No deja de ser paradójico que se anuncie a la cabeza de lista de Barcelona desde el corazón de Madrid, la plaza de la Villa, donde está la antigua sede del ayuntamiento. Lo de Inés Arrimadas ha sido, sin duda, el gran golpe de efecto de esta campaña, hasta el punto de que puede obligar a otras formaciones políticas, como PP o Vox, a resituarse y variar su estrategia.

Pero en el fondo, su salto a la política nacional puede tener dos lecturas diametralmente opuestas: ¿es una demostración de que Rivera quiere dar el todo por el todo este 28 de abril o, por el contrario, es una muestra de debilidad del candidato que necesita reforzar sus opciones?

Sin duda va a tener consecuencias tanto para la política catalana, donde deja desarbolado a Ciudadanos después de ganar las elecciones autonómicas, como para el ámbito nacional. Gobierne Rivera en coalición con otros o se quede en la oposición deberá dar a Arrimadas un papel destacado, incluso aún a riesgo de que se convierta en su principal «adversaria» interna.