Con 20 años a sus espaldas como juez de la Sala de lo Penal del Supremo, el discreto Andrés Martínez Arrieta acaparará próximamente los focos al apuntar casi con toda probabilidad a la presidencia del juicio del “procés”, en sustitución de Manuel Marchena, candidato del Gobierno y del PP a presidir el CGPJ.

La previsible salida de Marchena no solo ha hecho que Martínez Arrieta apunte a ocupar su puesto en la presidencia del tribunal del 1-O, sino que también abre la puerta a que entre una séptima integrante, la progresista Susana Polo, configurando así un tribunal aparentemente menos conservador que el inicialmente previsto.

Los que conocen a Martínez Arrieta (Logroño, 1955) le definen como un juez de carácter discreto y prudente, de trato amable en lo cercano y bastante correcto. Destacan el prestigio y el sentido de la responsabilidad de un magistrado que se convirtió hace ya varias décadas en el vocal más joven del Consejo General del Poder Judicial.

Antes fue juez de primera instancia de Instrucción de Azkoitia (Guipúzcoa) y también pasó por la localidad de Móstoles, el Juzgado de Instrucción número 11 de Madrid y la Sección Séptima de la Audiencia Provincial de Madrid. Consiguió una plaza en el Gabinete Técnico del Tribunal Supremo en 1989 y casi una década después, en 1998, se convirtió en el miembro más joven de la Sala de lo Penal del alto tribunal, a la que ascendió cuando contaba 43 años.

Sus casos más mediáticos

Desde entonces ha llevado temas de gran relevancia como la ponencia de la sentencia que mantuvo la inhabilitación para el dirigente abertzale Arnaldo Otegi hasta 2021, tal y como dictaminó la Audiencia Nacional, por intentar reconstruir la ilegalizada Batasuna. Un caso por el que recientemente el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a España por la aparente parcialidad de la jueza de la Audiencia Nacional Ángela Murillo, que formó parte del tribunal que dictó la sentencia contra Otegi.

No fue ese, sin embargo, el caso más mediático de este magistrado. En su etapa como juez de instrucción de Madrid, en los años ochenta, Martínez Arrieta instruyó el famoso sumario por la desaparición de Santiago Corella, “El Nani”, un delincuente común detenido el 13 de noviembre de 1983 por funcionarios de la policía judicial de Madrid y posteriormente desaparecido. Antes de llegar al Supremo, Martínez Arrieta también estuvo a cargo de la instrucción del sumario por el incendio de los Almacenes Arias, en el que murieron diez bomberos.

Considerado más progresista que Marchena, Martínez Arrieta formó parte del comité fundador de la asociación judicial Francisco de Vitoria aunque su activismo asociativo ha descendido bastante en los últimos años, según comentan a Efe fuentes jurídicas. Pese a su carácter discreto, de él también se destaca su disponibilidad y tono amable con los medios en los años en los que el Tribunal Supremo carecía de gabinete de prensa.