Cinco indigentes han muerto de forma violenta en Barcelona desde que se decretó el estado de alarma y se inició el confinamiento el pasado 14 de marzo. Cuatro de ellos podrían haber sido asesinados por la misma persona, un hombre de nacionalidad brasileña y origen portugués de 35 años, cuyo único antecedente penal en España era una detención por robo de la Guardia Civil en Zaragoza.

Los Mossos d’Esquadra no pueden explicar qué llevó a este hombre, residente en una caravana localizada en Sant Cugat del Vallès (Barcelona), a romper hasta en cuatro ocasiones el confinamiento para dar caza a los sintecho escondidos en el centro de Barcelona. Sí pueden acreditar que utilizó una «violencia desmesurada y gratuita» para acabar con sus víctimas, a las que no dio «ninguna oportunidad de defenderse» asegura el intendente Juan Carlos de la Granja, responsable de la investigación.

El detenido «ha respondido a los interrogatorios de la policía» pero «tiene un discurso incoherente» asegura el conseller de Interior, Miquel Buch, compatible con algún tipo de enfermedad mental. Un extremo que podría explicar los motivos del presunto asesino, que afirma residir en Portugal aunque su documentación es brasileña. El detenido, sin embargo ha negado cualquier vinculación con los hechos.

«Los homicidios a personas sintecho han acabado» afirmó este martes contundente el intendente de la Granja, que ha confirmado la muerte de cinco indigentes en el último mes y medio en Barcelona, aunque solo cuatro de estas muertes se pueden relacionar con el detenido. El quinto murió este domingo en Collcerola, pero la policía autonómica atribuye su fallecimiento al incendio fortuito del refugio en el que dormía.

Pelea a navajazos

El primer homicidio tuvo lugar el pasado 19 de marzo, cuando un indigente murió por herida de arma blanca, un modus operandi diferente al de las muertes posteriores, que hace dudar a la policía autonómica sobre la autoría. Podría tratarse de una pelea entre personas sintecho al margen del asesino en serie detenido ayer, advierten, aunque de momento la investigación está abierta. Se trataba de un sintecho que dormía refugiado a la entrada de un supermercado, en la calle Sardenya de Barcelona, ha confirmado Buch, y «murió tras una pelea a navajazos».

Casi un mes después, el 16 de abril se produjo el segundo homicidio, en el entorno del Auditori de Barcelona. Un indigente fue asesinado por un fuerte golpe en la cabeza, atribuido por la policía autonómica a un martillo, mazo o similar. Apenas 36 horas después se producía la siguiente muerte, en la calle Caspe. En ambos casos, las cámaras de seguridad del Auditori y el Departamento de Justicia, próximo al tercer asesinato, registraron al responsable y permitieron confirmar a los mossos que se trataba de la misma persona.

La noche del lunes, el asesino atacó a su última víctima en el entorno de la Sagrada Familia. Esta vez, sin embargo, un testigo vio como el asesino golpeaba violentamente en la cabeza con una barra a un indigente y avisó a la policía y a emergencias a través del 112. Cuando llegaron, la víctima todavía respiraba pero no pudieron hacer nada por salvar su vida. Se trataba de un hombre extranjero de unos 30 años.

Para entonces, sin embargo, los Mossos ya habían desplegado un «amplio dispositivo en el Ensanche» barcelonés para atrapar al asesino, ha explicado Buch. «Este dispositivo permite reaccionar rápido tras los nuevos hechos» de la noche del lunes, por lo que con la ayuda del testigo, este martes ha sido posible localizar y detener al sospechoso.

Colectivo vulnerable

Los asesinatos «afectan a uno de los colectivos más vulnerables», ha denunciado Buch. «Esta vulnerabilidad ha hecho que el cuerpo de Mossos se haya implicado y dedicado muchos recursos para resolver el caso». El intendente Granja añade que el asesino «no dejaba ninguna defensa a las victimas la violencia era desmesurada y gratuita

El asesinato en serie de cuatro sintecho en el último mes en Barcelona ha puesto al descubierto la vulnerabilidad de los vagabundos en plena pandemia por el Covid-19. Con las calles vacías y las ofertas de más refugios por parte de las administraciones, su presencia en las calles resultaba más incomprensible y molesta para algunos. Y los ha convertido en blanco de más insultos y desprecios de lo habitual, explica el presidente de Arrels, Ferran Busquets.

«Ahora mismo no podemos tener una imagen clara» de la situación de este colectivo, explica Busquets. La última foto fija es le censo realizado por Arrels en junio de 2019, cuando dormían en las calles de Barcelona 1.195 personas sin hogar. Con el objetivo de darles cobijo durante la pandemia, el Ayuntamiento de Barcelona abrió el refugio en la Fira de Barcelona, pero muchos de ellos no ha acudido a ese espacio, reconoce el presidente de Arrels.

«Una parte de la gente que vive en la calle no irá nunca a un espacio como este» apunta Busquets, por miedo a compartir el espacio con otros indigentes o «a tener que volver a empezar de cero», es decir, adaptarse a la calle, cuando cierren el refugio. Conscientes de esta realidad, los mossos pidieron ayuda a Arrels tras los primeros asesinatos, para utilizar su red de contactos y su equipo de calle para que aconsejaran a los sintecho dormir en compañía estas semanas.

Viviendo en la calle «son un colectivo muy expuesto a la violencia» explica Busquet. Según la ultima encuesta de Arrels, cuatro de cada diez han sido agredidos, y esta extrema exposición a los agresores se ha amplificado con el confinamiento.