Las distintas manifestaciones convocadas en la mañana de este viernes en Barcelona no han impedido la celebración del consejo de ministros en la Llotja de Mar. Pero sí han generado disturbios e imágenes de fuerte enfrentamiento con los Mossos d’Esquadra, que sin embargo apenas han necesitado la ayuda de la Policía Nacional y de la Guardia Civil. Ha sido en uno de esos careos cuando uno de los agentes antidisturbios de los Mossos ha intercambiado unas palabras con los manifestantes que han sido captadas por el usuario Eduald Font y se han viralizado rápidamente en las redes sociales.

Mientras hacía retroceder a un guarda forestal que se interponía entre los Mossos y los manifestantes y que también protestaba contra el consejo de ministros, el agente de los Mossos le ha preguntado si era «funcionario» como él. Tras responderle el guarda que sí, el policía le pide que entonces le defienda a él «y no a estos hijos de puta».

«Yo defiendo la República», contesta el guarda, lo que da pie a la intervención del mosso, rápidamente viralizada por partidarios y detractores: «Qué República ni qué cojones. La República no existe, idiotas».

Todos contra Buch

La actuación de los Mossos d’Esquadra ha vuelto a ser muy criticada este viernes desde los sectores radicales del independentismo, que se han enfrentado a los agentes lanzando contenedores, vallas y piedras. Las cargas han sido constantes desde mitad de la mañana y los agentes han llegado a disparar pelotas de FOAM para dispersar los focos más conflictivos.

A consecuencia de ello, se han vuelto a escuchar en las manifestaciones cánticos ya habituales como «no os merecéis la senyera que lleváis» o gritos pidiendo la dimisión del consejero de Interior, Miquel Buch. Una dimisión por la que también claman importantes colectivos dentro del cuerpo de Mossos d’Esquadra, cuyos sindicatos se encuentran estas semanas negociando con la Generalitat la mejora de unas condiciones congeladas desde hace años.

Esta misma semana, agentes del colectivo MoS.O.S colapsaron la salida de la consejería de Interior, donde Buch negociaba con sus representantes, obligando al político a pedir la asistencia de la BRIMO para permitir su salida del edificio.