Política

Artur Mas, alternativa del establishment para desactivar a Puigdemont

Puigdemont y Mas

Carles Puigdemont y Artur Mas, cada vez más distanciados EFE

Artur Mas vuelve a estar en el punto de mira del establishment catalán como alternativa a la actual dependencia de Carles Puigdemont en el Gobierno de la Generalitat. Responsables de entidades y grandes empresas han llegado a la conclusión de que «Puigdemont es el factor desestabilizador» de la política catalana, convencidos de que el ex presidente fugado en Waterloo sigue moviendo los hilos de JxCat y dirigiendo las principales decisiones de la presidencia de la Generalitat. Unas decisiones que no han gustado en absoluto, cuando la presidencia y el Govern casi en pleno se han volcado en los dos últimos meses en apoyar las movilizaciones contra la sentencia del procés.

Las carreteras cortadas, las imágenes de violencia en las calles de Barcelona o el colapso de infraestructuras clave como el Aeropuerto de El Prat, al tiempo que se cuestionaba sistemáticamente la actuación de las fuerzas y cuerpos de seguridad, han reactivado los movimientos de una clase empresarial muy incómoda con el actual escenario político. La presentación, esta semana, del informe elaborado por PwC sobre las principales preocupaciones del empresariado refleja esa inquietud, expresada en la reclamación de estabilidad política y garantías de seguridad y movilidad.

Unas conclusiones presentadas en la sede la gran patronal catalana, Foment del Treball, de la mano de su presidente, Josep Sánchez Llibre y el del Círculo de Economía, Javier Faus, junto a la ministra Nadia Calviño y la consellera Àngels Chacon.

Objetivo: recuperar la estabilidad, suavizar la tensión

En este contexto se inscriben los movimientos de los responsables de grandes empresas catalanas que buscan en Artur Mas el aliado para devolver a JxCat al espacio del catalanismo moderado y de centro derecha que en su día representó CiU. Son conscientes de que Mas defiende los mismos postulados independentistas de Puigdemont. De hecho, nadie que no recoja esa bandera podrá liderar el espacio político de la ex Convergencia. Pero confían en que el delfín de Jordi Pujol pueda imprimir un carácter más pragmático al gobierno autonómico para recuperar la estabilidad política y económica.

La operación se articula con la vista puesta en las próximas elecciones autonómicas, en las que los responsables de las grandes empresas catalanas se sentirían más cómodos con una candidatura de Mas que acabe con el poder de Puigdemont desde Waterloo. El propio Mas ha dado alas a esas especulaciones, asegurando en sus últimas comparecencias públicas que, aunque no es su prioridad, «está disponible» para encabezar una candidatura si el entorno neoconvergente así se lo pide.

Para ello, sin embargo, el sector más moderado de JxCat, el asociado a los cuadros y actual dirección del PDeCat, debería dar un paso adelante junto a Mas y asumir los riesgos de una ruptura con Puigdemont, que sigue siendo el único activo electoral capaz de impedir el sorpasso definitivo de Esquerra a ojos de esos mismos cuadros ex convergentes. Desde que el ex president fugado decapitó la dirección liderada por Marta Pascal en el congreso celebrado en julio de 2018, la ejecutiva capitaneada por David Bonvehí ha navegado entre la sumisión a Waterloo y los intentos de retomar las riendas del partido, especialmente tras las elecciones municipales de la pasada primavera y los pactos locales posteriores.

Torra y Borràs, pendientes de la Justicia

Pero la elaboración de las candidaturas electorales del 10N volvieron a dejar claro que, en lo sustancial, el núcleo duro impuesto por Puigdemont y capitaneado ahora por Laura Borrás y Quim Torra junto a ex convergentes como Albert Batet o Miriam Nogueras sigue siendo el que manda en JxCat. También en la estrategia del Govern. Las causas judiciales abiertas contra Torra -por desobediencia a la Junta Electoral- y Borràs -por presunta corrupción en adjudicaciones públicas- pueden facilitar el camino de Artur Mas a la candidatura, pero no la conseguirá sin plantar cara al grupo de leales a Puigdemont y asumir el riesgo de una escisión en JxCat.

Por eso, en una de sus últimas intervenciones públicas, en TVE, Artur Mas aludía a la necesidad de que quien quiera liderar JxCat «tiene que ser alguien que se la juegue, en el sentido de salir ahí y ponerse a liderar». El dirigente independentista aseguró entonces que tenía «en mente» a algún candidato nuevo para liderar el espacio post convergente. Pero el establishment catalán no parece estar en disposición de nuevas probaturas tras la experiencia de Puigdemont y Torra.

Están convencidos de que JxCat atesora un grueso del voto de la antigua CiU, un voto moderado de centro derecha que, aunque haya migrado al independentismo, sigue priorizando la estabilidad y reniega, sobre todo, de un gobierno que está a punto de pactar los presupuestos con los comunes y la CUP. Unos votantes mucho más conservadores, en definitiva, que la dirección de JxCat, pero que siguen votando al partido heredero de CiU por falta de alternativas en el bloque independentista. De ahí la necesidad, creen estos actores, de procurar un nuevo liderazgo moderado a ese espacio.

Un nuevo liderazgo que dejaría «presionar» a Esquerra, paradójicamente convertida en nueva abanderada del posibilismo en el bloque independentista. Es decir, JxCat dejaría de ser un obstáculo a la nueva política de entendimiento con los socialistas liderada por los republicanos, permitiría así «suavizar» la tensión política en Cataluña.

Los datos muestran una desaceleración de la economía catalana más acusada que la el conjunto de la española, tanto en 2019 como en las previsiones para 2020, que se suman a dos años de crecimiento menor que en el conjunto España, en contra de lo que sucedía hasta ahora. Una situación que según la Generalitat es consecuencia del mayor peso de la industria y el hecho de tener una economía más expuesta al exterior, y más sensible por tanto a la desaceleración alemana y del conjunto de Europa.

Pero el informe de PwC dejó claro que los incidentes políticos de los dos últimos años no han sido ajenos a esta situación económica. Así, por ejemplo, la inversión extranjera subió durante el primer semestre del año tras un 2018 anormalmente bajo, «pero los últimos datos del tercer trimestre muestran tendencia a la baja» advierte el responsable del estudio, Ignacio Marull. Un dato muy relacionado con el hecho de que el «riesgo geopolítico» a entrado en los análisis de esas posibles inversiones tras el otoño de 2017.

En este contexto, las grandes empresas ofrecen su apoyo a Mas y le invitan a dar el paso adelante para sustituir a Puigdemont al frente de JxCat y facilitar la estabilización de la política catalana y española, que dirigentes como Puigdemont, Torra y Borràs aseguran estar dispuestos a bloquear sine die en la mejor tradición de la CUP.

Comentar ()