Javier Ortega Smith se encuentra cómodo en el terreno de la confrontación. El secretario general de Vox lleva unos días frenéticos de hasta diez entrevistas por jornada para explicar el papel de su partido en el cambio político en Andalucía tras 36 años de gobiernos socialistas. Con ese entrenamiento diario esgrime unas respuestas bien preparadas y un único objetivo en su diana: Ciudadanos, partido con el que compite electoralmente y por ser el aliado prioritario del PP en futuras coaliciones de gobierno frente al bloque de PSOE y Podemos.

Pregunta.- ¿Cuál es el minuto y resultado del partido por el cambio en Andalucía?

Respuesta.- Ahora mismo estamos a la espera de iniciar negociaciones con el PP y con Ciudadanos, para lo cual es imprescindible ambos partidos nos comuniquen su deseo de negociar la investidura. Estamos en situación de espera y nosotros hemos dejado claro por activa y por pasiva nuestra absoluta predisposición a sentarnos en negociar sobre lo que es importante en política, que no son los nombres, los sillones, los cargos, los coches oficiales o los sueldos; lo importante son las políticas que se van a aplicar.

P.- El PP sí está dispuesto a negociar con ustedes, ¿el único escollo es que Ciudadanos no se quiere sentar con Vox?

R.- Estaremos encantados de escuchar las propuestas del PP. Pero la llamada no puede ser para hablar por teléfono, sino para sentarse en una mesa. Le puedo adelantar también que espero la llamada de Cs. Para poder llegar a un acuerdo de investidura, como cualquiera puede entender, la suma de los votos de las tres formaciones políticas es imprescindible, así que hace falta un acuerdo de los tres.

P.- ¿A qué nivel exige la llamada de Cs a Vox? ¿Le vale que Juan Marín llame a Francisco Serrano o es necesaria la intervención de la dirección nacional?

R.– La persona que venga a negociar a mí me da igual. Pero no es una cuestión de llamadas, sino de que haya luego una mesa de negociación a tres bandas. Por tanto, ¿quién debe llamar? No sé, pero por seguir un protocolo podría ser el secretario general de Cs, José Manuel Villegas, al de Vox, Javier Ortega, pero me da igual quien lo haga, puede ser Albert Rivera o Juan Marín.

P.- Lo imprescindible entonces ¿es la foto de los tres?

R.- Ni siquiera la foto, yo no tengo problema en tener una reunión que no se haga pública. Lo que sí es fundamental es que haya una reunión físicamente, como hemos negociado la Mesa del Parlamento con el PP, y que hubiera una petición formal de los votos por parte de la candidata a la Presidencia del Parlamento, la diputada de Cs Marta Bosquet.

P.- ¿Hace falta la foto o no?

R.- Lo importante no es la foto, sino el contenido, que se desarrolle la reunión física, donde cada partido, con respeto y de acuerdo a su capacidad de decisión parlamentaria, en proporción a su número de escaños, pueda aportar las consideraciones que crea importante. Eso es una negociación. Nosotros no vamos a exigir nada que supere esa proporción de doce escaños que tenemos. Por tanto, sabemos que en ese acuerdo de investidura nuestra parte será menor, pero claro, lo que pretenden otros es que no se nos escuche y que, como ha dicho Albert Rivera, que no se mueva ni una coma del documento firmado por PP y Cs. Eso hace inviable cualquier negociación. Ni siquiera nos reconocen la legitimidad de ser actor en la negociación.

P.- Lo que no parecen dispuestos a negociar PP y Cs son modificaciones sobre la ley contra la violencia de género.

R.- Pero que nadie crea que todo el problema dialéctico o de desacuerdo está en ese punto. Nosotros llevamos un paquete importante de medidas que las hemos explicado hasta la saciedad en materia fiscal, de lucha contra la inmigración ilegal, de reducción de la administración paralela y de auditoría profunda en la Junta de Andalucía. La cuestión de desmontar las leyes ideológicas como la de desmemoria histórica o la de violencia de género no es la única.

P.- ¿Si se negocian esos cuatro apartados de forma global pueden relajar un poco su postura sobre la violencia de género?

R.- Lo que nosotros decimos es que hay una serie de medidas en esos cuatro bloques que se tienen que negociar todas en una mesa. No sabría contestarle cuántas lograríamos sacar adelante teniendo en cuenta que tenemos doce diputados. No planteamos cuestiones de máximos para el acuerdo. Pero muchas de ellas, como acabar con el impuesto de sucesiones, no benefician sólo a los votantes de Vox, sino a todos. Incluso me atrevería a decir, con todo el respeto, que muchos votantes del PSOE las verían bien.

P.- De hecho, en esas materias hay muchas similitudes entre los programas electorales de los tres partidos. Donde se produce la discrepancia es en el apartado sobre la violencia de género, que es el punto que han puesto sobre la mesa Santiago Abascal y Francisco Serrano a través de Twitter. Es decir, es Vox quién elige sacar ese asunto.

R.- No es verdad, no es así. Nosotros respondemos a una serie de noticias que salen en la prensa que nos intentan llevar a hablar sólo de ese tema. Parece que a los medios de comunicación sólo les interesa esa cuestión. Ya hemos dejado clara nuestra posición al respecto, pero eso no es lo único.

P.- No es lo único, ¿pero es imprescindible para el cambio político en Andalucía?

R.- Es imprescindible desmontar una administración paralela que está sustrayendo importantes recursos para otros asuntos como la sanidad. Desmontar la ley de violencia de género puede ser imprescindible para muchísimas personas que ven amenazadas su libertad. Desmontar la ley de memoria histórica puede ser imprescindible para muchísimas personas que ven amenazadas su libertad ideológica…

P.- Pero para Vox, para alcanzar un acuerdo con PP y Cs, ¿es imprescindible?

R.- Para Vox es imprescindible que nos podamos sentar en una mesa a negociar. Segundo: que tengamos la libertad de poner sobre la mesa todas las cuestiones que creamos que son necesarias de acuerdo con nuestros valores, con nuestros principios y con un programa al que le han otorgado su confianza 400.000 andaluces. Lo imprescindible en una negociación es estar dispuestos a negociar, y esto lo digo dirigiéndome especialmente a Ciudadanos. Negociar supone que ellos también tengan que ceder en cuestiones que han suscrito en un documento en el que no hemos sido ni arte ni parte. Nosotros no hemos firmado ningún acuerdo y a nadie se le puede imponer lo que se ha pactado con otro. Eso sería una imposición. En una negociación habrá un encaje, y  por ejemplo de cien medidas que proponemos se podrían aplicar 20, pues así estarán bien justificados nuestros doce escaños.

P.- Mientras tanto corren los plazos. En el caso de que no hay acuerdo, Susana Díaz ha mostrado su intención de presentarse a la investidura y es muy posible que cuente con los apoyos de Adelante Andalucía, sumando más votos que PP y Cs. ¿Asumen el riesgo para el cambio político de ese escenario?

R.- Es un escenario que debemos asumir todos porque la suma de los votos es la que es. Es una hipótesis perfectamente posible que Cs no quiera sentarse a negociar con nosotros. Blanco y en botella: si n hay negociación no hay acuerdo y sin acuerdo ya me dirá usted cómo vamos a votar. Si alguien que se llama Ciudadanos no está dispuesto a sentarse en una mesa, digo yo que tendrá que asumir las consecuencias antes sus electores por haber frustrado la esperanza de un cambio en Andalucía. Ha sido gracias a Vox que por primera vez existe la opción, al menos la opción de hablar de cambio en Andalucía, porque en los últimos 40 años el PP no ha sido capaz ni de broma y Cs en diez años tampoco. Nosotros no podemos hacer más. Nosotros hemos abierto la posibilidad histórica de que haya un cambio en Andalucía y sacar las políticas de izquierdas. Lo que no se nos puede pedir es que demos un cheque en blanco. En ese caso, alguien se podría preguntar para qué vale Vox en política si se convierte en testaferro o delegado de otros partidos.

P.- ¿Y Vox no tendría que explicárselo a sus electores?

R.- Lo que nosotros tendríamos que explicar a nuestros electores es que sus votos no hayan servido para un cambio real, no sólo de sillones. El hecho de que figure en vez de Susana Díaz Juanma Moreno o Juan Marín no significa un cambio real, sino de personas. Estamos hablando de cambiar las políticas.

P,- ¿Usted cree que Juanma Moreno y Juan Marían harían las mismas políticas que Susana Díaz?

R.- Pues no lo sé. No creo que las mismas, pero por lo que trasciende a la prensa, la sensación que da es que no piensan tocar un ápice de las políticas impuestas por la izquierda, especialmente las que tienen contenido ideológico y económico que afectan a la libertad y al progreso de Andalucía. Muchas medidas pueden ser un maquillaje. Ciudadanos es un maestro de decir una cosa hoy y hacer la contraria mañana.

P.- Lo que ustedes llaman “la veleta naranja”.

R.- Sí. Ciudadanos, hace dos años apoyaba una ley contra la violencia intrafamiliar igual que la de Vox, y ya se ha olvidado. Ciudadanos ha dicho no a la cadena perpetua, sí a la cadena perpetua y luego ha vuelto a decir que no. Ciudadanos ha dicho lo mismo con los impuestos y luego lo contrario, como con el cupo vasco. Cs es un partido que se ha caracterizado por no tener ningún principio ni ningún valor y por ser un oportunista. Por tanto no nos vamos a fiar de un partido que ahora le interesa las cuotas de poder a cualquier precio y que por eso puede decir hoy que quiere llegar a un acuerdo en Andalucía y mañana volver a hacer lo mismo que ha hecho estos tres años y medio, que ha sido darle oxígeno al PSOE. ¿Alguien le ha visto a Cs poner en tela de juicio al PSOE o a la extrema izquierda de Podemos que le apoya en estos tres años y medio? Sólo cuando se han acercado las elecciones. Es una pura fachada, es un puro teatro, por tanto todo el mundo tiene que entender que no nos podemos fiar, que no nos la pueden colar… Nosotros queremos un documento firmado con luz y taquígrafos que ponga bien claro cuáles son las políticas que están dispuestos a cambiar en un Gobierno en el que Vox no ha pedido ni un sólo puesto. Nosotros no sacamos nada de esto como partido, nosotros estamos luchando por ideas políticas. Eso es para todos los andaluces.

P.- En materia de violencia machista, ¿que cambio en la ley es imprescindible para Vox?

R.- Queremos modificar la ley integral de violencia de género andaluza, que tiene muchas medidas que se pueden mejorar. Todas las leyes son modificables y derogables. Nosotros queremos cambiar todas las leyes de violencia de género por leyes contra la violencia intrafamiliar que recojan todos los supuestos de violencia, que amparen todos los casos de violencia, no sólo -que también, digo más a más- de violencia de un hombre contra la mujer, sino también de una mujer contra una mujer en una pareja lesbiana, o de un hombre contra otro hombre en una pareja gay, o de un padre con un hijo… es decir, que ampare un espectro mucho más amplio. Segundo: una ley que no conculque principios constitucionales como la igualdad de hombres y mujeres ante la ley o la presunción de inocencia. Y en tercer lugar: una ley que sea realmente efectiva, y para eso los recursos tienen que centrarse en tres cuestiones: policiales, judiciales y administrativas de las víctimas, no de toda esa coreografía de asociaciones del lobby de la ideología de género que lo que hacen es vivir millonariamente de esos recursos. Con eso queremos acabar. Así habrá una verdadera protección de las víctimas.

P.- ¿Ésa es una condición sine qua non para el cambio político en Andalucía?

R.- Es una de las muchas que pondremos sobre la mesa de negociación.

P.- ¿No es el cambio político un bien superior y que haya un Gobierno alternativo una premisa previa para cambiar las políticas?

R.- El bien superior es el cambio de las políticas, no el cambio de los políticos.

P.- Pero el acuerdo entre PP y Cs contempla el cambio de las políticas.

R.- Es un acuerdo que quieren imponernos y eso es intolerable en democracia. Eso se llama intransigencia y casi me atrevería a decir que totalitarismo político. En ese pacto hay cosas que apuntan en buena dirección, pero a nosotros nos preocupa lo que ya he dicho. Cs es el partido del márketing absoluto. Es decir, vende apariencia, vende humo, pero a la hora de la verdad puede gobernar con la extrema izquierda en Andalucía y en Madrid venir a gobernar con el PP al que acusa a la vez de ser los corruptos de la Gürtel…. Es una especie de comodín que al final todo le vale. Es el oportunismo y el relativismo y eso genera una desconfianza absoluta. Vox es justo lo contrario. Los que votan a Vox saben que es un partido fiable, que hace lo que dice y que dice lo que hace.

P.- Esa confrontación con Ciudadanos suena mucho a campaña electoral más allá de lo que ocurra con el Gobierno de Andalucía.

R.- Es totalmente cierto. Nosotros estamos en campaña electoral permanente desde que se fundó este partido en 2014. Es así. Pero es que Ciudadanos es un partido relativista, puede ser blanco, negro, azul, rojo o amarillo dependiendo del día y de la hora. Y Vox se caracteriza desde que nació por mantener el mismo discurso en toda España y que no cambia en función de los resultados de las encuestas. Vox es confiable y otros no, bien porque se acobardan, como el PP, que a la hora de la verdad le tiemblan las piernas y se arrodillan ante las imposiciones de la ideología de la izquierda por temor a que les llamen xenófobos, machistas o fachas, o bien como la veleta naranja, según sus intereses electorales. Por eso estoy convencido de que muchos electores de Ciudadanos van a votar a Vox. Van a darse cuenta de que Ciudadanos ha sido la gran mentira. Venían a vender la regeneración y se han convertido en la muleta del sistema.

P- Hablando de etiquetas y de que no le preocupa que les llamen machistas. ¿De verdad creen que son equiparables los asesinatos de mujeres a manos de los hombres que los de hombres por mujeres?

R.- Si lo que me pregunta es si una cifra mayor puede equipararse a una menor es evidente que no, son matemáticas. Si me pregunta si es equiparable el valor y la protección que debe tener la vida de un hombre y de una mujer le digo que sí, por supuesto. La vida de un hombre vale lo mismo que la de una mujer y la protección de una mujer debe ser igual que la de un hombre.

P.- Cuando hay muchísimas más mujeres que hombres en peligro, ¿no cree que ese factor de riesgo por ser mujer justifica medidas que se puedan considerar de discriminación positiva? Evidentemente las vidas humanas valen lo mismo.

R.- No, para algunas personas no.

P.- ¿Ah no?

R.- No no no, para para la izquierda no valen lo mismo. Porque no están dispuestos a otorgarles la misma protección legal, jurídica y económica.

P.- ¿Pero de verdad necesitan la misma protección un…

R.- [Interrumpe la pregunta] ¿La vida de un hombre en riesgo? La misma.

P.- La de un colectivo en riesgo.

R.- Pero no hablemos de colectivo, hablemos de vidas humanas. O sea, ¿que la vida depende de que pertenezcas a un colectivo mayor o menor?

P.- Desde que se contabilizan los asesinatos machistas la violencia de género ha dejado más víctimas que por ejemplo el terrorismo de ETA.

R.- Lo primero que hay que hacer es que el lenguaje no nos confunda. La violencia no tiene género, primera gran mentira de la ideología de género. Dicen que hay violencia de género o violencia machista. Mire usted, pues no. La violencia es violencia, un asesinato es un asesinato, no tiene género. Nosotros defendemos que un asesinato o una agresión es delito y que el mismo delito debe tener la misma pena. Y que por tanto un asesinato de una mujer debe tener la misma pena que el asesinato de un hombre o de un niño. Un asesinato de un heterosexual debe tener la misma pena que un asesinato de un bisexual o de un homosexual. Nosotros queremos que la ley sea un instrumento eficaz para la protección de la vida y de la integridad física y psíquica de un ser humano, y no entramos a hacer consideraciones sobre que la vida de un hombre -porque hay menos asesinatos de hombres- vale menos que la vida de una mujer. Decimos que la ley tiene que proteger a todos por igual y eso no significa desproteger a la mujer, es justo lo contrario. Y que los medios sean para todas las víctimas.

P.- ¿Y ahora mismo no tienen la misma protección?

R.- No la tienen, rotundamente no. Un mismo crimen cometido por un hombre contra una mujer tiene unas penas y un procedimiento judicial y unas ayudas que no tiene cuando quien comete el crimen es de una mujer contra un hombre.

P.- Si entra dentro de la categoría de violencia de género, porque hay muchos crímenes de secuestro, violación y asesinato de chicas que no se consideran así porque no había relación sentimental con el agresor.

R.- Nosotros tenemos que hablar dentro del ámbito intrafamiliar, con independencia de que estén casados o no, dentro de las parejas. Lo repito para que no haya ninguna duda: las actuales leyes contra la violencia de género no tratan igual ni en protección ni en ayuda ni en nada cuando los crímenes lo sufren, por ejemplo, mujeres por parte de mujeres, por ejemplo en parejas lesbiana. Vox propone que ley sea infinitamente más protectora que la actual y que no sólo ampare a las mujeres que sufren violencia por parte de hombres, sino a las mujeres que sufren violencia por parte de mujeres y a los hombres que la sufren por parte de los hombres y también de las mujeres. Y además, que no se conculquen los derechos de presunción de inocencia. Por ejemplo, la ley andaluza pretende desjudicializar los procesos y que baste que un funcionario de la Administración para que pueda penalizar. Eso es una barbaridad en un estado de derecho. Vox pretende que la protección de los españoles ante la ley sea igual y que se respete la Constitución. A nosotros que se nos ha acusado de inconstitucionales somos el único partido que está diciendo que en España tenemos leyes que conculcan principios constitucionales.

P.- El Tribunal Constitucional ha avalado la constitucionalidad de la ley contra la violencia de género.

R.- El Tribunal Constitucional -que es un tribunal político que está elegido por los partidos políticos- no se ha atrevido a decir que una ley que no trata igual a un español por su condición sexual conculca el artículo 14 de la Constitución. Por eso Vox propone que haya una sala sexta formada por magistrados profesionales de carrera especialistas en derecho constitucional que dicten esas sentencias en vez de convertirse en correa de transmisión de los partidos.

P.- A Vox también le acusan de ser un partido franquista. ¿Ustedes creen que el régimen de Franco fue una dictadura o no?

R.- Nosotros creemos que cada español es libre de pensar sobre la historia lo que le dé la gana. Habrá españoles que les parezca bien y a otros abominable, como ocurre con los Reyes Católicos. En mi caso, por ejemplo, creo que la conquista de América y su evangelización fue muy buena para esa obra universal que se llamó la hispanidad y habrá quien considere que fue un genocidio y una barbaridad. Pero eso no es importante. Lo importante es que exista esa libertad de opinar sobre la historia, por eso nos oponemos a todas las leyes de desmemoria histórica, que pretenden que un gran hermano, una especie de comisariado político, nos dicte la visión de la historia.

P.- Pero disculpe, insisto, si les llaman franquista…

R.- [Interrumpe la pregunta] ¿Qué quiere decir franquista?

P.- Que no lo consideren una dictadura y que les parezca que fue un régimen positivo.

R.- Nosotros no tenemos una posición política sobre cada momento de la historia. Dentro de Vox puede haber personas que consideren que el PSOE dio un golpe estado en el año 34  y que fue el causante de una Guerra Civil asesinando al líder de la oposición Calvo Sotelo. Habrá otros en España que crean que no. Lo que le quiero trasladar es que como partido político no tenemos una  posición sobre la historia, no tomamos partido porque no queremos caer en el guerracivilismo.

P.- Por ejemplo, a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias se les pregunta a menudo si consideran que el régimen chavista de Venezuela es una dictadura y también evitan pronunciarse.

R.- Yo lo considero una dictadura aberrante.

P.- Y ¿por qué se pueden pronunciar sobre ese régimen y no sobre el de Franco?

R.- Porque no forma parte de la historia de España. Yo tengo mi opinión personal sobre el régimen de Franco.

P.- ¿Nos la puede decir?

R.- Yo creo que la dictadura de Franco tuvo cosas que a mí no me gustan porque creo en la libertad, la democracia y el estado de derecho, y tuvo otras cosas como la seguridad social o las obras públicas que se hicieron de las que todavía nos seguimos beneficiando. Mi opinión personal es que hay que ver la historia con objetividad y no hay blancos y negros. Por ejemplo, cuando se nos habla de que la Transición fue modélica. Fue modélica pero también tuvo cosas terribles como las cesiones que se hicieron en la Constitución a los partidos separatistas o las amnistías de terroristas de la ETA. La mitad de los que salieron libres volvieron a cometer crímenes.

P.- Usted fue candidato a la Alcaldía de Madrid de Vox en 2015. ¿Le gustaría repetir?

R.- No me lo planteo, aunque no hay una decisión tomada. A título personal creo que hay otros compañeros que pueden pelear por la Alcaldía en mejores condiciones y que yo puedo ser más útil en otros puestos.