Cuatro cambios de comisario en jefe en menos de un año y medio. Con este balance llega Eduard Sallent a la cúpula de una policía autonómica con varios frentes abiertos: el juicio a sus ex jefes por su participación en el referéndum del 1-O, las críticas por la creación de una «guardia pretoriana» al servicio de Quim Torra, y los problemas sindicales por la infradotación del cuerpo. Un avispero puesto en manos de un jefe que ha ascendido en unas horas a comisario y comisario jefe de los Mossos d’Esquadra, sorprendiendo a propios y extraños por su fulgurante ascenso.

La rueda de prensa convocada ayer en la sede central del departamento de Interior de la Generalitat tenía por objeto, oficialmente, la presentación de los siete nuevos comisarios recién ascendidos. Lo que nadie esperaba es que uno de ellos se convirtiera en nuevo comisario jefe en sustitución de Miquel Esquius, designado para el cargo hace apenas once meses. El propio Esquius se enteró el miércoles de su relevo, que le cogió por sorpresa, como él mismo reconoce en la carta remitida a los miembros del cuerpo tras su relevo.

En la misiva, Esquius afirma que acepta su sustitución con «el mismo sentido del deber» con el que aceptó el cargo hace once meses y se despide agradeciendo el «compromiso y lealtad» de los agentes «hacia nuestra función como servidores públicos». Asegura que ha intentado «recuperar la normalidad institucional» en el cuerpo «desde la neutralidad política».

Sallent promete neutralidad

Su sucesor llega al cargo con la promesa de «sacar del debate partidista» al cuerpo de Mossos, señalado por la CUP y parte de JxCat por las cargas durante el aniversario del 1-O o la retirada de lazos amarillos por orden de la Junta Electoral Central, mientras sindicatos y oposición señalan las órdenes políticas que habrían interferido en esos dispositivos. Pero en su curriculum pesan más los cargos institucionales que la dirección de operativos.

En su época de estudiante, Sallent fue secretario de organización de la Federació Nacional de Estudiants de Catalunya (FNEC),  en una época en la que la secretaria de finanzas no era otra que Elisenda Paluzie, actual presidenta de la ANC. La misma cantera por la que unos años antes habían pasado el presidente de ERC, Oriol Junqueras, o el ex conseller de Interior Joaquim Forn.

La FNEC, que ha felicitado ya al nuevo comisario jefe de los Mossos por su nombramiento, sigue siendo un sindicato implicado en todas las movilizaciones en defensa del proyecto independentista y una de las organizaciones que se suma habitualmente a los paros organizados por la Intersindical-CSC, que dirige Carles Sastre.

Buch destaca de Sallent su “profesionalidad, compromiso con el cuerpo y carácter conciliador» además de una gran «capacidad de innovación». Licenciado en Filosofía de 47 años, Sallent se incorporó al cuerpo hace 22 y desde entonces ha ejercido diversas responsabilidades, la última, como jefe de facto de la Comisaría General de Información, aunque el comisario fuera Manuel Castellví -alto mando de la época de Trapero, apartado de las responsabilidades con la llegada del nuevo gobierno-.

Antes de eso, participó como experto en misiones internacionales en materia de seguridad, bajo mando de la ONU y el Consejo de Europa, y ha sido profesor de la Escuela de Policía de Cataluña, además de dirigir la Comisaría de Relaciones Institucionales. Un perfil, por tanto, mucho más político que el de sus dos antecesores, Miquel Esquius y Ferran López, y con menos experiencia operativa de Josep Lluís Trapero.