Este 9 de mayo no será como Vladimir Putin (San Petersburgo, 1952) había imaginado. El presidente ruso soñaba con celebrar a lo grande el 75 aniversario de la victoria sobre el nazismo con la presencia del jefe del Estado francés, Emmanuel Macron, y el líder chino, Xi Jinping. A la canciller alemana, Angela Merkel, le ha venido el coronavirus a ver para evitar una excusa para ausentarse. En lugar de ser el anfitrión de una magnífica ceremonia, triunfante después de garantizarse la permanencia en el poder hasta 2036, lidia contra la plaga invisible, un virus incontrolable, que no obedece a sus órdenes.

El coronavirus está haciendo estragos en Rusia. En los últimos seis días se han superado los 10.000 casos cada jornada. Es el quinto país del mundo en número de casos, después de Estados Unidos, España, Italia y Reino Unido.

A fecha del viernes 8 de mayo en Rusia se habían registrado 187.859 casos, y 1.723 fallecidos, según worldometers. Moscú es el epicentro de la pandemia en territorio ruso: casi 100.000 positivos, y casi un millar de muertos, de acuerdo con Meduza.io.

El primer ministro ruso, Mijail Mishustin, está de baja por Covid-19, así como otros dos miembros del gobierno. Ha asumido el cargo en funciones uno de sus viceministros, Andrei Belousov. Según Meduza, es posible que Mishustin no vuelve a su cargo. En el Banco Central de Rusia se han confirmado un centenar de positivos, según ha confirmado el viernes su gobernadora, Elvira Nabiullina.

Hace 20 años Vladimir Putin asumía como presidente de la Federación Rusa, después de unos meses en la interinidad. En estas dos décadas se ha convertido en una especie de zar 2.0, y ha hecho que cale la idea de que Putin y Rusia son lo mismo, hasta tal punto de que pretende eternizarse en el poder.

El referéndum constitucional en el que los rusos iban a decidir si Putin podía mantenerse al frente del Kremlin hasta 2036 ha tenido que posponerse por el coronavirus. Es posible que ahora Putin no lo convoque hasta no asegurarse que lo gana holgadamente. No tiene prisa ya que su mandato no termina hasta 2024.

En este contexto tan sombrío, Putin prefiere limitar mucho sus apariciones. A Putin le gustan los escenarios que le glorifican, bien una ceremonia con todos los honores militares como iba a ser la del 9 de mayo, o bien en sus cabalgadas a pecho descubierto.

Sí se ha dejado ver en una visita al hospital Kommunarka de Moscú, donde se trata a los enfermos de coronavirus, con un traje amarillo similar al que llevan los astronautas, convertido en una especie de Robocop contra el virus.

Pero no ha tenido muchas más apariciones estelares. Su primer ministro es víctima del coronavirus, y otros dos ministros, así que prefiere reducir al máximo los contactos personales. Está recluido en su residencia de Novo Ogaryiovo.

En las videoconferencias con su gabinete de estos tiempos de crisis de coronavirus parece aburrido. Putin es un hombre de acción y el confinamiento no permite mucho movimiento.

Putin primero tuvo que renunciar a celebrar el referéndum constitucional sobre su permanencia en el poder hasta 2036. Tenía previsto llevarse a cabo el 22 de abril pero el coronavirus está impidiendo acudir a las urnas en todo el mundo. Está pospuesto sine die.

El Parlamento había aprobado el cambio constitucional gracias al cual Putin podrá poner el marcado a cero en 2024. De este modo, podría concurrir a otros dos mandatos, hasta 2036, cuando tenga 83 años. El Constitucional también dio luz verde a esta posibilidad. De llegar a lograrlo habrá estado en el poder más tiempo que ningún otro líder ruso, incluido Stalin.

El momentum ha pasado. La crisis pareja al coronavirus ha provocado una sustancial pérdida de popularidad de Putin. Según Levada, la única empresa de sondeos independiente de Rusia, en abril la popularidad de Putin perdió cuatro puntos, hasta el 59%, con respecto a marzo, y diez puntos desde enero.

Cuando asumió el poder, hace dos décadas, contaba con un apoyo del 61%, a pesar de que unos meses antes, cuando fue nombrado primer ministro por Boris Yeltsin era un don nadie a quien solo daba su aplauso el 1% de los rusos. Habitualmente su respaldo llega al 70%, incluso alcanza el 80%.

El coronavirus ha desbaratado los planes de Putin. Había retrasado el dilema de irse o no en 2024 a 2036… Pero ahora puede haber muchos muertos y el impacto en la economía será grande», dice Nicolás de Pedro

«El coronavirus ha desbaratado los planes de Putin. Había adelantado el dilema sobre irse o quedarse de 2024 a 2020. Quería quitarse la incertidumbre institucional y arreglarlo constitucionalmente. Para convocarlo necesita saber que cuenta con más del 60% de los apoyos, incluso cerca del 70%. Suele haber un significativo nivel de fraude, pero aún así en Rusia necesitan que la gente participe y que el apoyo sea claro. Pero ahora puede haber muchos muertos, y el impacto en la economía, ya debilitada, será grande», explica Nicolás de Pedro, investigador sobre Rusia y espacio post soviético en The Institute for Statecraft.

En este tiempo la producción ha caído un 33% y se prevé una contracción de al menos un 6% a final de año. Y casi sería un diagnóstico optimista. Desde finales de marzo, con el confinamiento, muchas empresas medianas y pequeñas luchan por salir adelante. Millones de rusos se han quedado sin ingresos. El 60% de los rusos vive al día.

Rusia depende de los hidrocarburos, pero el momento es malo. El petróleo ha bajado de precio y el comercio está muy limitado. Aún así cuenta con un fondo soberano de 150.000 millones de dólares, lo que le permitiría aguantar un año y medio, según ha declarado Igor Nikolayev, director del Instituto de análisis estratégico de FBK Grant Thornton, a Euronews.

De centralizador a descentralizador

En Rusia hay un abismo entre la vida en las grandes ciudades como Moscú o San Petersburgo y gran parte del resto del país. En las principales capitales es posible acceder a la sanidad, aunque ciudades como Moscú presentan un elevado número de casos. Sin embargo, en muchas poblaciones lo más básico es inalcanzable.

Una señal clara de que la crisis va en serio en Rusia es que Putin, gran centralizador, ahora es un gran defensor de que asuman competencia los gobernadores. Es cuestión de repartir responsabilidades o de que la suya quede diluida.

Como todo autócrata Putin está acostumbrado a controlarlo todo y esto no lo puede controlar», afirma Carmen Claudín

«Putin está en un momento difícil por esta crisis, como cualquier líder en el mundo. A Putin le afecta más que a muchos otros porque como todo autócrata está acostumbrado a controlarlo todo y esto no lo puede controlar. Una de las maneras de quitarse la responsabilidad es descentralizar ahora, justo él que ha sido el máximo centralizador. Es una política nueva de delegar en las regiones», afirma Carmen Claudín, investigadora asociada en el CIDOB.

Hay serias dudas de que los datos que se están facilitando sean los auténticos. Ya se han filtrado anomalías como la ocultación de muertes por coronavirus en algunos hospitales. Pero también hay que reseñar que hay mucho de caos, como en otros sitios, no solo de intención de tapar la realidad.

El alcalde de Moscú, Serguei Sobianin, ha admitido que realmente no se sabe con exactitud cuántos son realidad el número de afectados. «Es un tema serio. Muchos se quedan en casa… En realidad, los enfermos son muchos más».

Muy preocupante también es la sospecha de unos supuestos suicidios de tres médicos en dos semanas. El último caso conocido es el de Alexander Shupelov que cayó desde la ventana de un segundo piso en el hospital donde se estaba recuperando del coronavirus., en Novaya Usman. Shupelov había denunciado que le habían obligado a trabajar estando ya contagiado.

También están muriendo sanitarios sin que se sepa cuántos son realmente. En San Petersburgo, cientos de sanitarios han contraído coronavirus en San Petersburgo, como relata este sábado Meduza, un medio ruso con base en Riga. En el hospital Botkin, de enfermedades infecciosas, hay 190 especialistas en tratamiento. Al menos seis médicos, con edades comprendidas entre 30 y 84 años, han muerto por coronavirus. Muchos fallecimientos no se registran como positivos en este virus.

¿Más Putin o menos Putin?

¿Servirá esta crisis para frenar el ansia de permanencia en el poder de Putin? ¿O veremos el efecto contrario? Aún es pronto para saberlo. Lo cierto es que Putin ha de lidiar con un enemigo con el que no contaba y que no puede controlar.

A juicio de Nicolás de Pedro, «Putin es predecible y muy impredecible al mismo tiempo. Es muy bueno en identificar oportunidades. Buscará cómo inclinar la situación a su favor». 

«Si la situación es apocalíptica, es impredecible lo que puede pasar, pero Putin no cederá el poder voluntariamente. Lo más previsible es que la crisis le lleve a ejercer un control más estricto. Si ve peligrar su situación, que identifica con la de Rusia, ejercerá un control más férreo. Es maestro en el efecto sorpresa», añade el investigador.

Cuenta a su favor Putin que no hay en el horizonte nadie que pueda hacerle sombra. En la esfera del poder ha logrado que no haya disidencias. Y a los disidentes, por pequeños que sean, en cuanto tienen algo de protagonismo los invalida como posible competencia.

«Aún es pronto para saber si Putin se saldrá con la suya, o no lo logrará. Puede aparecer como un salvador de la patria. Los rusos está concentrados en su supervivencia. A su favor tiene Putin que el pueblo ruso está acostumbrado a las calamidades. La situación económica irá aún a peor. El coronavirus puede dar a Putin un argumento muy potente para justificarse», apunta Carmen Claudín, autora de Lenin y la Revolución Cultural.

Como buen agente de la KGB, una condición que no se deja de por vida, sabe improvisar una salida cuando todas las puertas parecen cerradas.