«República de km.0», «tupper constituyente» o «república de Ikea». Si por algo se ha caracterizado hasta ahora el proceso independentista catalán es por la habilidad de sus impulsores a la hora de buscar eslóganes e imágenes con las que enganchar a miles de seguidores. El «tsunami democrático» al que esta semana se han sumado de forma entusiasta los líderes de ERC, JxCat o la CUP es el último ejemplo. Y de ello ha tomado buena nota el cantautor Lluís Llach, escogido por Quim Torra líder y alma matter del proceso constituyente catalán.

Llach ha iniciado la segunda fase de la redacción de la futura constitución catalana -a falta de independencia, se multiplican los proyectos constitucionales- con una serie de charlas en las que explica cómo iniciar las asambleas locales que deben nutrir de contenido la constitución de la futura república catalana; y conceptos como la república de Ikea, la reunión del tupperware o la política de km.0 no podían faltar.

Tras el fracaso del «Consejo Asesor del Fórum Cívico y Social para el Debate Constituyente» con el que Quim Torra pretendió dar respuesta a las exigencias de la CUP, asegurando que ya se trabajaba en el advenimiento de la república, Llach ha encontrado ahora una vía más asequible para mantener esa movilización permanente de las bases a la que el independentismo fía sus menguantes esperanzas.

El Fórum, disuelto con todos los honores hace unas semanas en el Palau de la Generalitat, se transforma ahora en una serie de asambleas locales para debatir sobre la futura Cataluña independiente. Asambleas que el propio Llach ha empezado a predicar, evidentemente en Girona, con todo un arsenal de eslóganes populares.

En la capital del Onyar, y zona cero del independentismo catalán, Llach propuso fomentar estas reuniones siguiendo el esquema de las míticas reuniones de tupper ware, más recientemente reconvertidas a reuniones tupper sex. El objetivo, esa vez, no sería la venta de potes de cocina o de juguetes sexuales en la confianza de un domicilio conocido y rodeado de amigos a los que se incorpora a la venta por el boca oreja, sino el debate sobre la futura república.

Una «república de Ikea» es decir, hecha a medida por uno mismo, con el orgullo que eso genera en el flamante montador de un armario de la inclita marca sueca de muebles lowcost. Y pensada «desde el territorio» es decir, de km.O, como las verduras y los platos de los restaurantes con cartas a la última. Debatida en cada rincón de Cataluña, a partir de 52 asambleas que cubran todas las comarcas catalanas y los distritos de Barcelona.

Un debate propositivo y compatible con la desobediencia civil que reclama el Tsunami Democrático, ha asegurado Llach en la presentación de la «coordinadora d’enteses«, esto es, la coordinadora de asambleas de tupperware constituyente, que el ex diputado ha presentado en el Ateneo barcelonés junto a la también ex diputada de la CUP, Gabriela Serra.

Ante la prensa, Llach ha insistido en que el objetivo de estos debates no es «hacer una Constitución», ya que esto «depende del Parlament o de una asamblea constituyente», sino articular «las bases y principios en los que se debería inspirar» una hipotética carta magna catalana.

Llach ha defendido que esta iniciativa «va más allá del movimiento independentista» y es «muy transversal», en una sociedad catalana con «porcentajes altísimos» de gente que se siente «republicana» y que defiende, ha dicho, «el derecho a decidir».