Desde que Vox irrumpió en el panorama político español son muchas las etiquetas que se han utilizado para categorizar al partido de Santiago Abascal. Gruesas y finas. Entre otras, una automática para cualquier partido que emerge por la derecha del espectro político: franquistas y falangistas. Este mismo martes, el secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, se refería a la formación como “un partido neofranquista”. Javier Ortega-Smith, secretario general de Vox, decía este fin de semana en una entrevista con El Independiente que el partido no tiene “una posición política sobre cada momento de la historia”, pero que en su opinión “la dictadura de Franco tuvo cosas que a mí no me gustan porque creo en la libertad, la democracia y el Estado de Derecho, y tuvo otras cosas de las que todavía nos seguimos beneficiando”.

Los directamente aludidos por la etiqueta son más contundentes. “Vox tiene de falangismo lo mismo que los otros partidos del sistema: nada”, dicen los portavoces de la Coalición ADÑ, que se presentará a las elecciones europeas de este 2019 aglutinando bajo su paraguas a Falange Española de las JONS, La Falange, Democracia Nacional y Alternativa Española. Cuatro clásicos de la extrema derecha española que han decidido acudir juntos a las europeas para optimizar su discreta proyección electoral y trasladar un mensaje de convencido antibruselismo.

Vox es un partido descaradamente liberal en lo económico y en lo político. Cuentan con todo el aparato mediático’, denuncian los falangistas

“Tanto de Vox como del resto de partidos que se presentan a esos comicios nos diferencia nuestro sincero y tajante euroescepticismo, que sólo nosotros abanderamos”, apuntan. La coalición aboga por la disolución de la Unión Europea en su forma actual, por la salida del euro y por la recuperación del control sobre la política monetaria, además de otros discursos que sí comparten con Vox: el rechazo a la inmigración que conduce a una “pérdida de identidad” y la mano dura contra el asunto catalán, que pone a España “frente a su propia desaparición territorial”.

“Han copiado nuestra música, nuestros argumentos y nuestras denuncias”, se quejan desde ADÑ, para analizar que Vox es sólo “el mecanismo que tiene el sistema de reconducir a todos aquellos que están escandalizados por la traición nacional y en valores de la derecha del Partido Popular”.

Para los partidos herederos de la ideología de José Antonio Primo de Rivera, sin embargo, que Vox llegue a ser calificado como un partido “falangista” no es más que “el resultado de denigrar la política hasta reducirla a un circo publicitario”. “Vox es un partido descaradamente liberal en lo económico y en lo político. Nosotros todo lo contrario”, aseguran, y niegan el supuesto carácter novedoso o revolucionario de la formación de Abascal: “Ya empiezan a demostrar que son sólo el ‘PP verde'”. Una corrección del sistema para adaptarse sin que nada cambie en realidad: “Cuentan con todo el aparato mediático y político. Sin olvidar la tradicional traición de aquellos que rápidamente olvidan sus valores por su beneficio personal”.

A por el votante desencantado de Podemos

En estos partidos, que viven casi exclusivamente de las cuotas de sus socios, ha escocido especialmente el trasvase a Vox de parte de su militancia: “Son traidores que han abandonado nuestras filas al calor del éxito y de los euros, autojustificándose con lo del mal menor, pero a sabiendas de que se han vendido para cimentar un sistema que antes combatían”. Ni siquiera comprenden a los votantes que emprenden ese mismo camino: “Es completamente inexplicable que algunos que puedan sentir simpatías por la ideología nacional sindicalista o falangista muestren apoyo por quienes hacen bandera de los recortes sociales; por los que pretenden, por ejemplo, que trabajadores mileuristas paguen el mismo IRPF que sus jefes”.

Es el mismo discurso que les lleva a afirmar que su lucha electoral mira mucho al votante de Podemos, pero especialmente a la abstención, al voto nulo y al voto en blanco. Sin amagar su objetivo final, que no es otro que la demolición de la democracia representativa: “Hemos de liberar la administración de los perjudiciales partidos políticos”.

Un espacio atomizado

La presencia de partidos políticos falangistas o directamente neonazis en las elecciones no es nueva, ni la extrema derecha es una invención de Vox. Lo novedoso es la unidad de formaciones tradicionalmente cercanas en lo ideológico pero enfrentadas por detalles, por inquinas personales y por corrientes infinitas como una caja de matrioskas. La Falange y Falange Española de las JONS ya habían intentado concurrir juntas en otras ocasiones, pero acabaron rompiendo literalmente a guantazos.

En la extrema derecha española coexisten más de doce formaciones que ideológicamente van desde el neonazismo hasta el falangismo social

Alianza Nacional también integró una coalición para las anteriores europeas llamada La España en Marcha (junto a La Falange, Nudo Patriota Español y Movimiento Católico Español) antes de dar el portazo y pasar a integrar el amplio espectro de la ultraderecha balcanizada: Democracia Nacional, España 2000, Falange Auténtica, Movimiento Social Republicano, Plataforma per Catalunya, Som Identitaris, la Comunión Tradicionalista Carlista… una ensalada en la que se mezclan desde franquistas convencidos hasta partidos de inspiración nazi que se mezclan en Europa con los húngaros de Jobbik o los griegos de Amanecer Dorado.

Ni siquiera dentro del falangismo existe la unidad total, y la propia Coalición ADÑ ha generado tensiones dentro del movimiento. Ya hace casi un año, cuando se empezaba a pergeñar el pacto entre FE JONS, Falange, Democracia Nacional y Alternativa Española, otro pequeño grupúsculo llamado Movimiento Falangista de España -consiguió 68 votos en las elecciones de 2008- lo criticaba públicamente y denunciaba que los dos grandes buques del minoritario falangismo estaban dejando de lado sus raíces y acercándose al calor de grupos ultras de extrema derecha.

“Muchos de nosotros hemos estado opinando en los últimos tiempos sobre la deriva populista que estaba escorando hacia la extrema derecha a un sector cada vez más amplio de nuestro espectro político. Esta iniciativa conjunta nos lleva indudablemente a confirmarlo así”, decía el comunicado de la formación, que advertía de que el falangismo volvía a emprender el camino equivocado: “Está convocando a la extrema derecha a unirse bajo nuestra bandera roja y negra”.

“Esta vía política no sólo está plenamente agotada para el falangismo sino que, además, es profundamente contraria a sus principios ideológicos esenciales”, criticaba el partido, antes de denunciar que nunca había visto ni a Falange ni a FE JONS junto a los trabajadores, como defienden sus portavoces, pero sí junto a los extremistas y a otros grupos que han ganado atención mediática en los últimos años como el Hogar Social Madrid.

Un criticismo que no es, ni mucho menos, nuevo. Hace ya casi 17 años que Falange Auténtica, otro clásico electoral, se escindió de La Falange mientras denunciaba el rumbo “ultraderechista” de la formación. Sólo cinco años después, en las municipales de 2007, el partido protagonizó numerosas crónicas políticas cuando sus dos concejales en el municipio malagueño de Ardales apoyaron al candidato de Izquierda Unida para arrebatar la alcaldía al PSOE.