El del abogado Melero es un curioso caso de nombre mutante. Depende de la ubicación geográfica se llama Javier, Xavier o incluso Xavi. Se llamaba Javier en 2003 cuando acudía junto a su amigo Arcadi Espada a las comidas y cenas que fueron el germen del nacimiento de Ciudadanos, y seguramente le llamaran Javier el pasado mes de noviembre cuando acudió como uno más a las grandes manifestaciones constitucionalistas organizadas en Barcelona por Sociedad Civil Catalana. Él mismo se llama Javier en la web de su despacho de abogados.

Pero es Xavier Melero para los medios catalanes que le han entrevistado en los últimos meses en su condición de abogado de Joaquim Forn, ex consejero de Interior de la Generalitat y señalado como uno de los cabecillas de los cargos de rebelión y sedición a los que se enfrentará en los próximos meses en el Tribunal Supremo, por su rol en el desafío independentista de Cataluña en octubre de 2017. Un ecosistema que ya conoce bien: lleva más de una década ejerciendo de abogado de Convergència y representa a Oriol Pujol Ferrusola como antes hizo con Daniel Osácar o el propio Artur Mas por la causa del 9-N.

Alaba la ‘competencia’ de la Sala II del Supremo y subraya que ‘ha creado una doctrina admirable durante muchos años’

Melero es la voz discordante de la defensa de los líderes independentistas. Una voz incómoda para el resto de letrados que, como Gonzalo Boye, lanzaron hace meses un aviso a los descarriados que se plantearan un pacto con la Fiscalía. “Creo que la obligación de un abogado es tener todos los puentes abiertos”, respondió Melero, que marca una línea propia. Su defensa será estrictamente técnica, y renuncia de plano a la tesis del juicio como escaparate propagandístico. Este martes, en Rac1, decía esto: “Yo no sé qué es una causa política ni una defensa política, y si eso existiera yo no estaría en condiciones de llevarla a cabo porque no sabría”.

El letrado defiende la absolución total de su cliente. Como el resto, asegura que Forn sólo alentó movilizaciones pacíficas, que no hubo violencia el 1 de octubre aunque sí “excesos por ambas partes” y que el operativo de los Mossos d’Esquadra de aquella jornada podía ser bueno o malo, pero estuvo supervisado por el Ministerio del Interior y contó con su visto bueno. Hasta ahí sus coincidencias con el resto de letrados y discursos arremolinados en torno a la causa.

‘No represento a ningún colectivo, a ningún Govern ni a ningún pueblo’

Véase lo que dijo, también este martes, sobre el juez Pablo Llarena: “Le conozco muy bien, desde hace años. Tengo un respeto profesional y un aprecio personal por él”. O sobre el Tribunal Supremo: “Es uno de los tribunales más prestigiosos de Europa y que menos pronunciamientos contrarios ha tenido en el TEDH. No nos debemos hacer trampas al solitario y hablar del ‘tribunal de la tiranía’ o del ‘tribunal de la Turquía de Erdogan'”. La Sala II, afirma, le proporciona “tranquilidad”.

“Son seis magistrados de larguísima trayectoria. Les conozco y creo que es la mejor sala que nos podría haber tocado. Son magistrados de gran competencia y que han creado una doctrina admirable durante muchos años”, abunda. En parecidos términos se refiere a Manuel Marchena, su presidente: “Todo lo que se ha dicho sobre él lo han dicho terceros. El señor Marchena habla por sus resoluciones judiciales”.

Achaca a los fugados el mantenimiento de la prisión preventiva y rechaza la teoría del juicio político

Como no podía ser de otra manera, este discurso escuece entre determinados sectores del independentismo. En Rac1, una de las periodistas le reprochaba que su posición “no le parecía muy ética”. Melero se revolvió: “Yo no soy quién, porque no soy filósofo, para darle lecciones de ética a nadie. Usted sabrá”. Se remueve en la toga, también, cuando le cargan la responsabilidad de representar cualquier cosa que no sea una posición meramente técnica: “Yo no represento a ningún colectivo, ni a ningún Govern, ni a ningún pueblo”.

Reconoce, eso sí, que por los cargos que entran a juicio, el del procés no será un proceso “normal”, y le extrañan ciertos comportamientos del juez Llarena durante la instrucción. Pero no el mantenimiento de la prisión preventiva, que achaca sin reservas a la actitud de Puigdemont, Rovira y el resto de fugados. “El hecho de que determinadas personas, unas primero y otras después, se pusieran fuera de la acción de la justicia y se marchasen, él (Llarena) cree que le pone en una situación de gran vulnerabilidad y llega a una conclusión muy usual entre los jueces de instrucción: no se me escapa ninguno más”.

Impulsor de Ciudadanos y crítico con el nacionalismo

Melero se calla poco y no rehuye los análisis políticos. Nacido en Barcelona en 1958, se ha definido en público como liberal, no nacionalista. El independentismo, como aseguró en un reportaje publicado en 2018 por Vanity Fair, ha empobrecido la Cataluña en la que creció: “El ensimismamiento cultural y de alguna manera étnico ha empobrecido este paisaje”. Pese a ser el abogado de cabecera de Convergència, tampoco duda en definirlos como “los pijos de Sarrià” y acusarlos de oportunistas e hipócritas: “Más que nada porque sus abuelos entraron por la Diagonal con las tropas de Franco”.

Tampoco modula demasiado su discurso cuando comparece ante prensa militante. En otra entrevista con Vilaweb, por ejemplo, llamaba la atención sobre el etnicismo en la confección de las listas electorales. “Ciudadanos, todo apellidos castellanos prácticamente. Junts per Catalunya, catalanismo étnico casi al 90%. Y miro las listas del PSC, y todo mezclado. Cataluña era el PSC. Hubo una época en la que Cataluña era el PSC”, decía, tras reconocer que su impulso a la fundación de Ciudadanos tenía como objetivo crear una herramienta temporal que debía existir “el tiempo suficiente para que el PSC recondujese su deriva nacionalista”. Ni eso sucedió, ni él permaneció en el partido: “No tenía nada que ver con lo que ha evolucionado después. La propuesta inicial era diferente”.

En esa misma conversación, daba un pronóstico sobre lo que sucederá en el Tribunal Supremo durante los próximos tres meses: “Perseguirán la sedición, que es lo más fácil, y la malversación”. Y resistió cuando el periodista intentó arrancarle por tercera vez que se trataría de un juicio político porque promover un referéndum “no es matar, ni usar armas, ni traficar con drogas”: “Estaba prohibido, y estaba en el Código Penal. Y ellos consideran que hicieron servir las instituciones del Estado puestas en manos de la Comunidad Autónoma con una finalidad contraria al Estado. Es su punto de vista. Y no es aberrante. Yo hago la crítica a la totalidad de la posición del Supremo porque la violencia no la veo”.