Celestino Corbacho, histórico alcalde de Hospitalet, se reencontrará en su vuelta a la política activa con su sucesora al frente de la alcaldía, Nuria Marín, que se perfila como futura presidenta de la Diputación de Barcelona, un cargo que paradójicamente también había ostentado Corbacho. Tras las elecciones del 26M PSC y ERC empatan a 16 diputados provinciales en la Diputación de Barcelona, que durante los dos últimos mandatos había presidido Convergencia. Para recuperar la presidencia de la entidad supramunicipal que maneja el tercer presupuesto institucional de Cataluña -por detrás de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona- los socialistas necesitarán contar, eso sí, con los cuatro diputados de Cs, sumados a los  cinco de los comunes, para frenar la alianza de republicanos y JxCat, con siete representantes. Es decir, que Corbacho tendrá que avalar la presidencia de Marín, la sucesora con la que en los últimos años no se ha ahorrado puyas más o menos sonoras en los medios locales.

El último cruce de reproches se produjo durante la campaña, cuando el ex ministro acudió a apoyar la campaña de Cs en su antigua ciudad y Marín aprovechó para afearle que se presentara a las elecciones en Barcelona sin residir en la capital catalana o que volviera a Hospitalet para hacer campaña por el partido naranja.

Corbacho no tardó en responder en Espejo Público: “lo que debería hacer es aprender de mi, intentar imitarme para ser capaz de hacer alguna cosa más en la vida”. De las críticas de Marín a su fichaje por Cs y su participación en la campaña del partido naranja, concluyó que se trataba de “críticas de bajo nivel” que atribuyó a alguien “que se ha movido poco y tiene percepciones equivocadas”.

Pero la relación empezó a enturbiarse mucho antes, desde el momento en que Corbacho dejó el Ministerio de Trabajo y vio como su partido, el PSC, no le conseguía la salida laboral que había imaginado. Volvió al Parlament como diputado raso mientras su sucesora en la alcaldía despegaba como “capitana” del socialismo catalán, una proyección que siguió con la llegada de Miquel Iceta a la primera secretaría. En 2015 Corbacho deja el Parlament, al no repetir en las listas socialistas, y al año siguiente Marín se convierte en adjunta al Primer Secretario del PSC, Miquel Iceta, en sustitución de Nuria Parlón. Trayectorias cruzadas que han azuzado la rivalidad entre ambos dirigentes.

El choque más descarnado se produjo, sin embargo, cuando Corbacho anunció que abandonaba la militancia en el PSC asegurando que se había sentido marginado por sus antiguos compañeros de partido. Una recriminación que parecía especialmente dirigida a su sucesora en el Ayuntamiento, de la que por aquel entonces afirmaba en el diario local El Llobregat: “A Nuria Marín la puse yo de alcaldesa, no ganó unas primarias, tuvimos que elegir a alguien en 24 horas -cuando fue nombrado ministro- yo hice la propuesta al PSC de que ella fuese la sustituta y los compañeros la aceptaron”.

Mi sombra ha sido siempre alargada y Marín ha intentado alejarse, no sé si lo ha conseguido” afirmó en su momento Corbacho

En la misma entrevista, el ex ministro señalaba además que “creo que mi sombra ha sido siempre muy alargada y que Nuria ha intentado alejarse de la sombra del ciprés. No sé si lo ha conseguido o no, pero a veces se dedican muchas energías a eso y al final los resultados son pobres”.

Con esos precedentes, cuando Corbacho abandonó la militancia del PSC en 2018, Marín tuvo que desmentir públicamente que hubiera “vetado” a su ex jefe. “No he vetado nunca a Corbacho ni a ningún compañero”, aseguró. “Corbacho ha sido un excelente alcalde, con el que he formado parte de su equipo hasta que se fue de ministro. Respeto su opinión y pocos comentarios tengo que hacer, porque tampoco sé muy bien a qué se refiere cuando dice que se ha sentido apartado o poco valorado. Si estamos hablando de sensaciones, es muy complicado entrar a valorar porque cada uno tiene las suyas”.

Candidata a la Generalitat

Más allá de la compleja relación con su predecesor lo cierto es que Nuria Marín es hoy por hoy uno de los más firmes valores del socialismo catalán, hasta el punto de que su nombre fue el más pronunciado para sustituir a Miquel Iceta como candidata a la presidencia de la Generalitat cuando Pedro Sánchez lanzó la fallida operación para colocar a Miquel Iceta en la Presidencia del Senado. Un papel que todavía podría ocupar si finalmente se confirman los rumores que sitúan a Iceta en el próximo Gobierno de Sánchez, aunque el líder del PSC ha insistido por activa y pasiva en que tiene “mucho trabajo en Cataluña” y su objetivo prioritario es desalojar al independentismo de la Generalitat.

La mayoría absoluta recién revalidada en Hospitalet, donde los socialistas han vuelto a crecer como en el resto del cinturón metropolitano de Barcelona, abona esa estrella ascendente de Marín. No es la única alcaldesa metropolitana que ha conseguido la mayoría absoluta, también lo han hecho pesos pesados del partido como Nuria Parlón (Santa Coloma de Gramanet) o Antoni Balmón (Cornellà). Pero ninguno de ellos ha tenido la proyección de Marín en este mandato marcado por el proceso independentista, en el que la alcaldesa de Hospitalet ha sido contundente contra los postulados independentistas, pero no dudó en salir a la calle para frenar las cargas policiales en su municipio el 1-O.

Las constantes ausencias y desplantes de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a responsables económicos especialmente en actos relacionados con la Fira de Barcelona han dado además a Marín la posibilidad de ocupar ese espacio, que la ha convertido en referente institucional del área metropolitana para muchos interlocutores económicos. La presidencia de la Diputación premia ese esfuerzo, dándole proyección más allá del área metropolitana.

Y la Diputación es en ese sentido un cargo de especial simbolismo en la historia reciente del PSC. El “despacho de la abadesa” destinado a su presidente, fue ocupado en su momento por José Montilla, entonces ya primer secretario, que después ocuparía el Ministerio de Industria y la presidencia de la Generalitat. Y después por Corbacho, que también abandonó ese cargo para ocupar un Ministerio en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.