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Muere el ex dirigente del PNV Xabier Arzalluz a los 86 años

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Muere el ex dirigente del PNV Xabier Arzalluz a los 86 años
Xabier Arzallus e Iñigo Urkullu.

Xabier Arzallus e Iñigo Urkullu. EFE

Resumen:

El histórico ex presidente del PNV, Xabier Arzalluz, ha fallecido hoy a los 86 años de edad. «Nos deja una persona, un jeltzale y un abertzale ejemplar», ha indicado el PNV, que ha lamentado que es «un día de máxima tristeza para su familia, sus amigos y sus compañeros en EAJ-PNV, a quienes acompañamos en el dolor». Quien fuera líder de la formación nacionalista durante 17 años había nacido en la localidad guipuzcoana de Azkoitia el 24 de agosto de 1932. Su trayectoria estuvo marcada por su militancia clandestina durante el franquismo, su implicación en los acuerdos de la Transición y el liderazgo del nacionalismo vasco más de dos décadas, entre 1980 y 1984 primero, y 1987 y 2004, después, cuando abandonó la dirección del EBB del PNV. A sus 86 años, Arzallus se encontraba completamente apartado de la vida política y social del País Vasco, con apariciones muy puntuales en algunos actos y con una salud delicada.

Después de haber librado cientos de intensas batallas políticas durante casi treinta años, aquel amargor con el que a los 71 años cerró su etapa política -en enero de 2004- quedó atrás. Hasta ahora, Xabier Arzalluz había sido un hombre jubilado más de la vida laboral y política de Euskadi. Alejado del partido, a cuyos actos tan sólo acudía en muy contadas ocasiones, y sobre cuyo devenir apenas se pronunciaba.

El lehendakari Iñigo Urkullu ha expresado sus condolencias recordando a Arzalluz como «una gran personal, trabajadora, militante siempre en defensa de Euskadi». Ha afirmado que se trataba de un hombre «con una mente brillante, una personalidad arrolladora y una entrega absoluta a favor de la causa del Pueblo vasco». Destaca que fue un «militante ejemplar» para su generación y que les ha legado «su constancia en la construcción nacional y social de nuestro país». El presidente del PNV, Andoni Ortuzar le ha recordado como el hombre «que lo fue todo en el partido y en Euskadi»: «Siempre estaremos en deuda con él por su labor en favor de nuestra patria».

El funeral por Xabier Arzalluz se celebrará este sábado por la tarde en su localidad natal, Azkoitia, según ha confirmado el PNV.

El carismático dirigente político se había dedicado en los últimos años a disfrutar de su retiro, a medio camino entre el caserío de su mujer, en Galdakao (Vizcaya), y su casa en el Campo Volantín de Bilbao. La vida de Arzalluz discurría en estos últimos tiempos más entre frutales, la huerta, sus nietos, los libros y los paseos, que entre las pugnas políticas que tanto le motivaron en vida.

Hombre de sólida formación, Arzalluz, como seis de sus siete hermanos, pasó por el seminario y llegó a ordenarse jesuita. Apenas lo fue tres años, hasta 1970 cuando decidió dejar el hábito y dedicarse a conocer Europa. En Alemania trabajó en una mina y participó de los movimientos obreros y las revueltas de los años 60. Licenciado en Teología, catedrático en Derecho y licenciado en Filosofía, la docencia universitaria ocupó gran parte de su vida junto a la acción política.

Sufrió un ictus en 2013

No fue hasta el año 1968 cuando este hijo de conductor de autobús y padre de tres hijos, se afilió al PNV. Lo hizo después de comprobar cómo ETA cruzaba la línea roja de la violencia con su primer asesinato. A partir de allí, su formación y su brillante oratoria hicieron que pronto ascendiera en la estructura del partido que llegaría a presidir años después y convertirse en uno de los protagonistas de la Transición española. Diputado en Cortes durante la primera legislatura de la democracia, durante la Cámara Constituyente Arzalluz fue una pieza fundamental en la conformación del actual Estado de las Autonomías y la aprobación del Estatuto de Gernika, verdadero punto de partida del País Vasco moderno que comenzó a forjarse en la reinstauración de la democracia. Arzalluz recordaba con reiteración que ellos dieron pasos que los catalanes no dieron, como el rechazo a la Constitución o la aprobación del Concierto y el Cupo vasco, y que con el paso del tiempo se han demostrado acertados.

Sus discursos, sin embargo, fueron duramente cuestionados por las formaciones constitucionalistas que siempre le acusaron de no condenar suficientemente el terrorismo de ETA. Sus referencias al RH negativo de los vascos o frases como las referidas a las «nueces» que ellos recogían mientras otros «agitaban el árbol», en referencia la violencia, siempre le persiguieron. Arzalluz nunca ocultó su posición independentista pero que supo combinar con una capacidad de diálogo y acuerdo incluso con los más alejados de sus posiciones políticas. Sus pactos alcanzaron desde el PP hasta el PSE o la izquierda abertzale. El acuerdo de investidura que facilitó al primer Gobierno de Aznar en 1996 y tras el cual aseguró haberse entendido mejor con el entonces presidente del PP en 14 minutos que con Felipe González en 14 años, también forman parte de la historia.

Durante su mandato tuvo que gestionar la división del Partido, lo que le dejó una mala relación con el entonces lehendakari Carlos Garaikoetxea, quien luego lideraría Eusko Alkartasuna. Arzalluz siempre lamentó el «desprecio» con el que desde entonces el entorno de EA y posteriormente la izquierda abertzale vio al PNV. También fue bajo su mandato cuando se alcanzaron los acuerdos de Lizarra en los que participó ETA y con los que las formaciones nacionalistas querían forzar la paz en el País Vasco a cambio de pactar pasos hacia la soberanía. El fracaso de la propuesta Arzalluz los achacó siempre a ETA.

Partidario del ‘procés’

La paradoja del calendario ha querido que el singular presidente del PNV fallezca el día en el que el Tribunal Supremo cita a declarar a otro ex presidente del partido, Iñigo Urkullu, en un proceso contra el procés que dividió a las dos ‘almas’ del nacionalismo vascos. Mientras el actual lehendakari siempre ha guardado distancia con el independentismo catalán y el camino unilateral emprendido, Arzalluz se mostró partidario de secundarles. En varias ocasiones cuestionó la «excesiva moderación» en la que el PNV había caído tras la salida de Ibarretxe y el derrocamiento de su ‘plan’. Consideró que el procés catalán era «algo admirable» y digo de elogio.

Quien representaba durante tres décadas al nacionalismo vasco más institucional durante la Transición aún se recuperaba de un ictus. Lo padeció hace cinco años y sus contadas apariciones públicas demostraron que aún conservaba una memoria prodigiosa. Quienes más le trataron aseguran que era elefantiásica y su rapidez argumental y su oratoria fluida, la misma que siempre demostró. Su voz sí había perdido algo de vigor, ya no era tan vehemente, pero continuaba narrando episodios, ironías y recuerdos, que enlazaba uno tras otro, cual enciclopedia de la historia reciente de Euskadi.

Hace tres lustros que el dirigente  vasco abandonó la primera línea del PNV. Lo hizo desgastado, parcialmente derrotado y decepcionado con parte de los suyos.

El Arzalluz actual no se sentía especialmente cómodo en el partido que lideró desde 1980 y hasta 2004 -a excepción del periodo 1985 a 1986-. Tampoco en la formación recurrian mucho a su figura, sólo lo justo. Pero al viejo político lo respetaban por encima de todo. Antes de abandonar Sabin Etxea intentó que su delfín, Joseba Egibar, siguiera sus pasos, su línea más soberanista, pero no logró imponerse en la pugna interna que sucedió a su marcha. Venció la candidatura del moderado y pragmático Josu Jon Imaz. La línea la continuaron después Urkullu y ahora Andoni Ortuzar. Pero el anciano Arzalluz no perdió un ápice del respeto que le profesaban los suyos. Nadie niega que representó como pocos el sentir de los vascos nacionalistas y al que se deben muchos de los logros obtenidos durante la Transición.

De esos años de recuperación de la democracia guardaba un recuerdo grato de Adolfo Suarez, del que siempre subrayó que España no supo reconocer su labor y valentía y que él, en nombre del pueblo vasco intentó reconocer con la entrega de la makila, el símbolo de autoridad del pueblo vasco. Después llegaron Felipe González y José María Aznar, con quienes el entonces ya presidente del PNV se supo entender y desentender hasta que sus aspiraciones soberanistas se cruzaron por el camino y la violencia de ETA embarró el terreno.

Arzalluz continuaba hasta hace poco con la vitalidad intacta. Lo demostró en una de sus últimas apariciones públicas el 26 de marzo de 2017. Con el micrófono de nuevo en la mano y los militantes a sus pies, demostró que el carisma como orador seguía casi intacto. En apenas dos minutos de intervención con motivo del 40 aniversario de la primera asamblea del partido tras el final del franquismo, el ex presidente del EBB arremetió contra la izquierda abertzale y “su desprecio, que es lo que más me ha hecho sufrir”, dijo, y la recomendación que sonó a reprimenda, a los actuales dirigentes del PNV por no reconducir su relación con el principal sindicato en el País Vasco, ELA.

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