Política

Un juez investiga una agresión sexual a una discapacitada en un centro andaluz

Residencial Lago de Arcos

Residencial Lago de Arcos.

A.M.H. tiene 66 años y sólo puede mover los ojos y sonreír. Si guiña una vez está respondiendo que sí, si son dos veces quiere decir que no. Tiene sus capacidades cognitivas sanas y demuestra alegría al ver a seres queridos o cuando realizan actividades de su agrado. A los nueve años fue diagnosticada de una enfermedad degenerativa llamada Ataxia de Friedrich por la que empezó a perder primero la movilidad, en torno a los 24 años, y luego el habla. Desde hace 30 años usa silla de ruedas y es una de las grandes dependientes con plaza pública, concertada por la Junta de Andalucía, en el centro residencial para mayores Lagos de Arcos (Cádiz), donde ingresó el seis de octubre de 1998. Allí pudo haber sufrido una agresión sexual por parte de otro residente, J.L.G.C., de 72 años, al que encontraron acostado junto a ella la noche del pasado 10 de septiembre.

«A. tiene el pañal roto y se encuentra entre el colchón y la baranda de su cama. J.L está dormido en la cama sin pantalón y con su pañal puesto», relata el informe de inspección de la Junta de Andalucía sobre los hechos. «La enfermera valora a A., que presenta sangre en la boca y vómito en el suelo de su habitación. También presenta eritema suprapúbico. Limpiamos la boca y la enfermera pone puntos de aproximación, después llama al 061 y le explica la situación. Este servicio decide enviar equipo sanitario y Policía Local. Vienen, valoran la situación y ante la duda de posible agresión sexual deciden avisar a la Guardia Civil», explica la documentación oficial. «Eritema en región supragenital y afectación emocional reactiva a los hechos», reza el informe médico forense.

El juzgado de Arcos de la Frontera ha abierto una investigación por un presunto delito de agresión sexual

El presunto agresor contaba con una plaza de carácter privado en el centro, a pesar de que posteriormente se ha determinado que no reunía las condiciones para su permanencia definitiva allí. Ambos han sido ya trasladados a otras residencias. Llegó días antes procedente de su domicilio con una pluripatología que incluye demencia, brotes psicóticos, episodios maníacos, trastorno bipolar, agresividad y gran desinhibición sexual. A pesar de todo, su habitación se situaba en el pasillo de los grandes dependientes y no estaba medicado, según los testimonios.

«Te voy a echar un polvo. Es que tengo ganas de follar», aseguró esa noche el presunto agresor a la enfermera que lo despertó en la sala de estar, donde se había quedado dormido, para acompañarle a su habitación sobre las 23 horas. Una hora después se percataron de que no estaba en su habitación y que la puerta de la presunta víctima estaba cerrada, algo inusual, según el atestado policial. En su declaración, una testigo recuerda que noches antes, el hombre se había metido en la habitación de otro interno, al que obligó a salir de la cama para acostarse él. Allí pasó la noche por la agresividad que mostró cuando intentaron levantarlo. El otro residente fue trasladado a otra habitación.

Como consecuencia, el juzgado de instrucción número 3 de Arcos de la Frontera (Cádiz) ha abierto una investigación por un presunto delito de agresión sexual y ha imputado al posible agresor. La inspección de la Junta de Andalucía concluyó su investigación propia sin determinar responsabilidades y remitiendo al juzgado la documentación requerida, lo que supone un «cierre en falso» del caso a nivel administrativo, según fuentes cercanas a la víctima.

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