Julio Anguita, de 77 años, responde a las preguntas de El Independiente por teléfono desde su vivienda en el centro de Córdoba, ciudad de la que fue primer alcalde democrático de 1979 a 1986. «Hoy va a hacer 38 grados así que estoy aquí fresquito». Después de la experiencia municipal lideró IU en Andalucía, primero, y a nivel estatal después. En 2000 se retiró tras sufrir varios infartos, el primero en 1993. No tiene Twitter y asegura que nunca ha coincidido en un acto con Íñigo Errejón.

Pregunta.- Se le criticó mucho hace un año por firmar un artículo junto a Manolo Monereo y Héctor Illueca en el que apoyaba un decreto italiano contra las deslocalizaciones empresariales y la ludopatía. Ahora el Gobierno italiano ha estallado durante la crisis del Open Arms.

Respuesta.- Salvini está mostrándose como el exponente de la visión egoísta que tienen tanto él como la Unión Europea. Él da la cara mientras Suecia, Finlandia, etcétera creen que ese problema compete solo a los países de Europa del Sur. Todavía tengo algo que decir al respecto: si mañana un señor malvado hace algo que es correcto, decimos que es correcto aunque sea un malvado. Pero como en nuestro país seguimos todavía con las características de la Inquisición, no se argumenta sino que se ataca ad hominem. Dijimos en los artículos que no estábamos de acuerdo con Salvini sino con aquella medida.

Y a lo que íbamos: Salvini representa una visión que se apodera de grandes partes de la población. Esto todavía no es fascismo aunque se le parece: los judíos, los negros, los extranjeros tienen la culpa. Son salidas como en la Edad Media, propias de crisis económicas en las que los que detentan el poder económico derivan el miedo hacia minorías y la gente los sigue. Hasta que no impere la racionalidad y la izquierda no diga firme que la UE actúa contra sus propios principios fundamentales, no hay nada que hacer.

Salvini es un cafre pero ¿qué pasa con la UE y sus campos de concentración en Turquía?»

P.– El llamado Decreto Dignidad o políticas similares, ¿no son muy difíciles de aplicar si dependen del apoyo de la extrema derecha?

R.- Yo hablé de una medida muy concreta, de una medida económica. El problema es que Salvini es primario y primitivo. Y sin eludir la cuestión: ¿y qué pasa con la Unión Europea? ¿Qué pasa con los campos de concentración de Turquía? ¿Quién los ha puesto? ¿Qué dicen los gobiernos del norte de Europa? Que es una cuestión del sur. Salvini es un cafre y es condenable pero ¿dónde están los buenos países? Está viniendo gente que pasa hambre, como había gente que hasta hace poco venía porque huía de la guerra. ¿Cuál es la posición de la UE? Nos miramos el ombligo, encontramos a un cafre como Salvini y echamos sobre él la responsabilidad de todos.

P.- En las redes sociales en España se leen cada vez más comentarios de la cuerda de Vox en los que se apunta directamente al Open Arms como “negocio”, por ejemplo. ¿Algo está cambiando?

R.- Sí, porque hay fuerzas y personas racistas interesadas, y usan estos medios. Sin embargo no hay una respuesta organizada por parte de quien debiera estar desmontando uno a uno los argumentos de esta gente. La izquierda ha perdido nervio, está desfondada, no sabe adónde ir, se ha perdido el sentido de la organicidad y el de la lucha ideológica, completamente abandonada. Así que naturalmente a esa ofensiva racista hay que oponer otra con datos. Y los datos son incontestables. Fíjese cómo está la izquierda: desarbolada.

La izquierda tiene que volver a los comités de barrio, de fábrica, de provincia»

P.– ¿La izquierda en Europa o en España?

R.-La izquierda en general, pero en España más. En Europa está totalmente desorientada también: aceptó los valores hegemónicos del neoliberalismo, la competitividad de tipo darwinista y el crecimiento sostenido. Así la izquierda pasa a ser derecha sin darse cuenta.

P.– ¿También Unidas Podemos?

R.– Unidas Podemos tiene un problema común de la izquierda: divisiones, temor, desorganización. La izquierda está desorganizada. ¿Por qué? Porque tal vez se pensó que su fuerza residía en las ruedas de prensa, mensajes en los medios o en las redes… Su fuerza está en la organización territorial. Allí donde esté un militante está la izquierda. Hay que volver a organizarse en comités de barrio, de fábrica, de provincia… Que la gente debata, participe democráticamente en las decisiones y que después asuma la disciplina.

P.- Volvamos a la inmigración. ¿Qué le ha parecido la gestión del Open Arms por parte del Gobierno de España?

R.- Deprimente, pero esto no es ninguna novedad. Como la exhumación de Franco ocurrió parecido: el año pasado escribí un artículo titulado Tarde, Mal y ¿Nunca? Me replicaron que si era un bárbaro, pero ahí está Franco, en el Valle de los Caídos. El Gobierno ante los problemas sale de pronto, da una rueda de prensa y después los problemas siguen coleando. Made in Pedro Sánchez. Como las declaraciones sobre el Open Arms de la señora Carmen Calvo, declaraciones que podían realizarse de manera mucho más digna.

Carmen Calvo podía hacer declaraciones sobre el Open Arms con mucha más dignidad»

P.– Ahora que me habla de Calvo, la principal negociadora del PSOE, ¿ve usted el Gobierno de coalición?

R.– Mire, hace cinco meses publiqué que es imposible el Gobierno de coalición. Diría más: metafísicamente imposible. A no ser que Unidas Podemos dijera: bueno, me voy a plegar a todo lo que se apruebe, no voy a tener niguna responsabilidad, no voy a asistir a los Consejos de Ministros. ¿Por qué es imposible? Porque el PSOE no se lo puede permitir. Aquí le doy la razón a Pedro Sánchez, sin para nada alabarlo: cuando decimos que 20 de los 28 estados miembros de la UE tienen coalición, hay que precisar que ninguno de esos 20 tuvo la Transición, las corrupciones del Rey emérito, las cloacas del Estado, los privilegios a la banca o los escándalos de todo tipo que vienen salpicando nuestra democracia desde la Transición… Y ya no es solo esto: cuando alguien como Unidas Podemos pretende subir el salario mínimo, gestionar el Ministerio de Trabajo… sigue siendo imposible. Es como pedir la Luna.

P.– Un sector de IU defiende un pacto programático…

R.– Esa vía también es imposible. El PSOE, cuando aprobó con Podemos los Presupuestos Generales, no ha cumplido muchos de sus extremos; y recuerdo que el PSOE no es de fiar, porque en la oposición afirma una cosa y cuando llega al poder pacta con la derecha y hace otra cosa, como por cierto sucede en Portugal. La izquierda tiene un pánico cerval a asumir una realidad: con el PSOE, que no es el de antes de 1979, seguimos dominados por las siglas; ese partido tiene una trayectoria que hace imposible que pueda desarrollar políticas de izquierdas. Con el PSOE se puede llegar a un acuerdo en un ayuntamiento o apoyar una ley, pero gobernar o llegar a un pacto es imposible. ¿No lo hemos visto en las últimas décadas?

Ninguno de los 20 de 28 estados de la UE con coalición tuvo la Transición o las cloacas»

P.- ¿Y qué le queda a Unidas Podemos?

R.- Pues estoy preparando un artículo precisamente para la próxima semana…

P.- Denos un avance.

R.– Hemos sido derrotados. Y la derrota escuece porque los valores del neoliberalismo se han impuesto: la gente ve el trabajo como un privilegio y no como un derecho. ¿Qué hubiesen dicho los sindicatos hace 20 años sobre los contratos actuales? Tenemos que asumir que vamos a una travesía en el desierto. Que no nos dé miedo.

La travesía es inexorable y solo se puede hacer de dos formas: una, organizar esa travesía con organización, estrategia y un colectivo dirigente cual Moisés; dos: a través de la desunión, el enfrentamiento, el narcisismo político y el cainismo. Así que optemos: o enfrentados y teniendo miedo u organizados. Si optamos por lo segundo, el desierto no va a ser para tanto: este país está cogido con hilvanes, tiene mil y un problemas de tipo estructural, social, económico y político que van a desatarse una vez se forme el Gobierno.

P.- Dicen que Errejón quiere lanzar un partido a nivel estatal.

R.– Bueno, ya acabo de contestar. Necesitamos unos Estados Generales de la izquierda: sentarnos sin prisas, hablar y repensar el proyecto. Y cuando lleguemos a una unidad de proyecto, programa con los matices y la pluralidad inherentes, actitud en las instituciones y sentido de la movilización, eso ya será otra cosa. Esto de la unidad de la izquierda con el PSOE yo ya lo viví: cuando Felipe González pudo pactar conmigo prefirió a Jordi Pujol. Ya nadie se acuerda de eso. Vivimos al día pero esto es historia muy reciente.

Cuando Felipe González pudo pactar conmigo prefirió hacerlo con Jordi Pujol»

P.– ¿Entonces vamos a elecciones?

R.- Claro. Si estamos ya en el desierto: los presupuestos y las ideas de la izquierda, la solidaridad, los derechos… ¿todo eso cómo se ve, como derechos o privilegios? Las empresas no dan trabajo por ser generosas, dan trabajo porque necesitan a los trabajadores. Estamos derrotados. Ahora: o lo asumimos y nos organizamos o seguimos como estamos.

P.– ¿Se lo ha dicho a Pablo Iglesias?

R.– No, la última vez que le escribí fue para felicitarle por una intervención suya, no recuerdo cuál. También para felicitarle por el nacimiento de su tercer hijo. Sobre mi punto de vista, lo publico regularmente en artículos y supongo que se leerán. Esto mismo conté el otro día en Russia Today.

P.– ¿Deberían juntarse Iglesias y Errejón?

R.– No no, con eso de juntarnos desviamos el tiro. Se trata de sentarnos con tiempo, que es una de las ventajas de la travesía en el desierto: el tiempo. ¿Qué nos une? No solo las reivindicaciones económicas o sociales sino también lo nuevo que está ahí: los retos ante el cambio climático y la responsabilidad de los pueblos ante el mismo. Decir a la gente: vamos a dar respuesta a esto. Y una vez que la izquierda plural -plural, no una organización única- tenga un proyecto, podrá acordar cosas como tener organización. No solo fiarse de ruedas de prensa, de tweets, de Facebook, de las reuniones de cuatro dirigentes en pasillos. No se pueden licenciar las legiones: sin ellas no hay organización. La confluencia tiene que decidirse después.

Una de las ventajas de la travesía en el desierto inexorable es el tiempo para organizarse»

P.– Todo eso en el largo plazo. En el corto, ¿la repetición electoral es inminente?

R.– Sí. Por lógica: un señor que no tiene mayoría absoluta, que tiene 123 diputados y que necesita -insisto: necesita- a los demás y por tanto tiene la obligación política o moral de formar gobierno, está instalado en su torre de marfil esperando a que el resto acuda a rendirle homenaje; sin disimular su preferencia por Ciudadanos o el PP. Si ahora se presenta y hay un programa, que se juzgue si merece la pena. ¿Mi opinión? No me fío en absoluto porque veo la hoja de servicios del PSOE desde la época de Felipe González. Además con un gobierno tan vacilante: Franco, la inmigración… a mi no me merece crédito. Ciertas organizaciones tienen miedo de que haya elecciones. Pues, ¿qué le vamos a hacer? ¿Por las elecciones hay que ceder, hay que perder prestigio, valores?

P.– ¿Sigue militando en IU? ¿Trata con Alberto Garzón?

R.– Soy militante de IU y del PCE. Con Garzón coincido en actos, correspondencia, en alguna ocasión alguna diferencia como es normal…

El régimen sigue mandando en Andalucía, con unas gotitas religiosas o taurinas»

P.– Usted vive jubilado en Córdoba. ¿Qué le parece la andadura del Gobierno andaluz de PP y Cs con apoyo exterior de Vox?

R.– El régimen sigue mandando (ríe). Yo distingo izquierda y derecha en función de lo que hacen: hay continuidad con unas gotitas más de cuestión religiosa o taurina. Los programas económicos y sociales, que son los que a mi me importan, permanecen. Entre el PP y el PSOE hay diferencias, quién las niega: pero en lo económico-social no hay grandes matices. ¿O no debería Sánchez de estar derogando la reforma laboral si hubiera matices?