«Es la mayor victoria de mi vida. Este triunfo es más dulce porque teníamos todo en contra y nos dieron por muertos. Hemos transformado los limones en limonada». Benjamin Netanyahu (Tel Aviv, 1949), primer ministro en funciones de Israel, se ha proclamado en la madrugada del martes vencedor de las terceras elecciones consecutivas en 11 meses.

«Bibi, rey de Israel», han clamado sus seguidores en la sede del Likud en Tel Aviv. Exultante, junto a su polémica esposa Sara, se ha dirigido a sus fieles. Hace apenas unos semanas esta imagen solo existía en los mejores sueños de Netanyahu.

El conservador Likud ha logrado imponerse a Azul y Blanco, liderado por el ex general Benny Gantz. El bloque de derechas, y más allá, suma 59 escaños, dos menos de la mayoría. Para Netanyahu es garantía suficiente para asegurar que se mantendrá en el poder.

Voy a seguir luchando por aquello en lo que creemos», asegura Benny Gantz, líder de Azul y Blanco

Sin embargo, Gantz, centrista, interpreta los resultados como una repetición de los obtenidos en otoño. Da por hecho que se mantendrá el bloqueo político. «Voy a seguir luchando por aquello en lo que creemos», ha dicho Gantz, en un intento de acallar a quienes daban por hecho su retirada.

El bloque conservador que lidera el Likud junto a partidos religiosos aliados como Shas, UTJ y Yamina, suman 59 escaños, a falta de que concluya el recuento.

El Likud figura en cabeza con al menos 36 escaños, mientras que Azul y Blanco cuenta con 33 diputados. Su aliado Meretz tiene seis, la Lista Conjunta (árabeisraelí), 14, y sería decisivo Yisrael Bytenu, de Avigdor Lieberman con al menos seis puestos en la Knesset.

Minutos después de cerrarse las urnas y darse a conocer los primeros sondeos a pie de urna, Netanyahu tuiteaba: «Gracias». Más tarde ha colocado en su cuenta de esta red social el vídeo de su gran noche.

En su discurso, según informa The Jerusalem Post, ha prometido eliminar la amenaza nuclear iraní y promover una política amistosa con los países árabes moderados, que para Netanyahu sería Arabia Saudí y sus afines. Sus seguidores le han pedido que no forme un gobierno de unidad nacional con Azul y Blanco, la segunda formación más votada.

Contra pronóstico, la participación, que ha llegado al 71%, ha sido la mayor registrada en las tres elecciones convocadas en Israel en 11 meses. Ni la apatía del día de la marmota electoral, ni la propagación del coronavirus, han desalentado a los votantes.

Netanyahu ha apostado por movilizar a los 300.000 fieles al Likud que se quedaron en casa en otoño. Ha logrado levantar de sus asientos a 200.000, lo que explica que sus resultados sean mejores de lo esperado.

Incluso la participación ha sido elevada entre quienes están en cuarentena por coronavirus, que han votado en colegios especiales. Más de 4.000 de los 5.630 aislados han acudido a las urnas.

Temor a un nuevo bloqueo

El presidente de Israel, Reuven Rivlin, ha reconocido su pesar por una campaña muy agresiva y por el enquistamiento político. Netanyahu ha prometido el oro y el moro a los israelíes para mantenerse en el poder.

Y ha acusado repetidas veces a su más directo contendiente, el ex general Benny Gantz, de ser un político sin experiencia y muy débil para dirigir el país. «Es débil, confuso y no está preparado», ha insistido Bibi.

Netanyahu se ha presentado como el único capaz de lograr que Israel siga prosperando » a nivel económico y de seguridad». Ha apostado fuerte al prometer que «en cuestión de semanas o a lo sumo dos meses» la anexión del Valle del Jordán será un hecho.

Será el presidente Rivlin quien encargue formar gobierno bien al líder del partido más votado o de la coalición con más apoyos. El Likud pretende acelerar al máximo la formación de un nuevo gabinete, con el fin de que Netanyahu esté confirmado el 17 de marzo, cuando empieza su juicio.

En caso de fracaso, habría elecciones de nuevo en verano. Netanyahu hará lo posible y lo imposible por evitarlo. Difícilmente contará con mejores resultados que ahora.

El récord del ‘Bibi’, el rey

Bibi, a quien sus seguidores llaman el rey, es el primer ministro que más tiempo ha estado en el cargo. Lleva desde el 31 de marzo de 2009. Superó a David Ben Gurión en julio de 2019.  

También es el único primer ministro de Israel que ha sido imputado por corrupción estando en el puesto. La causa se ve en los tribunales el 17 de marzo.

A finales de enero Netanyahu fue acusado formalmente de cargos de soborno, fraude y abuso de confianza en tres casos separados de corrupción. El juicio tiene lugar el 17 de marzo.

La ley no le obliga a dejar el cargo mientras no sea declarado culpable. Hasta 2022 no se espera veredicto y puede haber apelaciones.

El caso más grave, conocido como Caso 4000, plantea que Netanyahu había ofrecido beneficios regulatorios por 1.000 millones de shekels (unos 250 millones de euros) a su amigo el millonario Shaul Elovitch a cambio de una mejor cobertura en un portal de noticias propiedad de Elovitch.

Netanyahu se presenta como una víctima de una campaña de la izquierda, política y mediática, a los que acusa de intento de golpe. Según los resultados de este lunes, a decenas de miles de israelíes les importa menos estos asuntos turbios que mantener el curso del país en economía y seguridad.

Netanyahu ha contado con el incondicional apoyo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Cuando presentó lo que Trump denomina como el Acuerdo del Siglo, es decir, su plan para resolver el enquistado conflicto entre israelíes y palestinos, Netanyahu acababa de ser recibido en la Casa Blanca.

El plan fue rechazado de forma tajante por la Autoridad Nacional Palestina, ya que consolidaba demandas históricas de Israel y hace casi inviable la creación del Estado palestino. Fue una declaración de amor de Trump a Netanyahu, muy del gusto del poderoso lobby judío de EEUU.

A sus 70 años, Bibi ha confirmado, una vez más, que sigue siendo el rey de una mayoría de israelíes.