“Voy a dar carta blanca a la policía para que mate a los delincuentes”. “Todos deberían poder llevar armas”. “Prefiero que mi hijo muera a que aparezca con un hombre con bigote por ahí”. “Los afroamericanos no hacen nada, ni como reproductores sirven más”. “Tengo cinco hijos, la quinta es una mujer, ya me pilló débil”. Así es y así piensa Jair Mesías Bolsonaro (Eldorado, Sao Paulo, 1955), capitán retirado y diputado, que aspira la Presidencia de Brasil y figura como favorito en la primera vuelta que se celebra mañana domingo. Su lema de campaña: “Brasil sobre todo y Dios por encima de todos”.

Su momento estelar fue cuando al votar a favor del impeachment de la presidenta Dilma Rousseff, en abril 2016, invocó al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, que fue condenado por torturas durante la dictadura militar. A Rousseff le acusaron de manipulaciones presupuetarios, delito por el que después fue exculpada. Concurre como candidata al Senado.

“Por la familia, la inocencia de los niños en las aulas, que el PT (Partido de los Trabajadores) nunca tuvo, contra el comunismo, por nuestra libertad en contra del Foro de Sao Paulo, por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, por el pavor de Rousseff, el ejército de Caxias, las Fuerzas Armadas, por Brasil encima de todo y por Dios por encima de todo, mi voto es sí”, dijo Bolsonaro. Dilma Rousseff, militante de una formación de extrema izquierda, padeció torturas en los tres años que paso en la cárcel durante la dictadura.

“Los héroes matan”, mantiene el candidato al Palacio de Planalto, así como su número dos, el general Antonio Halmiton Mourao. Los dos esgrimen que en momentos de “caos” es legítimo que actúen los militares. También han dicho en campaña electoral que si pierden, será por fraude, es decir, que no reconocerían los resultados.

Para The Economist, Bolsonaro es “la última amenaza a la democracia en América Latina”. Recuerda a Hugo Chávez, a quien llegó a elogiar, por su pasado militar. Utiliza las redes sociales y la difusión de propaganda como si fuera información igual que Donald Trump. Quiere tomar como referente económico el Chile de Pinochet y su talante matón es parecido al del filipino Rodrigo Duterte. La maquinaria del PT se ha agitado en estas últimas horas con una campaña de propaganda en la que le compara con Hitler. «¿Quieren que la Historia se repita?», increpan al electorado.

“El único bandido bueno es el bandido muerto”, repite. La inseguridad es uno de los graves problemas de Brasil. Hay 65.000 muertos al año por crímenes violentos, y la gran mayoría no se resuelven. Siete ciudades brasileñas figuran entre las 20 más violentas del mundo. Por eso su mensaje de ley y orden ha calado más que sus desvaríos.

Nacido en Eldorado, cerca de Sao Paulo, de padres italianos, se alistó al ejército, donde algunos recuerdan sus aptitudes de liderazgo pero también su agresividad y falta de lógica. Le encarcelaron por quejarse de los salarios en prensa y estuvo envuelto en una confusa revelación sobre un supuesto ataque con bombas de bajo potencia a un cuartel debido a la frustración de la tropa con los oficiales. Le exculparon.

Dejó el ejército poco después, a finales de 1988, y entró en política, primero como concejal en Río y luego como diputado en 1991. Ha estado varios partidos, entre ellos el Partido Progresista, uno de los implicados en escándalos de corrupción, como la mayoría en Brasil. Lidia en estos comicios como candidato del diminuto Partido Social Liberal. «Mi partido es el pueblo», comenta cuando le preguntan sobre su formación.

Hartazgo del ‘petismo’

A diferencia de Trump, magnate inmobiliario hasta su candidatura a la Presidencia con los republicanos, Bolsonaro lleva en política casi tres décadas, pero defiende su papel de outsider por haber estado siempre al margen de los grandes partidos brasileños. Enemigo acérrimo del Partido de los Trabajadores (PT, de izquierdas), su objetivo es acabar con los 13 años en los que presidieron el país Lula primero y luego Dilma Rousseff.

Los brasileños no le consideran una amenaza sino como una manera de decir “basta ya” a un establishment, del que curiosamente Bolsonaro forma parte. Es diputado desde 1991, aunque siempre ha ido por libre y apenas ha impulsado dos iniciativas legislativas, una sobre castración química de violadores.

El factor decisivo en estas elecciones es el antipetismo. Muchos le ven como el único capaz de impedir que el PT vuelva», dice Tejero

“Muchos brasileños le ven como el único capaz de impedir que la izquierda vuelva al poder. Los votantes de Bolsonaro no son necesariamente ultraconservadores. Hay una parte conservadora, pero otros rechazan que el PT, después de Lula y Dilma, vuelva al Palacio de Planalto. El factor que va a decidir estas elecciones es el antipetismo”, señala Luis Tejero, autor de La construcción de una presidenta y consultor político en MAS Consulting.

Añade Tejero que “el electorado de Bolsonaro está muy movilizado y lleva gran ventaja en redes sociales”. Brasil es un país donde las redes tienen gran poder de penetración. Bolsonaro, sin grandes recursos económicos, se ha volcado en los nuevos medios. Tiene cerca de seis millones de seguidores en Facebook, ocho veces más que el presidente Temer, 3,5 millones en Instagram y 1,5 millones en Twitter.

A su rival más cercano, Fernando Haddad, le ampara la maquinaria de uno de los partidos más fuertes de Brasil, el PT, pero el ecosistema informativo global no funciona con las reglas tradicionales. Ahí vierte Bolsonaro sus tesis sobre la posible manipulación del recuento de las urnas electrónicas o los mensajes sobre cómo la educación se orienta a que haya más gays.

A principios de septiembre, Bolsonaro sufrió un atentado a manos de un desequilibrado. El cuatro veces diputado se dejaba balancear en volandas por la multitud cuando Adelio Flavio de Oliveira, que dijo actuar “en nombre de Dios”, le asestó una puñalada en el abdomen. Fue más grave de lo que parecía en principio y ha estado casi un mes en el hospital.

Su primogénito, Flavio, de 37 años, que junto a su hermano Eduardo tomó las riendas de la campaña, declaró entonces: “Brasil acaba de elegir a su presidente”. El efecto en los sondeos no se apreció entonces, sino en la recta final de la campaña. Flavio y Eduardo Bolsonaro son candidatos en las legislativas.

En línea con su padre, Eduardo Bolsonaro, de 34 años, dijo recientemente que “las mujeres de derechas son más guapas y más higiénicas que las de izquierdas”. Pretendía descalificar a las mujeres que piden votar para impedir el ascenso del capitán retirado. Carlos, el tercero de los Bolsonaro, es concejal en Río. Renan es estudiante de Derecho y admirador de la dictadura militar. La pequeña, Laura, fruto de su debilidad en sus propias palabras, tiene apenas siete años.

Jair Bolsonaro se ha casado tres veces, la última con Michelle, 25 años más joven, devota evangélica a quien conoció en el Congreso, donde ella trabajaba como secretaria. «Igual que nunca faltará agua en el mar, nunca te dejaré de amar», le escribe el capitán a su idolatrada esposa.

En el penúltimo sondeo de Datafolha, publicado apenas 48 horas antes de la votación, Bolsonaro seguía en ascenso: un 35% de apoyos frente al estancado 22% de su rival más próximo, Fernando Haddad, del partido de Lula da Silva (PT). Aún hubo otro sondeo de Datafolha posterior en el que Bolsonario llega al 40% de votos válidos (sin contar nulos ni blancos) frente al 25% de Haddad.

Estos resultados han despertado la esperanza entre los fieles a Bolsonaro, que encabeza un partido minúsculo el Social Liberal, de ganar en primera vuelta. Tendría que conseguir más del 50% de los votos válidos. La segunda vuelta tendría lugar el 28 de octubre.

Ex ministro de Lula y disidente del PT, Ciro Gomes, del Partido Democrático de los Trabajadores (PDT) es el tercero en liza con un 11% y en segunda vuelta tendría más posibilidades frente a Bolsonaro, porque genera menos animadversión. Son unas elecciones marcadas por el rechazo. Bolsonaro tiene un 45% y Haddad un 40% de votantes que jamás les votarían.

Hay riesgo de que no acudan a las urnas o bien voten en blanco o nulo. Si Bolsonaro y Haddad son los candidatos el 28 de octubre, los sondeos ahora anticipan un resultado reñido, pero depende de si los otros candidatos desbancados hacen frente contra Bolsonaro o no.

Intención de voto en las presidenciales en Brasil.

Intención de voto en las presidenciales en Brasil. DATAFOLHA

Miles de mujeres salieron a las calles de 60 ciudades el último fin de semana de septiembre con un llamamiento contra O coiso (la cosa, para no nombrarle) y el hashtag #EleNao (él nunca). De los votantes de Bolsonaro solo uno de cada tres es mujer. Sin embargo, cada vez gana más seguidoras, especialmente en la clase media alta, que le prefieren antes que más de lo mismo.

El jueves los principales candidatos presidenciales acudieron a un debate televisado. Haddad defendió el legado social de Lula, el político más popular de Brasil en la cárcel por corrupción, y Dilma Rousseff, los dos presidentes del Partido de los Trabajadores. Haddad tuvo que lanzarse a la campaña hace apenas dos meses cuando los tribunales descartaron todas las opciones de Lula, en la cárcel por corrupción.

Sin el carisma de su padrino, Lula, tiene un talante más moderado que su partido pero carece de la brillantez de Ciro Gomes, gobernador de Ceará. Otros aspirantes como Geraldo Alckim, del Partido de la Social Democracia brasileña (PSDB), con un 8% y Marina Silva, ecopacifista, con un 4% no parecen tener opciones de pasar a la segunda vuelta. El PSDB ha sido hasta últiima hora aliado del Movimiento Democrático Brasileño (MDB) del presidente saliente Michel Temer.

Bolsonaro rehuyó el debate con sus rivales y se dejó entrevistar en la cadena Record, de Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios, donde dijo: “No seré un capitán del ejército sino un soldado al servicio del pueblo de Brasil”. Son palabras que recuerdan a Hugo Chávez, aunque estuviera en las antípodas ideológicas. Pertenecen a la estela de los salvadores de patrias. Populismo puro.

También culpó al PT de la división del país y les acusó de la corrupción imperante. “Fuera nos reciben con desconfianza. Hemos de recuperar la confianza en Brasil”, remarcó el capitán retirado.

“Es confuso, no tiene programa. Busca soluciones fáciles a problemas complejos. Quiere llegar a mucha gente con mensajes poco elaborados. Promete cambios, ley y orden, y defiende los valores conservadores. La bancada evangelista le apoya y es muy fuerte. También la clase media antipetista. Y el empresariado ahora confía más por haber apoyado a Paulo Guedes como posible ministro de Economía”, afirma Anna Ayuso, investigadora senior del CIDOB.

Gane quien gane ha de pactar, salvo que diera un golpe y la población no lo aceptaría», señala Ayuso

Para Ayuso es fundamental que en Brasil el domingo no sólo se elige al presidente, sino también hay comicios legislativos y de gobernadores. Están convocados a votar más de 147 millones de brasileños, de ellos medio millón en el exterior. Están en juego las actas de 513 diputados, 54 senadores y 27 gobernadores. El voto en Brasil es obligatorio para los mayores de 18 años y opcional entre los 16 y los 18 años.

“El presidencialismo en Brasil no es tan fuerte como en otros sitios, depende mucho del Congreso y del Senado. Veo difícil que sea quien sea el ganador imponga sus posiciones, tendrá que pactar, salvo que diera un golpe de Estado. Creo que la población no aceptaría un vuelco en el orden institucional”, añade Ayuso.

Ambiente de Copa del Mundo

La sociedad brasileña está más polarizada que nunca antes, y esta vez no es por el fútbol, la gran pasión nacional junto con el carnaval. “Algunos prevén el fin del mundo si no pasa lo que desean y todo el mundo habla de política”, confesaba el experimentado periodista Ricardo Eugenio Boechat en un encuentro reciente en Casa de América. “El escenario está candente. Como si fuera la Copa del Mundo”, añade.

Boechat mantiene que la democracia no está amenazada. “El país tiene más garantías democráticas de lo que se supone. Sea quien sea el ganador ha de atender demandas urgentes. No hay alternativa a las reformas. El nuevo presidente habrá de caminar hacia el centro”, asegura Boechat.

Al igual que el profesor Julimar da Silva, profesor de Estructura Económica y Economía del Desarrollo en la Universidad Autónoma de Madrid, sostiene que hay problemas y que “es la política la que debe dar la estabilidad que precisa el sistema para que la economía avance”.

Hay pocas divergencias en las cuestiones centrales en economía… no hay milagros posibles», señala Ricardo Eugenio Boechat

Aunque Bolsonaro prometa la salvación, «en economía no hay milagros posibles», dice el periodista. “Hay pocas divergencias en las cuestiones centrales en economía. Hay que captar capital y dar facilidades, reducir la presencia del Estado en la economía, racionalizar los costes públicos, combatir la corrupción… “, comenta Boechat. Y para ello, Bolsonaro que reconoce que no entiende de economía se encomienda a un Chicago boy, Paolo Guedes, muy del gusto del sector empresarial.

Bolsonaro ha sabido lanzar su mensaje. Quiere poner orden, terminar con la criminalidad con mano dura y avalar un modelo de familia tradicional. Asegura que con él se acabó la corrupción que amparan los partidos clásicos. Pretende “acabar con todo lo que está ahí”. Si lo consigue, y cumple algunas de sus promesas, los resortes democráticos se verán a prueba.

Si no lo logra, la frustración puede canalizarse por las redes sociales. O bien ir más allá. Pero también en el partido de Lula y Dilma las espadas están en alto si vence el ex capitán ultraderechista. Si ahora dudamos si Dios es brasileño, como evocaba la película de Carlos Diegues, al menos confíemos en que el diablo no se afinque en el reino del carnaval.