Quim Torra no ha tardado en dar su opinión sobre las manifestaciones que ayer se cruzaron en Barcelona. Independentistas por un lado, policías y guardias civiles pidiendo equiparación salarial por otro. El president ha asegurado en una entrevista en TV3 que comparte «la ofensa que sentían muchos catalanes por la manifestación de los policías a las puertas del 1-0». Además, cuando ha sido preguntado por los 6 detenidos ha asegurado que no se siente responsable «de las imágenes de Barcelona» durante la jornada del sábado.

El president, además, ha vuelto este domingo al «colegio electoral» que hace un año ocupó con sus vecinos para garantizar que el 1 de octubre se pudiera celebrar el referéndum de independencia, una vuelta a sus orígenes de activista con la que ha dejado meridianamente claro que esa es la política en la que se siente cómodo. Política de barrio, apegada a unos vecinos con los que se siente en comunión porque todos tienen un objetivo compartido y pocas dudas sobre quién está «del lado bueno de la historia».

Entre dos y tres decenas de vecinos -y casi el mismo número de periodistas, incluida una agencia de noticias japonesa- esperaban al president poco antes de las 11 de la mañana. Hora de abuelos y algunas familias en la zona alta de Barcelona, justo en la frontera entre el burgués San Gervasio y la nueva Gràcia «hippy chic».

Las actividades propuestas para pasar una mañana reivindicativa -«alegre y combativa a la catalana», como diría el propio Torra- van desde el concurso de pasteles a la elaboración de todo tipo de lazos amarillos, hasta que llegue la hora de la «comida de fiambrera». Después abandonarán el colegio para unirse los voluntarios y CDR de otros centros que hace 364 días hicieron posible el referéndum en el barrio, en una marcha desde la Escuela Projecte al Infant Jesús -uno de los colegios donde se produjeron cargas policiales-.

No fue el caso de la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) de Príncipe de Asturias -ironías del callejero- donde Quim Torra, su familia y sus vecinos votaron y custodiaron urnas ese 1-O. Sus integrantes recuerdan cómo vieron pasar de largo las furgonetas policiales «probablemente de camino al Infant Jesus». Allí hubo suerte.

También hay actividades para niños. Es domingo y la jornada se ha preparado para celebrar en familia: actuación de un payaso a media mañana, música en vivo, «taller de pancartas» y el que a buen seguro será el juego estrella del día: «Tú decides la cara del asno». Entre las opciones propuestas: «El Piolín: nasío pa matá»; «El pre-parao» es decir, Felipe VI con uniforme militar «símbolo de la unidad y la permanencia del Estado Español»; Diego Pérez de los Cobos, como máximo responsable del dispositivo policial del 1-O; y Soraya Sáenz de Santamaría «Ex vicepresidenta de un Gobierno en liquidación». Un éxito asegurado.

Al final del patio, tres urnas recuperadas del 1-O presiden la escena a la espera de los deseos de los participantes en la jornada reivindicativa. Dos niños escriben sus deseos consultando la ortografía a su progenitor. «Pressos va con dos eses, ¿verdad?». Sí, responde el padre complacido. Qué mejor deseo que la libertad para los líderes del independentismo.

El president Torra también deposita su deseo en las urnas recobradas. «Ya os lo podéis imaginar, libertad o libertad» ha explicado después ante la prensa. También ha recordado «el sentimiento electrizante de fraternidad al saber que nos estábamos autodeterminando» ese día, un «acto de desobediencia» que ha vuelto a reivindicar como esencial para seguir adelante en la lucha por la secesión.

«Qué moral», masculla una vecina, al contemplar la imagen del president abandonando el colegio rodeado de cámaras. Ella también votó ese 1-O, pero reconoce que desde su plácida vida de jubilada de la sanidad pública no envidia la presión a la que ahora está sometido el vecino más popular de la calle Príncipe de Asturias.