«Prensa española, manipuladora». Es uno de los lemas que con más asiduidad se repite en las manifestaciones independentistas desde hace dos años, en dura competencia últimamente con «Puigdemont, president» y «llibertat presos polítics». Pero lo que en 2017 eran gritos coreados desde una prudencial distancia se ha convertido en acoso abierto a los medios de comunicación considerados «españolistas»

Las periodistas Blanca Basiano, de Antena 3, y Cristina Pampin, de TVE, fueron ayer las últimas víctimas de ese acoso que prácticamente les impidió realizar su trabajo durante la huelga independentista convocada por CSC. En el caso de Basiano no es la primera vez que ve como los manifestantes interfieren en su trabajo y la increpan con acusaciones de mentir. Antena 3 es a nivel informativo una de las bestias negras del independentismo.

Durante la jornada de ayer fue sin embargo la imagen de Cristina Pampin, rodeada e increpada por jovencísimos manifestantes que la increpaban tanto a ella como al cámara de TVE la que más rápidamente corrió por las redes. Un acoso que no es nuevo, pero sí cada vez más descarnado y agresivo. Aunque el mayor damnificado de la huelga de ayer entre los medios de comunicación fue el cámara de TV3 que tuvo que ser atendido tras recibir una pedrada en la cabeza de los CDR que cortaban la C-17 a la altura de Gurb (Barcelona).

La periodista de La Vanguardia, y colaboradora de «El programa de Ana Rosa» en Telecinco, Maika Navarro, fue la víctima propiciatoria de los concentrados contra la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona. Navarro fue abucheada y vilipendiada -obligándola a un paseíllo entre manifestantes que la insultaban a gritos- por intentar una conexión con el espacio  en las manifestaciones contra el Consejo de Ministros.

Ese mismo día, el periodista de Intereconomía Cake Minuesa se convirtió en otro de los protagonistas de la jornada tras ser agredido por un encapuchado en la Vía Layetana, cuando seguía los disturbios que acompañaron a la reunión del Gobierno en el centro de la capital catalana.

También en las manifestaciones convocadas por entidades constitucionalistas se han vivido momentos de tensión contra los periodistas de algunos medios, especialmente de TV3. Paradigmática fue, en este sentido, la agresión sufrida por el equipo de Telemadrid en la última concentración convocada por Cs en Barcelona, cuando los manifestantes confundieron al cámara con un representante de la autonómica catalana.

La violencia latente

Las agresiones físicas o verbales durante manifestaciones de uno u otro signo son la muestra más evidente de como afecta la tensión política en la que vive Cataluña al ejercicio del periodismo. Pero no son los únicos ejemplos. Otros periodistas, especialmente en medios locales y en catalán, reciben amenazas mucho más personales cuando se atreven a discrepar del independentismo.

Ejemplo de estas presiones es el columnista de Diari de Girona Albert Soler, una voz disonante dentro del nacionalismo, que osa criticar al independentismo, o a Carles Puigdemont, en la ciudad que se considera corazón del secesionismo. Soler ha recibido amenazas en forma de pintadas en la pared del Diari de Girona, una presión que empieza recibir otro habitual del independentismo que en las últimas semanas se ha mostrado especialmente crítico con sus líderes, Bernat Dedeu.