El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, Francisco Javier Vieira, admite que se han podido cometer errores en la lucha contra la violencia machista, pero los achaca a la sobrecarga de trabajo en los juzgados, y pide que no se dude de la sensibilidad de los jueces en este asunto. A Vieira no le cabe “la menor duda” de que los magistrados son conscientes de la magnitud de la violencia machista, precisamente porque, según recalca en una entrevista con Efe, “la realidad judicial te permite entrar más directamente en contacto con la realidad social que muchos ciudadanos no saben”.

Los jueces conocen “los submundos y las miserias que hay en la sociedad” y por ello, subraya el todavía presidente del TSJM, son sensibles a la lacra de la violencia machista que ha dejado en lo que va de año 43 mujeres víctimas mortales, 3 menores fallecidos, y 33 menores huérfanos. Aún así, Vieira, que accederá próximamente a la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, reconoce que sí se han podido cometer errores a la hora de ponderar el riesgo de la víctima y la necesidad de imponer medidas cautelares como una orden de alejamiento.

Los jueces valoran con muchísimo cuidado este tipo de situaciones”

Aunque está “absolutamente convencido” de que los jueces “valoran con muchísimo cuidado este tipo de situaciones” y de que no deniegan una orden de alejamiento a no ser que estén “absolutamente convencidos”, admite que la sobrecarga de trabajo en los juzgados dificulta en ocasiones un eficaz tratamiento de la víctima. Muchos juzgados de violencia sobre la mujer, confiesa Viera, no tienen equipos psicosociales para atender a la víctima o están saturados de trabajo, por lo que “no pueden dar una solución inmediata” a un asunto “tremendamente complejo”.

Eso hace que a veces el juez tenga dificultades en valorar el “riesgo al que estaba sometida la víctima” porque no cuenta con suficientes datos. O peor aún, hay juzgados de la periferia de Madrid que, además de no contar con esos equipos de expertos, comparten asuntos de violencia de género con otros de la jurisdicción civil y penal, de forma que no pueden dedicar tanto tiempo a los casos de violencia machista “porque tienen que compartirlo con el resto”.

Todo ello cuando hay juzgados especializados en la capital que no llegan a la carga de trabajo mínima estipulada y que “no tendrían problema en asumir” esos asuntos, de forma que se daría “un mejor tratamiento a la víctima”. Por ello, Vieira reclama la atención de los responsables políticos para que “provincialicen o comarcalicen esos juzgados de violencia contra la mujer”, una fórmula que permitiría dar una mejor respuesta a la situación.

Aún así, el presidente del TSJM aclara que no siempre una solicitud de orden de alejamiento “tiene que llevar consigo que se acuerde la medida”; son decisiones que necesitan una adecuada “ponderación” porque existe el “riesgo” de que no se den “los elementos necesarios” para acordarla, lo que la convertiría en “injusta” e incluso “perjudicial” para la víctima.