Historiador especializado en la historia política y cultural de la España contemporánea, Benoît Pellistrandi se asuma al «Laberinto catalán» en su último libro con el objetivo de disipar malentendidos y asegurar que hay salida a ese laberinto porque «hay mucha racionalidad en la crisis catalana, mucha más de lo que el público ha podido creer». Por eso subtitula su ensayo «Arqueología de un conflicto superable» pese a ser consciente de lo enraizado del conflicto y de la división que genera. Lo ha vivido en sus propias carnes, durante la promoción de este libro que ha podido presentar en toda Francia «menos en Perpiñán», a pesar de que la editorial tiene su sede social allí.

Ninguna librería ha aceptado hacer la presentación social del libro, «por el ambiente caldeado por la presencia del nacionalismo catalán en el departamento de Pirineos Orientales» reconoce el autor. El nacionalismo catalán «tiene mucha fuerza en este departamento, no olvidemos que al fin y al cambo las urnas estaban escondidas en este departamento francés» explica Pellistrandi. Una influencia fomentada por la política de subvenciones de la Generalitat, pero que también tiene «razones folclóricas y estructurales; frente al sentimiento de abandono de las regiones periféricas el relato independentista propone una perspectiva de futuro. Viene a llenar la ausencia de un proyecto político nacional francés».

Pregunta.- ¿El independentismo ha ganado la batalla del relato en el exterior?

Respuesta.- Creo que no, a pesar de la propaganda y de sus éxitos propagandísticos. Ha habido una cierta simpatía hacia las reivindicaciones catalanistas, pero cuando las han entendido, cuando han visto que se trataba de la solicitud de una región de quedarse con sus riquezas y no compartirlas con el resto, cuando se han dado cuenta de las derivas etnicistas que podía conllevar el nacionalismo catalán creo que ha perdido mucho prestigio en Francia.

Por otra parte, la descalificación excesiva hacia España se ha vuelto en contra de ellos. Es difícil hacer creer a los europeos que España se puede comparar con la Unión Soviética, que oprime a los pueblos o que es un poder dictatorial. La realidad democrática de España se conoce en Europa y se respeta, por eso al final han perdido la batalla del relato.

Es difícil hacer creer a los europeos que España es la Unión Soviética, oprime a los pueblos o es un poder dictatorial

P.- ¿Entonces cómo se explican los manifiestos firmados el pasado mayo por unos sesenta senadores franceses, y este septiembre por 50 diputados en defensa del independentismo?

R.- Los senadores sí tuvieron eco mediático porque era la primera, los diputados apenas lo han tenido. El problema se explica por esa política de información sesgada hacia ciertas personas. En el manifiesto de los diputados decían que no quieren entrar en el fondo de la cuestión, y denuncian que hay políticos presos, pero no quieren saber el fondo no ven que no es un problema con la opción política del independentismo. Es evidente que ha habido una manipulación.

P.- Parece que se ha producido una disociación, cierta opinión pública europea y muchos  medios de comunicación compraron el relato independentista pero no así los gobiernos.

R.- Eso se ha producido de una manera muy clara en Francia. Es llamativo que cuando Torra manda una carta a mandatarios como el Papa, Xi Jinping y a diversos mandatarios europeos, no la manda al presidente Macron porque sabe que Francia no se moverá ni un ápice en el respeto a la integridad territorial de España. Y esto plantea un problema geopolítico enorme para el independentismo catalán. Imagine que Cataluña llegue a la independencia, tendrá que negociar con Francia, eso forma parte de la ceguera geopolítica de los catalanes que confunden sus sueños con la realidad y han tomado los éxitos de sus campañas de propaganda como una manera de hacer mover líneas estatales que no se habían movido en absoluto.

P.- En su libro describe el procés como una rebelión contra una democracia liberal ¿lo asocia en este sentido con movimientos iliberales como el de Salvini o Johnson?

R.- Desde luego. Todo eso se hace a base de una campaña de desinformacion donde los hechos son absolutamente manipulados, no estamos en un debate racional y contradictorio sino en el mundo de las emociones. Sobre todo si comparamos con el Brexit, son campañas que no evocan el futuro y las consecuencias del acontecimiento, solo tergiversan el pasado. Aquí hay un paralelismo con los populismos europeos.

El procés se hace sobre una campaña de desinformación donde los hechos son absolutamente manipulados, como en el Brexit

El hecho de que el independentismo se haya volcado contra la Constitución significa que se vuelca contra las garantías democráticas de los ciudadanos. La cuestión principal es saber qué da los derechos, ¿la constitución o el territorio? En el caso español es la Constitución, en el caso del nacionalismo catalán, creen que Cataluña en sí da derechos políticos. Pero lo dicen sin llegar al final del razonamiento, porque si tal es el caso, la identidad catalana, es decir la etnia, da los derechos de ciudadanía. Es decir, será catalán y tendrá los derechos el que tenga los cuatro abuelos catalanes, y eso es un principio etnicista que choca con el bagaje democrático europeo.

Por tanto, que no hablen de profundización de la democracia liberal porque es lo contrario, va en contra de la idea de democracia liberal, en la que el ciudadano es en sí portador de derechos porque existe una Constitución, y no una definición territorial del ciudadano.

P.- ¿Se entiende fuera de España que el independentismo no es mayoritario en Cataluña o se ha impuesto la visión dialéctica de Cataluña contra España?

R.- Al principio la gente pensaba que era una reivindicación de los catalanes. Cuando explicas que la sociedad catalana está profundamente dividida se dan cuenta de la complejidad del problema. En definitiva, los nacionalistas han confiscado la palabra Cataluña y definen el verdadero catalán como el amigo de la causa secesionista. Así llegan a una visión de la política dividida entre amigos y enemigos, nacionalistas y traidores -los famosos botiflers-. La política no es un combate entre enemigos sino la búsqueda de una solución razonada a través de la vía mayoritaria pero respetando a las minorías.

Es una muy buena noticia para Europa que no haya triunfado la independencia de Cataluña, querían hacer una república sectaria

Afortunadamente no ha habido independencia catalana porque las consecuencias hubieran sido dramáticas en Cataluña, los ciudadanos se hubieran visto marginados, los derechos se hubieran visto vulnerados, hubiera sido atroz. Es una muy buena noticia para Europa que no haya ocurrido porque la república catalana que querían hacer era sectaria y muy poco respetuosa de los derechos de los individuos, sobre todo los discrepantes.

P.- Usted llega a la conclusión de que el éxito del Estado Autonómico es el que provoca la deriva del nacionalismo hacia el independentismo porque ven en ese éxito el fin de sus aspiraciones.

R.- Sí, el Estado Autonómico casi muere de éxito por una razón mecánica y electoral. Un partido nacionalista para seguir vivo siempre tiene que apostar más. En el umbral del 2000, con todas las transferencias hechas, vascos y catalanes tienen la impresión de que ya no se les distingue del resto de los españoles y lo que quieren es tener esa distinción política. La tienen en el peso parlamentario, porque el PNV y CiU eran claves en la configuración de algunas mayorías, pero concluyen que si el Estado Autonómico se convierte en un estado estructuralmente acabado el catalanismo y el nacionalismo vasco perdían mucho peso en la vida política española.

P.- ¿Qué han hecho mal los sucesivos gobiernos españoles el todo este proceso?

R.- Muchas cosas. Una de las primeras, cuando PNV y CiU se convierten en necesarios para la gobernabilidad de España, no comprometerles con el Gobierno con ministros nacionalistas. Para cualquier extranjero es incomprensible que el PNV aprobara los Presupuestos de Rajoy y 15 días después vote una moción de censura. No comprometerles no solo con la gobernabilidad sino con el gobierno de España.

Fue un error de PP y PSOE no comprometer a los nacionalistas no solo con la gobernabilidad sino con el Gobierno de España»

Lo segundo son las excesivas concesiones, sobre todo en tema de educación. Se ha construido un sistema que ha dado a los partidos nacionalistas el control del programa en la escuela. Lo vimos con la Ley de Política Lingüística de Jordi Pujol que no está recurrida aunque era claramente inconstitucional porque el PP necesitaba los votos de CiU.

El tercer error es la crisis del PSOE y sobre todo la crisis del PSC. El socialismo ha perdido su capacidad de ser un brazo articulador entre Cataluña y el resto de España, primero por la división en el PSC y ahora por razones electorales. En las últimas generales PSOE y PP consiguieron en Cataluña el 30% de los votos cuando en 2004 el PSOE consiguió el 45% de los votos. El balance del tripartito es profundamente negativo.

Y la política de Rajoy fue nefasta. No quiso entender el problema, creyó que Artur Mas iba de farol si no vio que si no se le paraba podíamos caer en la grave crisis que hemos tenido. Ha habido demasiada inercia y se han trasalado a la justicia responsabilidades del Gobierno. Si en 2011 el no hubiera tenido mayoría absoluta y hubiera necesitado los votos de CiU la historia de Cataluña hubiera sido totalmente distinta.

P.- ¿Y los pecados de la parte catalana?

R.- No se puede olvidar la profunda deslealtad del gobierno catalán, empezando por Artur Mas.

P.- Se refiere a la consulta del 9N?

No se puede olvidar la profunda deslealtad del gobierno catalán, empezando por Artur Mas»

R.- Y su idea de alianza de los nacionalistas cuando se sabe que CDC y ERC no comparten ideario. Ponen Cataluña por encima de todo sin diferencias entre izquierda y derecha para imponer la fractura entre independentistas y no independentistas. Esto ha provocado el proceso de radicalización de la política catalana que precede a la radicalización de la vida política española. Ha sido el epicentro de la crisis política española, se ha trasladado a todo el sistema político.

P.- ¿La crisis catalana forma parte de un escenario europeo de inestabilidad política, aun teniendo elementos propios?

R.- Sí, por eso la cuestión catalana no es cuestión nacional española, es significativa de la crisis de las democracias europea. Tiene lugar en la crisis económica de los años 2008-2013 que ha sido una crisis profundísima que ha golpeado a todas las democracias europeas. Es normal que haya consecuencias políticas. Este desbordamiento de las fuerzas políticas tradicionales nos muestra que estamos en un cambio de modelo. Estábamos en un modelo en el que los partidos políticos podían canalizar la demanda social dentro del marco definido y ahora estamos en una conjunción muy inestable con movilización de las masas a través de las redes sociales o de nuevas asociaciones, como el papel de Òmnium o la ANC. En este sentido Cataluña es el síntoma de la crisis de las democracias liberales europeas.

P.- Usted destaca además el componente etnicista del nacionalismo catalán, que normalmente no se denuncia en Europa.

R.- En Europa la gente no se da cuenta de este componente supremacista o racista porque se dirige contra los españoles. Que Quim Torra sea presidente de la Generalitat sin generar controversia significa que en Europa hay un enorme desconocimiento de la realidad catalana. Si Marine Le Pen hubiera ganado la presidencia de la región en la que era candidata en 2015 hubiera sido un escándalo a nivel europeo, y Torra tiene escritos mucho más radicales que los de Le Pen.

P.- ¿Cataluña ha perdido el prestigio como región europea que consiguió en los 90, básicamente con Jordi Pujol?

R.- Sin duda, ahora se la ve como una región tensionada de forma irracional. La imagen de Cataluña está muy perjudicada, echamos de menos el famoso seny catalán. En eso se nota mucho el desmoronamiento de la imagen de Jordi Pujol. Cataluña ya no tiene ganas de universalidad, en esta vindicación de su nacionalidad se está cerrando sobre sí misma, eso se nota ahora cuando visitas Barcelona. Cataluña ya no es el escaparate de Europa en España.