Pasó lo mismo cuando irrumpió Podemos en mayo de 2014: los medios de comunicación quisieron saber más de la joven formación morada y, detrás de Pablo Iglesias, se toparon con Carolina Bescansa, Íñigo Errejón o Juan Carlos Monedero. Con Vox tras las enloquecidas elecciones andaluzas ocurre parecido: pocos nombres para un partido que -como Podemos en aquellos comicios europeos- ha aterrizado sin programa y conseguido un espectacular 11%. Porque el programa aquí es lo de menos.

Una de las escasas primeras espadas de la formación tildada por muchos de ultraderechista es la hispanocubana Rocío Monasterio. Desconocida hace solo unas pocas semanas, esta arquitecta de 44 años que se dedica a reconvertir pisos en lujosos lofts y que atiza a la “derechita cobarde” del PP  suena para Madrid. No se sabe si para Ayuntamiento o Comunidad, pero Monasterio reconoció en octubre en EsRadio antes del famoso mitin de Vistalegre que con seguridad será “candidata de algo”. “A mi me encantaría tener enfrente a Carmena. No me voy a equivocar en quiénes son mis enemigos totalitarios”, subrayó en referencia a la actual alcaldesa y jaleada por los contertulios de Federico Jiménez Losantos.

Asidua a la marcha antiabortista que cada año recorre Madrid, esta madre de cuatro hijos y defensora de la familia “tradicional” y “numerosa” está casada con Iván Espinosa de los Monteros, hijo del ex Alto Comisionado para la Marca España y ex presidente de Iberia. Habla un alto funcionario cercano a Podemos que ha tratado con la pareja: “Todo lo que sé de ellos es que son gente inteligente, tratable, empática… Él es economista y ella arquitecta y juntos forman un tándem empresarial. Proceden de un entorno glamouroso y adinerado, claro. Pero yo solo los defino desde el punto de vista relacional. En lo político, Vox es peligroso”.

Entorno “glamouroso”

La realidad es que Monasterio junto con su marido y los líderes de Vox como Santiago Abascal o Javier Ortega Smith han sufrido un largo periplo por el desierto: todos ellos fundaron el partido verde aceituno a la vez que Iglesias impulsaba Podemos. Con desigual resultado: Vox en las europeas de 2014 obtuvo 245.000 votos (menos que en Andalucía este domingo) y Podemos cosechó un millón de respaldos más, causando sensación. Aquel 1,5% frustró a su entonces líder, Alejo Vidal-Quadras, que se dio de baja poco después. En las generales de 2016 Vox se hundió y cayó hasta los 45.000 votos (0,2%).

Monasterio siguió a lo suyo entre descalabro y descalabro y no ha dejado de hacer pedagogía de sus códigos morales. Próxima a colectivos ultracatólicos como HazteOír, la candidata revelación de Abascal siguió dando la cara cuando su formación era netamente marginal. Oficiaba, por ejemplo, actos en aras de “la eliminación de la legislación basada en ideología de género y la reforma de la Ley de Violencia de Género reconvirtiéndola en una Ley de Violencia Intrafamilar”. Actos a los que sigue acudiendo como parte de esa “derecha sin complejos”.

HazteOír, con Monasterio

Estos días las redes del partido verde proyectan un vídeo de 2016 en el que Monasterio se “alegra” de la muerte Fidel Castro en la iraní Hispan TV; estos vídeos, que se emiten ahora, pasaron completamente desapercibidos en su momento. Solo es con la deriva del procès catalán y -especialmente- con el llenazo de Vistalegre en octubre cuando Vox se convierte en algo parecido a una amenaza para el resto.

Fuera de la lucha contra el aborto, contra el Estado de las Autonomías y contra definir como “matrimonio” la unión civil entre homosexuales, las recetas de Monasterio para regenerar el país no están claras. Proponen cerrar las autonomías y abolir el impuesto de sucesiones además de bajar cualquier otro tipo de tributo. “Cuando tú no defiendes la libertad frente a la izquierda totalitaria, la pierdes”, dijo en la radio. El programa de 2016 (“Hacer grande a España otra vez”, de inspiración trumpiana) abundaba en ayudas, préstamos y subvenciones a la “familia natural”. Y mano muy dura con la inmigración como marca del partido.

Contra el Orgullo Gay

La adscripción ideológica de Vox se tendrá que perfilar: hay tintes que se ven en partidos de extrema derecha con relación a la inmigración, toques ultracatólicos y esencias neoliberales. El pasado julio, cuando todavía eran una opción residual, Vox cargó en un comunicado contra la celebración de la fiesta del Orgullo Gay que se celebra en Madrid, a la que acuden millones de personas y donde en teoría va a postularse como candidata Monasterio. El orgullo, rezaba el duro escrito, se ha convertido “en una imposición institucional, un problema de convivencia y en la causa de la vulneración de los más elementales derechos de las poblaciones donde se lleva cabo. En el caso de los ciudadanos madrileños la situación se vive con verdadera angustia por los excesos, en todos los aspectos, que se comentan”.

Antes que al Frente Nacional o a La Lega de Matteo Salvini, los valores de Vox se aproximan más al gobernante PiS (Ley y Justicia, Polonia) que fundaran los gemelos Kaczyński por su cariz integrista religioso.

Tras el domingo electoral, ya muy pocos dudan de que Vox no consiga representación, lo que viene a significar que Monasterio estará con seguridad presente en algún Pleno municipal o Asamblea. En una entrevista con el anticastrista El Nuevo Herald el 1 de abril de 2017, la pareja Espinosa de los Monteros – Monasterio se reafirmó en su defensa de los valores “judeocristianos”. “Nuestra batalla es defender ideas y valores más allá de si los resultados nos acompañan”, dijo él. “Estamos convencidos que los resultados llegarán”. Y tanto.