La tarde del viernes, Miquel Iceta hizo un exhaustivo informe de gestión de sus tres años al frente del PSC, cuyas riendas recogió dos años antes de manos de Pere Navarro y con el partido en sus horas más bajas. Un informe en el que se felicitó por la consolidación de su proyecto, convertido ahora en segunda fuerza política en esta comunidad, pero, sobre todo, porque esa consolidación nace de haber mantenido la cohesión del partido durante tres duros años de procés independentista. Y atribuyó una parte de ese mérito al liderazgo de Pedro Sánchez en el PSOE.

El PSC de Miquel Iceta ha sido determinante durante estos años para que Sánchez volviera a hacerse con las riendas del PSOE. Pero a su vez, el liderazgo de Sánchez, frente a lo que representaban Susana Díaz o Javier Fernández, ha sido fundamental para la consolidación del PSC de Miquel Iceta. Y el primer secretario del PSC lo reconoció el viernes sin ambages. «Por qué hemos aguantado: por la sintonía intensa, profunda, con el PSOE que lidera Pedro Sánchez».

Alianza gestada en 2017

Iceta destacó en su informe de gestión la importancia de la Declaración de Barcelona, acordada por la ejecutiva del PSOE en julio de 2017, pocos meses antes del referéndum ilegal del 1-O. Y recordó que Sánchez escogió esa fecha porque al día siguiente él debía ser nombrado oficialmente candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat. Antes, «Pedro Sánchez quería manifestar el compromiso del PSOE» con el proyecto de España plurinacional, pactado años antes en la Declaración de Granada bajo el liderazgo de Alfredo Pérez Rubalcaba y Pere Navarro.

Era la culminación de un proceso iniciado un año antes, cuando Sánchez se plantó ante los barones negándose a permitir la investidura de Mariano Rajoy con una abstención socialista y acabó siendo expulsado de la Secretaría General del partido. El socialismo catalán fue el único, entonces, que se situó en bloque al lado de Sánchez, hasta sumar criterios tradicionalmente tan dispares como el de Josep Borrell y Núria Parlon. Tanto es así que Susana Díaz exigió a la gestora que condujo al PSOE al congreso extraordinario una «depuración» de la base de datos de la militancia del PSC, convencida de la fidelidad del socialismo catalán a su rival.

La despedida de Carme Chacón, fallecida súbitamente esa primavera, fue el mejor termómetro de hasta qué punto estaba con Sánchez el socialismo catalán, convencido de que un socialismo español en manos de Díaz y con un discurso de dureza contra el independentismo similar al del PP acabaría con las aspiraciones de recuperación del PSC.

El ascenso de Sánchez e Iceta ha sido paralelo. Al tiempo que el primero recuperaba las riendas del PSOE y conseguía lo aparentemente imposible, ganar una moción de censura, el segundo consolidaba un partido en recuperación tras el cisma del sector catalanista y la pérdida de votos y apoyos que siguió a los dos gobiernos tripartitos. Su victoria frente a Núria Parlon en las primarias de 2016 -paralela a la defenestración de Sánchez- ha sido el último atisbo de disidencia interna en el partido.

Ejecutiva a medida de Iceta

Tanto es así, que en la ejecutiva que surgirá de este XIV Congreso y tras la aprobación del informe de gestión por unanimidad, el primer secretario no ha tenido problemas en «integrar» a las amortiguadas voces críticas que representan alcaldes como Parlon o Antoni Balmón. Eso sí, el núcleo duro está de nuevo férreamente controlado por Iceta, con Núria Marin en la presidencia del partido, Eva Granados como viceprimera secretaria y Salvador Illa en la Secretaría de Organización.

«Sin esta cohesión no podríamos haber librado el combate contra la confrontación y la improvisación» de los gobiernos de Carles Puigdemont y Quim Torra, ha asegurado Iceta, convencido de que una vez «preservado lo que teníamos, de este congreso solo puede salir una ambición, que consolidada la segunda posición solo podemos aspirar a la primera».

Si Iceta hace realidad esa promesa, la de volver a ser la primera fuerza en Cataluña, aunque solo sea en las elecciones generales, Sánchez habría conseguido recuperar uno de los dos graneros tradicionales del voto socialista. Roto el eje que tradicionalmente unía al socialismo catalán y andaluz, la alianza de Sánchez con el PSC, sólo se sostendrá si los socialistas catalanes son capaces de acercarse a los 25 diputados conseguidos en su día por Carme Chacón en esta comunidad.

Mientras, el PSC es clave en el acercamiento a Esquerra, imprescindible para la investidura de Pedro Sánchez. Un acercamiento en el que algunos vislumbran la promesa de un nuevo tripartito en la Generalitat que permitiera romper el bloque independentista y convertir a los republicanos en el apoyo parlamentario del Gobierno que en su día representó CiU.

Aunque muchos en el PSC desconfían de ese acercamiento a los republicanos y señalan el fiasco de la candidatura de Iceta a la presidencia del Senado como último motivo para esa desconfianza. Son sectores que se sentirían más cómodos con la recuperación del sector moderado de la ex convergencia, desligado del Carles Puigdemont.

De momento, sin embargo, el PSC ya ha conseguido una muestra de poder mucho menos simbólica de lo que parece con el PSOE de Pedro Sánchez: sentarse en la mesa de negociación con ERC. La vieja guardia del PSC temía ver el partido relegado en las negociaciones por la formación de Gobierno como en su día pasó con el PSOE de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero frente a la CiU de Jordi Pujol primero, y Artur Mas después.

Vuelve a abandonar el flanco Cs

A cambio de esa presencia en las negociaciones, el PSC ha cedido aparentemente en su apuesta por intentar captar el voto que convirtió a Inés Arrimadas en ganadora de las elecciones autonómicas de 2017. El cuestionamiento de la política de inmersión lingüística en la escuela, expresión proscrita en el programa original del Congreso, se ha suavizado notablemente tras la avalancha de criticas internas y externas. Una modificación lógica tras haber rechazado el miércoles en el Parlament secundar una moción de los naranjas en la que se reclamaba que castellano e inglés sean también lenguas vehiculares. Lo que el PSC asegura defender en su programa, pero no osa votar junto a Cs y PP.

La incorporación de nuevo de la definición de Cataluña como nación abunda en esta línea. Una definición que no es nueva, pero que ha vuelto a generar protestas, obligando a la dirección del congreso a incorporar una enmienda concreta para «reconocer España como nación», tal como reconocía anoche la dirigente Ester Niubó. «Lo hemos incorporado en España, nación de naciones» un concepto que «ya estaba recogido en otras ponencias de congresos del PSC, no hay demasiada novedad», añadió para restar importancia a un debate que el proceso independentista ha vuelto a situar en primera línea.