veintisiete

Reclaman los europeístas de corazón la misma Europa comprometida y responsable, basada en el principio de solidaridad, de la que habló el Papa Francisco el viernes ante los jefes de Estado y de gobierno de los 27. “El principal elemento de la vitalidad europea ha de ser la solidaridad, el antídoto más perfecto contra cualquier forma de populismo”, dijo el Pontífice, que advirtió que “si un cuerpo pierde su sentido de la dirección y no puede mirar hacia delante, experimenta una regresión, y corre el riesgo de desaparecer”. Los que hoy están al frente de la nave europea han de ser conscientes de que sin clarividencia y orientación las declaraciones se convierten en pasado sin haber sido presente.

En Roma, hoy, pese al triste horizonte, sonará el Himno a la Alegría: “Alegres, como vuelan sus soles/A través de la espléndida bóveda celeste/Corred, hermanos, seguid vuestra ruta/Alegres, como el héroe hacia la victoria”. Aún hay esperanza para quienes de verdad sean conscientes del valor de la unidad. Aunque ya haya que lamentar una baja.