Cinco homicidios en un mes. Desde los momentos más negros de los años 70 y 80 del siglo pasado, antes de que el proyecto olímpico convirtiera el Barrio Chino de Barcelona en centro de atracción turística de la capital catalana, no se había vivido una escalada de delitos violentos comparable a la sufrida en el último mes. El ciudadano de origen chino muerto este fin de semana por una pelea en el Port Olímpic ha obligado al nuevo teniente de alcalde de seguridad, Albert Batlle, a reclamar una reunión de urgencia con los responsables de Mossos para atajar una situación que, según responsables sindicales de Mossos y Guardia Urbana, «se nos ha ido de las manos».

Es l quinta muerte violenta en un mes, una estadística escalofriante que arroja el balance de dos homicidios por arma de fuego, otras dos muertes provocadas por arma blanca y la de este fin de semana, a puñetazos.

La falta de recursos humanos y materiales es el primer motivo señalado desde ambos cuerpos policiales. que acusan la falta de relevos en los últimos años, especialmente acuciante en el caso de la policía autonómica. En el caso de la Guardia Urbana, pesa también la gestión de los últimos cuatro años y el desmantelamiento de unidades como la UPA y los antidisturbios, que incorporaban a urbanos de paisano que combatían los pequeños delitos que se han adueñado, por ejemplo, del Raval.

La incorporación de Batlle al Ayuntamiento es vista como una oportunidad para reconducir la crisis, aunque los sindicatos no se engañan: «los cambios a mejor siempre tardan más, y tenemos un problema estructural. Las medidas de mejora no se empezarán a notar hasta dentro de un año y medio» aseguran los expertos.

Ocho apuñalamientos en un fin de semana

El responsable sindical de policía local de UGT Juan F. Crespin señala que los cuatro años de mandato de Ada Colau al frente del Ayuntamiento han sido «cuatro años de desgaste» de los que ahora se ven las consecuencias. Advierte que los homicidios que han copado las portadas son la muestra de un problema grave, «estructural» y señala como ejemplo que este fin de semana la policía local ha tenido conocimiento de ocho apuñalamientos, aunque solo dos de ellos se han producido en la calle.

«Es un drama» reconoce, señalando en muchos casos la participación de grupos organizados a los que la dejadez del gobierno municipal ha permitido hacerse con el control de determinados barrios. La disolución de las unidades antidisturbios, y las UPA, ha sido determinante en su opinión, porque eran los efectivos que actuaban de paisano en la calle como primera fuerza de choque contra pequeños delitos que han proliferado en los últimos años.

«Los mossos o la policía no están para el pequeño trapicheo de droga o los hurtos, incluso con violencia» señala, era la Guardia Urbana la que frenaba ese tipo de delito que se ha multiplicado. Y al transigir con los pequeños delitos, estos se han agravado, advierte, señalando el incremento de robos con violencia e intimidación. Los robos con fuerza son un 10%, aumentando un 15%, y los robos con violencia o intimidación un 9,3%, aumentando un 31%.

Falta de efectivos

El segundo factor es, sin duda, la falta de efectivos, que castiga especialmente a ambos cuerpos. Los Mossos d’Esquadra llevan siete años sin una nueva promoción de agentes, recuerda el portavoz de USPAC Francesc Vidal. Y la nueva promoción de 500 agentes convocada por el Govern no pisará las calles hasta el próximo año. Los 300 nuevos agentes para Barcelona prometidos por Miquel Buch «tendrán que salir de otras comarcas» lamenta Vidal, todas igual de estresadas por la falta de efectivos.

El Real Decreto de jubilación anticipada de policías locales aprobado por el Gobierno está afectando por igual a ambos cuerpos. La Guardia Urbana de Barcelona ha vivido 300 jubilaciones en la primera mitad de 2019, que no han sido compensadas con nuevas. Pero además, esos policías locales son relevados por mossos, que piden el traslado porque las condiciones de sueldo y horarios son mejores en las policías locales, no en Barcelona, pero sí en otras ciudades catalanas.

En el cuerpo se habla ya de un «éxodo» que agrava el déficit de mossos cifrado oficialmente en 2.000 agentes y que hace imposible que la policía autonómica pueda atender a todas sus obligaciones. En Ciutat Vella (Barcelona) hay una sola patrulla de guardia por las noches. denuncia Vidal, en un momento en que la presencia de grupos organizados extranjeros ha creado una situación de inseguridad «más seria de lo que creemos» advierte.

El último homicidio vivido este fin de semana es reflejo de la situación denunciada por Vidal. Un joven chino de 25 años recibió una paliza mortal en mitad de la calle. Se resolvió así una discusión que minutos antes la víctima, en compañía de otro amigo que resultó herido en un ojo, había mantenido dentro de una discoteca con un grupo de jóvenes, según informó la SER, de origen ruso.

Las cifras de delincuencia de julio en la Ciudad Condal son demoledoras. Se cometen más de 20 delitos por hora, la mayoría, como es obvio, no cruentos, hurtos y tirones a decenas, pero que la estadística vaya coronada por cinco homicidios avala la decisión de Interior de destinar a 320 agentes a Barcelona. El problema es que no está prevista su llegada hasta finales de verano, cuando los indicios de que la ciudad sufre una metástasis delictiva son claros desde hace un par de años, como mínimo.

En la última reunión de la Junta de Seguridad Local, hace dos semanas, Colau y Buch dieron por acreditado un incremento del 30% de los robos con violencia. Los delitos aumentaron un 25% en Barcelona el año pasado, hasta los 222.700 y en lo que va de 2019 han crecido de nuevo en un 9%. La inmensa mayoría son delitos contra el patrimonio, el 80% hurtos.