La Resurrección en Austria llegará después de Semana Santa. El gobierno de Austria considera que su gestión de la crisis del coronavirus ha evitado que «pase lo peor». El canciller, Sebastian Kurz, ha anunciado que la reacción rápida de su gabinete va a permitir que empiece progresivamente el fin del confinamiento.

«La Semana Santa será crucial para nosotros y veremos si la resurrección tendrá lugar, que es lo que deseamos», ha dicho Kurz. Los comercios de un tamaño menor a 400 m2, los viveros y los centros artesanales podrán reabrir pero todos los clientes han de llevar mascarilla. Los clientes habrán de guardar una distancia de dos metros.

Si todo va bien otros establecimientos, como centros comerciales o peluquerías, lo harán a partir del 1 de mayo, «con medidas de protección especiales».

En Austria, con una población de 8,8 millones de personas, se han registrado 12.633 casos y han fallecido 243 personas hasta el martes 7 de abril, según la estadística de worldometers. Está bajando la tasa de contagio, y si se mantiene la tendencia, se podrá llevar a cabo esta salida del aislamiento.

Hay expertos que ven arriesgado este paso porque hay riesgo de que haya nuevas oleadas de contagio. Si se inicia la salida progresiva del confinamiento antes de lo debido, hay riesgo de más positivos y más víctimas. Pero el cierre de la producción está dañando seriamente a la economía global.

Las restricciones al movimiento se mantendrán hasta finales de abril. Los austriacos solo podrán salir para asistir al puesto de trabajo, a comprar, hacer ejercicio o ayudar a personas que lo necesiten.

Sebastian Kurz dio la rueda de prensa en la que anunció este desescalaje con mascarilla de protección. Desde el lunes es obligatorio llevarla al acudir a adquirir alimentos a los supermercados. La próxima semana se hará obligatoria en el transporte público.

Los estudiantes seguirán sin clases hasta mediados de mayo, si bien no está previsto que se suspendan los exámenes. No se podrán celebrar eventos hasta finales de junio.

Los países escandinavos también empiezan a aliviar las condiciones del confinamiento. Noruega reabrirá colegios y guarderías el 20 de abril. Cinco días antes los escolares daneses volverán a clase.

Suecia no ha llegado a cerrar nunca los centros de menores, si bien sí han dejado de darse las clases en las universidades y en institutos. Los suecos consideran que los niños corren menos riesgo y es mejor que sigan su vida normal y sus padres también puedan realizar sus trabajos en casa.

El origen en un idílico pueblo del Tirol

Desde varios países de Europa han seguido la pista al coronavirus de sus ciudadanos y han terminado en la localidad tirolesa de Ischgl, un enclave de ensueño para los amantes de la nieve. Cientos de miles de europeos pasaron sus vacaciones de invierno en Ischgl y de allí regresaron a sus casas con el Covid-19.

La primera señal de alarma saltó el 1 de marzo cuando en Islandia descubrieron que 15 pasajeros de un vuelo de Icelandair, que habían llegado la víspera desde Munich, habían dado positivo en coronavirus. De ellos, 14 se habían infectado en Ischgl. Islandia informó a Austria pero las autoridades de Viena hicieron oídos sordos.

El jefe de la Agencia de Sanidad de Austria, Franz Allerberger, ha indicado que detectaron que el primer contagiado habría sido un camarero de un lugar de moda en Ischgl, el Kitzloch. Ya tenía síntomas el 5 de febrero, pero no se hizo el test hasta un mes más tarde. El 8 de marzo las autoridades del Tirol promocionaban el turismo local. Hasta el 10 de marzo no se cerró el local. Cinco días después la temporada de esquí estaba vista para sentencia.

En el Kitzloch se concentraban muchos esquiadores después de la jornada. Allí beben cerveza y se relajan después de la jornada en la nieve. Uno de los juegos de esta temporada era el beer-pong, un ping-pong en la que los jugadores intentan colar la pelota en el vaso del rival y la lanzan con la mano o con la boca. El perdedor ha de beberse la cerveza del contrincante.

Jan Pravsgaard Christiansen, experto en Inmunología de Islandia, explicaba a la CNN: «Al principio no entendíamos cómo podía haber tantos casos con origen en el Tirol. Cuando supimos qué hacían en algunos bares de Ischgl, vimos que había intercambios de saliba frecuentes con el beer-pong«.

Según ha publicado Politico, las autoridades sanitarias en Escandinavia han comprobado que la pista del virus les llevaba a esta localidad austriaca. Casi el 40% de los contagiados en Noruega se infectaron en Austria. También hay numerosos casos en Alemania, y por supuesto en Austria, con origen en Ischgl.

Las autoridades del Tirol miraron a otro lado cuando empezaron los casos en China. Temían el impacto negativo en el turismo, su principal fuente de ingresos Desde Viena no se intervino. «La avaricia se antepuso a la salud de los locales y de los visitantes», decía en un editorial Der Standard.

Unas 2.500 personas de varios países van a presentar una demanda colectiva contra las autoridades austriacas por negligencia frente al brote de coronavirus en Tirol, que es un estado federado. Hay alemanes, noruegos, daneses e islandeses. Ha promovido esta iniciativa la Asociación de Protección al Consumidor de Austria, (VSV).

Una cuarta parte de los casos de Austria se localizan en el Tirol. El canciller, Sebastian Kurz, ha dicho que pasará mucho tiempo hasta que vuelvan los viejos tiempos al idílico enclave alpino.