Por primera vez desde 1977, la capital de Colombia ha amanecido con toque de queda. Los disturbios, especialmente graves en el sur de la ciudad, llevaron a las autoridades a imponer esta medida, que no se aplicaba desde hace 42 años. El paro nacional contra las medidas económicas del gobierno de Iván Duque ha desembocado en una ola de violencia que ya se ha cobrado las primeras víctimas mortales, al menos seis en todo el país.

Tres policías han muerto y otros siete han resultado heridos en un atentado con coche bomba en el departamento de Cauca, en el suroeste del país. El gobierno conecta este ataque con los disturbios.

Otras tres personas perdieron la vida, dos en Buenaventura y otra en Candelaria, en las protestas que se iniciaron el jueves con un paro nacional.

El alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, ha atribuido los disturbios en la capital colombiana a «una minoría de delincuentes» que han destruido «los bienes públicos y privados de los ciudadanos», según informa el diario colombiano El Tiempo. También se decretó la ley seca. «Esto no es una marcha democrática», sentenció Peñalosa, en rueda de prensa.

En Cali, el alcalde, Maurice Armitage, ya había implantado el toque de queda el jueves por la noche, tras el paro nacional.

Miles de ciudadanos se han manifestado pacíficamente o han participado en caceroladas contra la política económica y social de Iván Duque. El jueves por la noche el paro nacional culminó con una cacerolada histórica. La popularidad de Duque está bajo mínimos: apenas un 26% de apoyo, frente a un 69% de rechazo en octubre de 2019, según la empresa Gallup.

En un guion que recuerda a los sucesos del último mes en Chile, el presidente colombiano Iván Duque se ha dirigido a la población en un mensaje televisado. Ha anunciado que la próxima semana impulsará una convergencia nacional para «fortalecer la agenda de la política social».

Iván Duque, conservador como el presidente Sebastián Piñera de Chile, ha dicho: «Colombia es una democracia sólida que a lo largo de la historia ha pasado por muchas pruebas. En democracia nos debemos pronunciar pacíficamente, y por eso debemos rechazar cualquier forma de violencia que pretende intimidarnos».

Peñalosa, alcalde de Bogotá, ha lamentado que el vandalismo generalizado haya arrasado varios barrios del sur de la capital. Hay 4.000 soldados del ejército desplegados para reforzar a unos 7.000 policías, dedicados a restablecer el orden.

El viernes, cientos de personas han bloqueado estaciones de TransMilenio, y grupos de vándalos han saqueado comercios e incluso viviendas en la zona sur de Bogotá. La alarma hizo reaccionar al alcalde cuando los violentos robaron un autobús en el Ciudad Bolívar. Usaron el vehículo para romper el portón de un supermercado y así acceder para saquearlo.

Los disturbios del viernes ensombrecen una jornada de protestas la víspera, convocadas por los sindicatos que rechazan la reforma laboral y de las pensiones que pretende imponer el presidente Duque.

A su vez, las organizaciones sociales convocantes del paro del jueves demandan más inversión en educación y más atención a las comunidades indígenas y a los líderes sociales, que están siendo víctimas de una ola de asesinatos desde hace año y medio.