Durante el primer trimestre, un total de 57 reclusos murieron en prisión o en el módulo penitenciario de un hospital mientras se encontraban cumpliendo condena, lo que arroja una media de un fallecimiento cada día y medio. De mantenerse esta tendencia en lo que queda de 2019, la cifra final volvería a superar los 200 decesos por segundo año consecutivo, después de que en 2018 se contabilizasen 210 casos.

De acuerdo con los datos facilitados a este diario por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, 39 presos murieron en la cárcel y 18 en centros sanitarios a los que habían sido trasladados para tratar sus dolencias, no registrándose ningún fallecimiento durante los traslados. La cifra entre enero y marzo se eleva a 69 si se contabilizan las defunciones de reclusos controlados con pulseras telemáticas o en periodos de permiso.

Los internos fallecidos durante el primer trimestre del año se encontraban recluidos en 45 recintos penitenciarios -incluidos dos Centros de Inserción Social (CIS), concretamente en Madrid y Málaga- y sus edades oscilaban entre los 78 (Alicante 2) y los 22 años (Álava). Madrid 6 (Aranjuez), El Dueso (Cantabria), Sevilla 1, Puerto 1 (El Puerto de Santa María, Cádiz), Murcia 2, Córdoba y Alicante 2 son algunos de los penales en los que se contabiliza más de una muerte en dicho periodo.

Las cárceles gestionadas por el Ministerio del Interior suman 57 fallecimientos hasta finales de marzo, si bien la tasa española está muy por debajo de la media europea

Instituciones Penitenciarias se apresura a rechazar el alarmismo que podría generar el dato estadístico y subraya que la tasa de fallecimientos en las prisiones se sitúa en tres muertes por cada 1.000 reclusos, muy por debajo de la mortalidad de la población en general que ha certificado el Instituto Nacional de Estadística (INE): 9,1 por cada 1.000 habitantes. Sobre un censo de 46.528.024 personas, un total de 424.523 (214.236 hombres y 210.287 mujeres) murieron durante 2017.

El organismo que dirige Ángel Ortiz también esgrime los resultados que arroja el último informe sobre población carcelaria elaborado por el Consejo de Europa en colaboración con la Escuela de Criminología de la Universidad suiza de Lausanne (UNIL), denominado ‘Space I’ y con datos referidos a 2017. De acuerdo con las conclusiones de este trabajo, en las prisiones europeas se registraron 31 fallecimientos por cada 10.000 reclusos en dicho ejercicio, una tasa que en el caso de España se situó casi en la mitad (19 por cada 10.000 presos).

Menos casos que en Reino Unido y Francia

A la luz de estas estadísticas, la mortalidad en los centros penitenciarios españoles es notablemente inferior a la que presentan otros países del entorno. Así, en Portugal se contabilizan hasta 51 fallecidos por cada 10.000 reclusos; en el Reino Unido, 51 y en Francia e Italia, 22 por cada 10.000 presos.

Si bien Instituciones Penitenciarias excusa detallar la causa de los fallecimientos contabilizados durante el primer trimestre del año al faltar la información de las autopsias y los informes toxicológicos que deben determinar el motivo exacto de las defunciones acaecidas de enero a marzo de este año, las fuentes consultadas reconocen que en 11 de los 57 casos podrían obedecer a suicidios. Tampoco en este capítulo sale malparado el sistema penitenciario español: si 11 de cada 10.000 presos europeos optan por quitarse la vida cuando se encuentran entre rejas, en España la tasa es de 5,3. Francia está ligeramente por encima de la media europea (12,6), mientras que en Reino Unido e Italia se registran 8,3 suicidios por cada 10.000 reclusos.

De acuerdo con los datos relativos a 2017, de los 147 fallecimientos contabilizados (139 hombres y ocho mujeres), los suicidios en las celdas constituyeron el desencadenante en el 18,3 % de los casos (27). La edad media se situó en los 41,1 años y el método mayoritariamente utilizado fue el ahorcamiento, registrándose otra muerte por intoxicación por disolventes y otra por ingesta de psicotrópicos.

«En la población penitenciaria se concentran muchos de los factores de riesgo que la OMS [Organización Mundial de la Salud] asocia al suicidio, tales como rupturas de relaciones y aislamiento social, problemas jurídicos, nivel socioeconómico bajo, abuso de alcohol y drogas, trastornos mentales (depresión y esquizofrenia), trastornos de la personalidad y padecer enfermedades orgánicas graves que acorten la esperanza de vida (sida, tumores…)», expone la Subdirección General de Coordinación de Sanidad Penitenciaria en su informe sobre mortalidad en las prisiones relativo a 2017.

Suicidios y causas naturales

Con diferencia fueron las causas naturales (excluido el sida) el origen del mayor número de decesos contabilizados en dicho año: 87 (el 59,1 %). Así, 24 murieron por cardiopatía isquémica, ocho por hemorragia cerebral, seis por muerte súbita o carcinoma de pulmón, cinco por neumonía o bronconeumonía, cuatro por cirrosis o shock séptico y uno por obesidad mórbida, entre otras patologías.

«Se trabaja para evitar los fallecimientos en prisión, pero muchas muertes son inevitables. Hay que tener en cuenta también que la población penitenciaria, por lo general, presenta una salud más precaria. Tenemos uno de los mejores sistemas penitenciarios», defienden fuentes del Ministerio del Interior. Éstas recuerdan que la Secretaría General cuenta desde los años 90 con una comisión de mortalidad que se reúne una vez al mes para valorar de forma constante la situación.

Funcionarios de Prisiones consideran «escandalosas» las cifras y achacan a la «falta de personal» que la tasa de mortalidad no sea inferior

Desde la asociación de trabajadores penitenciarios ‘Tu abandono me puede matar’ consideran «escandalosas» las cifras de mortalidad que se están registrando en la red penitenciaria española, achacando el repunte en gran medida a la «falta de personal» que sufren las prisiones. «No puedes controlar si el interno tiene más dosis de medicación de la que le corresponde porque haya podido hacer acopio o porque se la haya podido quitar a otro recluso, que haya podido comprar sustancias prohibidas en la cárcel… Al final se aminoran los cacheos, la observación y la vigilancia, y eso se traduce en sobredosis, peleas y suicidios», sostiene Manuel Galisteo, coordinador general de dicha organización.

El colectivo considera imprescindible que se cubran las 3.400 vacantes que -en su opinión- suman los centros penitenciarios como consecuencia de las restricciones presupuestarias aplicadas durante la crisis económica y la falta de reposición de plazas, lo que ha deteriorado las condiciones laborales de la plantilla y ha impedido que se haya podido producir su rejuvenecimiento.

Convocatoria de plazas

Instituciones Penitenciarias ha convocado en los tres últimos años 2.070 plazas en el cuerpo de ayudantes. En la convocatoria de 2019 se han ofertado concretamente 831, a las que aspiraron 13.297 opositores. Los nuevos funcionarios se incorporarán a sus destinos el próximo 11 de junio, según han avanzado fuentes del Ministerio del Interior.

Interior ha avanzado que el próximo año se convocarán casi 1.000 plazas más, al tiempo que subraya que la proporción de funcionarios en relación con los reclusos ha mejorado respecto al ratio que se registraba hace una década: de 5,67 presos por trabajador en 2008 a 4,38 a finales del pasado año. Ello ha sido posible por el notable descenso de la población penitenciaria, que en dicho periodo ha pasado de 63.470 a 50.811 internos (un 20 % menos).