Tronco de un árbol del chicle en la selva de Guatemala

Tronco de un árbol del chicle en la selva de Guatemala

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Cuando los chicles venían de los árboles

La industria del chicle era tan grande en Centroamérica que la resina del "Manilkara Zapota" era considerada como "el oro blanco"

«Edulcorantes, xilitol, sorbitol, aspartamo, manitol, acesulfamo k, sucralosa, goma base, humectante glicerina, espesante goma arábiga, aromas, emulgente lecitina de soja, agente de recubrimiento cera de carnauba, antioxidante bha. Contiene una fuente de fenilalanina». No, no estamos en ningún laboratorio ni estamos hablando de medicamentos extraños. Simplemente es la etiqueta de un paquete de chicles de menta.

Todo eso es lo que uno se lleva a la boca cuando mastica un chicle. Pero hubo un tiempo en el que la goma de mascar era bastante más natural. Tanto, que venía de los árboles. En concreto, de las selvas centroamericanas del Gran Petén. Del árbol Manilkara Zapota.

En los años 50 la industria del chicle era tan grande que en México, Guatemala y Belice que la sustancia se conocía como el oro blanco»

Cuando los exploradores españoles llegaron a la Península del Yucatán, lo que comprende actualmente el sur de México, Guatemala y Belice, los mayas ya mascaban la resina de este árbol. Masticaban esa savia que en el idioma náhuatl se conocía como tzictli, el origen de la palabra chicle que utilizamos en la actualidadSin embargo, no fue hasta el siglo XX cuando se expandió la moda de masticar chicles de sabores.

Los soldados estadounidenses que lucharon en la Segunda Guerra Mundial llevaron chicles a cada rincón del planeta. A la gente le gustaba mascar esa goma: entretenía, endulzaba la boca, dejaba un buen sabor e incluso se podían hacer globos. Acabada la gran guerra, Centroamérica empezó a exportar toneladas y toneladas de la resina del Manilkara Zapota. Se hizo tan popular que los árboles del Yucatán difícilmente daban abasto, por lo que se empezaron a buscar vías para cubrir la demanda. Y así es como nació la goma sintética. Adiós, chicles naturales. Hola, goma base, humectante glicerina y espesante goma arábiga.

«En los años 50 la industria del chicle era tan grande que en México, Guatemala y Belice que la sustancia se conocía como el oro blanco», explica a El Independiente el experto en ecoturismo de Guatemala Emilio Faillace mientras muestra los cortes que se hacían en los árboles para extraer la resina.

¿Cómo se extraía la resina del árbol?

Los jornaleros se subían al árbol con un machete y empezaban a hacer cortes diagonales en el tronco. De esas grietas empezaba a salir la savia, que caía lentamente por los surcos haciendo zigzags hasta acabar en los sacos que se colocaban en el suelo. Esa pasta se hervía después para eliminar el agua y se aromatizaba con sabores como miel, chocolate o achiote -alimentos locales- porque la savia apenas tiene sabor. El siguiente paso era formar grandes bloques a modo de ladrillos para transportarlos.

«Los hombres que se dedicaban a esto se metían en la selva durante la época lluviosa, que eran como nueve meses. Estar nueve meses en la selva subido a un árbol es muy duro», recuerda Emilio Faillace. «Hoy en día se está intentando recuperar una pequeña industria, pero mucha gente no quiere volver a ese trabajo porque era muy duro», añade en la Reserva de la biosfera maya, en el norte de Guatemala.

Actualmente en España se puede comprar chicle natural a través de internet. La empresa Chicza, por ejemplo, vende paquetes de 12 unidades por menos de tres euros. Además, esta goma de mascar que se comercializa es 100 por cien biodegradable y no se pega a los zapatos ni al suelo.

El fruto del árbol del chicle

El fruto del árbol del chicle Daniel di Palma

El árbol Manilkara Zapota es muy alto -en la selva de Petén se ven de más de 25 metros-, frondoso y crece en zonas muy húmedas. «Además de esta resina, proporciona madera muy dura que se puede utilizar para construir», cuenta Mynor Olivares, guía del Parque Natural de Yaxhá en Guatemala. «Los antiguos mayas utilizaron madera de este árbol para reforzar sus edificios. Se han encontrado dinteles de esta madera tallados en templos y palacios».

Pero eran otros tiempos. Ahora estos árboles del Yucatán descansan ya tranquilos. Por suerte para ellos, ni los edificios se construyen con su madera ni los chicles se fabrican con su resina.

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