Habría cumplido 92 años el 4 de mayo, pero parecía inmortal. Hosni Mubarak se veía como el último faraón, pero fue derrocado por una revuelta que tuvo su epicentro en la Plaza Tahrir (Liberación, en árabe) de El Cairo en 2011, después de 30 años en el poder. Ha fallecido este martes en un hospital de la capital egipcia.

Tuvo que afrontar varios juicios por corrupción y cumplió tres años de cárcel por malversación de fondos públicos, pero fue absuelto de complicidad del asesinato de manifestantes.

Vivía en una espléndida mansión en el distrito de Heliópolis en El Cairo junto a su esposa Suzanne Mubarak. Su estado de salud era muy delicado, especialmente desde que fue sometido a una intervención quirúrgica el pasado 23 de enero. Uno de sus nietos, Omar Alaa, publicó el 3 de febrero la que será su última imagen vivo. En la foto Omar Alaa le da un beso en la frente. Escribe: «Con todo el amor y el aprecio».

En público Hosni Mubarak apareció por última vez en diciembre de 2018 en el juicio de su sucesor, Mohamed Mursi, líder de los Hermanos Musulmanes, quien falleció posteriormente durante una comparecencia ante un tribunal.

El sábado aún pudo enterarse de una buena noticia: sus hijos Alaa y Gamal fueron absueltos por un tribunal cairota de la acusación de enriquecimiento ilícito con la compra de acciones del Banco Nacional, antes de su adquisición por una entidad kuwaití.

Sus batallas en YouTube

En octubre pasado lanzó un canal en YouTube en el que contaba sus hazañas bélicas, según informó La Otra Crónica de El Mundo. Arrancó con un episodio sobre sus recuerdos de la guerra árabe-israelí en la que sirvió como comandante del Ejército del Aire.

Uno de los episodios que evoca es la batalla que enfrentó a la aviación egipcia con la israelí en Mansura. Fueron destruidos 18 aviones israelíes y cuatro aparatos egipcios. Mubarak la considera «la mayor batala en la historia de las fuerzas aéreas egipcias».

Nacido en el seno de una familia de clase media burguesa, que vivía en Kafr el Meselha, un pueblo situado en la región del delta al norte de El Cairo, el 4 de mayo de 1928, ingresó a los 19 años en la Academia Militar. Quería ser soldado profesional.

Después ingresó en la Academia del Aire, donde se formó como piloto. En los 50 sirvió en diferentes unidades y a finales de 1959 recibió formación como piloto de bombarderos medios y estratégicos. Era la época de Nasser.

Siguió escalando puestos en la Fuerza Aérea hasta llegar en junio de 1969 a jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea. Ya con Anwar as Sadat logró ser comandante en jefe de la Fuerza Aérea. En 1972 asume por primera vez un cargo político como viceministro de Defensa, según la biografía elaborada por el CIDOB.

En la guerra del Yom Kippur, de octubre a noviembre de 1973, el ejército egipcio volvió a ser derrotado pero logró una gran destrucción en las fuerzas israelíes. Mubarak superó la batalla como uno de «los cinco héroes de la travesía del Canal de Suez».

En abril de 1975 el presidente Sadat premia sus éxitos en el campo de batalla con su designación como vicepresidente. Las esposas de Sadat y Mubarak eran parientes lejanas, algo que reforzó la posición del brillante piloto.

Durante sus años como vicepresidente se curtió en la arena diplomática. Egipto fue mediador en esa época en una iniciativa sobre el Sáhara occidental entre Marruecos, Argelia y Mauritania. También fue entonces cuando estrechó lazos con Estados Unidos.

Destreza como diplomático

Junto a Sadat, de quien fue un leal escudero, promovió los Acuerdos de Camp David de septiembre de 1978, entre Sadat y Menahem Beguin por parte israelí, así como el Tratado de Paz Egipcio-Israelí de 1979. Antes había recuperado el Sinaí, perdida en 1967, gracias a su acercamiento a Israel, para asombro y disgusto de los países árabes.

Sucedió a Sadat, cuando murió en un atentado cuando presenciaba un desfile militar el 6 de octubre de 1981. Mubarak, que estaba a su lado, resultó indemne. Fue ratificado como presidente en un plebiscito por un 98,5% de síes y un 81,1% de participación. Mubarak, de 53 años, comenzaba un mandato de seis años. Permaneció en el poder casi tres décadas.

Cuando estaba ultimando el plan para que le sucediera su hijo Gamal, una revolución popular provocó su caída. Primero se refugió en Sharm el Sheij pero luego tuvo que comparecer en los tribunales y pasó por la cárcel.

Mantuvo la ley de emergencia, que limita las libertades públicas y permite los arrestos sin cargos, encabezó una élite que se enriqueció con la corrupción, gestó un estado policial que ahora mantiene Al Sisi, fue incapaz de poner freno a la expansión demográfica del país.

Muchos de quienes fueron dirigentes de su partido, el Nacional Democrático, ahora disuelto, ahora son diputados a las órdenes del presidente Mohamed Al Sisi, otro militar al mando de Egipto.

Como rais del tercer país más poblado de África, y gracias a sus buena relación con Occidente, lo tuvo todo, pero dejó a su país con una población empobrecida y muy sometida. Después del espejismo de la revuelta de Tahrir, y el intervalo con los Hermanos Musulmanes, asumió las riendas el general Al Sisi.

El funeral por Mubarak se celebra este martes en la mezquita Tantaui, un complejo del ejército a las afueras de la capital de Egipto. Será una ceremonia privada.