Se le ha visto estos días a caballo en la contracumbre del G-7 entre Irún y Hendaya, dos localidades vascas que podrían ser una separadas por el Río Bidasoa y por una frontera internacional. Y su nombre pasó bastante desapercibido la semana pasada, cuando Unidas Podemos decidió mover ficha y enviar una propuesta al PSOE «para retomar las negociaciones» allí donde encallaron el pasado 24 de julio; pero la inclusión repentina del diputado de Equo Juantxo López de Uralde en el equipo negociador, junto a Pablo Iglesias o Pablo Echenique, es más que un gesto simbólico.

Uralde (San Sebastián, 1963), ex director de Greenpeace durante la primera década del siglo (2001-2010), mantiene una excelente relación personal con la presidenta del PSOE, Cristina Narbona. Una relación cimentada por el estrambótico paso por una cárcel de Dinamarca del activista ecologista en las Navidades de 2009: Uralde y otros dos activistas fueron detenidos el 18 de diciembre de aquel año por irrumpir durante la cumbre del clima en una cena de gala oficiada en Copenhague a la que asistieron líderes mundiales como José Luis Rodríguez Zapatero, Luiz Inácio Lula da Silva, Nicolas Sarkozy, Angela Merkel, Gordon Brown o Hugo Chávez.

Narbona intercedió por él en Dinamarca cuando fue detenido en 2009

La intrahistoria de su liberación no es tan conocida: los miembros de Greenpeace son incomunicados en la prisión danesa y no saldrán hasta pasados 20 días, ya con el nuevo año. Una estancia que podría haber durado mucho más de no haber mediado entre Dinamarca y el Gobierno de Zapatero la figura de Cristina Narbona, quien al parecer se volcó para excarcelar a los reos. Contribuyó a su liberación el ex ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos. En 2012, Dinamarca tuvo que indemnizar a Uralde porque la sanción fue «desproporcionada».

El fundador de Equo no ha podido contestar a El Independiente al hallarse atareado durante la contracumbre del G-7. Pero sí compañeros suyos de la coalición confederal, que lo califican de «PSOE-friendly» y ven en él un as en la manga de Iglesias para distender la actual relación de desconfianza entre el secretario general de Podemos y Pedro Sánchez. Desconfianza que, lejos de amainar, cada vez parece más difícil de cicatrizar.

Greenpeace la tildó de la «mejor ministra de Medio Ambiente de la democracia»

Las mismas personas recuerdan que Narbona (Madrid, 1951) fue pionera como secretaria de Estado de Medio Ambiente y Vivienda (1993-1996) en abrir los resortes de la Administración General del Estado a la denominada «sociedad civil». De esa vocación de transparencia nació en abril de 1994 el Consejo Asesor de Medio Ambiente, que contó con 36 asociaciones incluyendo a Greenpeace. Eran otros tiempos.

La relación de ambos se estrechó casi 10 años después, cuando Cristina Narbona fue nombrada ministra de Medio Ambiente con Zapatero (2004-2008). Uralde ya lideraba Greenpeace en España. Y nunca las relaciones entre los colectivos ecologistas y el Ejecutivo fueron tan estrechas como en aquel cuatrienio: la actual presidenta del PSOE se fajó en aplicar la Ley de Costas de 1988 sobre 3.000 kilómetros de litoral en España que se mantenían en un limbo, decisión que la enfrentó a la Junta de Andalucía presidida entonces por Manuel Chaves por la construcción del hotel en la Playa del Algarrobico. Narbona consideró que aquella aberración urbanística incumplía la ley en el Parque Natural del Cabo de Gata, en Almería.

Narbona se ganó a las ONG con la Ley de Montes o de Biodiversidad

Igualmente, promovió la Ley de Biodiversidad y la Ley de Montes, esta última derogada por el PP y que impedía urbanizar durante 30 años sobre las áreas que hubieran sufrido un incendio. A pesar de algunas rencillas sobre la central nuclear de Garoña, Greenpeace tildó de «error» la sustitución de Narbona por Elena Espinosa. «Ni ella ni su equipo merecían tanto castigo», lamentaron esta organización y WWF/Adena en un comunicado, en el que definieron a Narbona como «la mejor ministra de Medio Ambiente de la democracia».

Más allá de esta relación, los consultados ponen en valor la figura del fundador de Equo, cuyo partido creado en 2010 atraviesa un momento difícil corroído por las divisiones entre los que quieren aliarse con Podemos, con Íñigo Errejón, con IU o con ninguno de los tres (como sucede en Andalucía). El 20 de agosto UP lo integró en el equipo de los seis negociadores, junto a Echenique, Ione Belarra, Jaume Asens, Yolanda Díaz o Enrique Santiago.

Corpulento y suave

A pesar de su corpulencia, López de Uralde es afable en el trato y sabe discutir, inciden. «Hay margen para negociar, pero no hay que dejarlo para última hora», apremió el diputado de Equo la semana pasada en La Sexta. Su contribución en asuntos medioambientales -una de las carteras clave para los morados por su simbolismo político- es trascendental en estos momentos.

Como partido, Equo no ha conseguido despegar en solitario pero ha llegado muy lejos tejiendo diversas alianzas en sus nueve años de historia. La concejala de Manuela Carmena, Inés Sabanés, es la adalid de Madrid Central, el área de la capital vetada a los coches que José Luis Martínez-Almeida y Begoña Villacís trataron de paralizar infructuosamente, al ser tumbada la moratoria municipal en los tribunales. Lo mismo que Giuseppe Grezzi en Valencia: el concejal de Medio Ambiente de Equo viajó en las listas de Compromís y ha transformado la ciudad del Turia al llenarla de carriles bici segregados. Ahora llega el turno de Juantxo.