“Todo funciona como un reloj”. El presidente ruso, Vladimir Putin, se ha dejado ver en el hospital de Kommunarka este martes, donde están internadas la mayor parte de los casos confirmados en Rusia de contagiados por coronavirus. Hay en este centro sanitario 412 personas, y el 80% son positivos confirmados. En total, hasta el momento se han registrado en Rusia, un país con unos 147 millones de habitantes, 658 casos y dos fallecidos.

Vladimir Putin pretendía celebrar los 20 años de su victoria en las elecciones presidenciales del 26 de marzo de 2000 con un referéndum, que tenía previsto celebrarse el 22 de abril, que supone un cheque en blanco para que pueda mantenerse hasta 2036.

El temor a la propagación del coronavirus ha llevado a Putin a posponer la convocatoria de esta consulta sine die. Putin, que no se ha hecho la prueba, obliga a hacérsela a todos los que se reúnen con él.

Es objetivamente imposible bloquear por completo su penetración en nuestro país», dice Vladimir Putin

«Rusia, debido a su ubicación geográfica, no puede cerrarse a la amenaza. Hay Estados gravemente afectados por la epidemia están cerca de nuestras fronteras. Es objetivamente imposible bloquear por completo su penetración en nuestro país», ha dicho Putin en un mensaje a la nación este miércoles.

La agenda del presidente ruso ha quedado desmantelada por la crisis del coronavirus, aún en fase de inicio en Rusia. El Parlamento aprobó el cambio constitucional que permite a Putin poner su marcador en el poder a cero, de modo que podría concurrir a dos mandatos consecutivos y permanecer al frente del país hasta 2036, cuando ya tenga 83 años. El Constitucional también ha dado luz verde. Desde tiempos de Pedro el Grande nadie, ni siquiera Stalin, habría estado tanto tiempo al frente del país.

Cuando fue designado primer ministro en agosto de 1999, era un desconocido en político con una tasa de popularidad de un 1%. Pero en diciembre de ese año fue elegido como su sucesor por Boris Yeltsin, acosado por la corrupción.

La ocupación de Grozni, en febrero de 2000, sirvió para presentarle a la población rusa como un vencedor. Ganó esas primeras elecciones de primavera de 2000 con el 52,94% de los votos. Guennadi Ziuganov, del Partido Comunista, logró un 27,2%.

Ahora se disponía a ganar esa consulta sobre la reforma constitucional, que también contempla otras reformas como la subida del salario mínimo, con una Rusia con un papel internacional relevante.

En Oriente Próximo, Rusia es la superpotencia dominante, con un Estados Unidos en retirada, por ejemplo. En Siria, donde apoya al dictador Bashar Assad, se ha impuesto claramente. Con una oposición desmantelada, Putin enfilaba su reelección eterna.

Sin embargo, el precio del petróleo está por los suelos, y esta crisis del coronavirus supone un desafío para la gestión del presidente ruso. Después de días sin aparecer, esta semana se ha dejado ver varias veces, una de ellas en el hospital de Moscú donde se atiende a la mayoría de las víctimas.

«Quédense en casa», ha recomendado Putin a los ciudadanos rusos. Los mayores de 65 años están obligados a hacerlo. (Salvo el presidente ruso). Las medidas más estrictas estaban al principio dirigidas a los extranjeros, obligados a guardar 15 días de aislamiento a su llegada al país. El Kremlin intenta presentar el coronavirus como un mal inevitable que proviene del exterior.

Ahora no puede hacer el referéndum, porque se arriesga a que mucha gente se contamine. Posponerlo conlleva riesgos. Si la pandemia golpea duramente a Rusia, la presión sería enorme», dice De Pedro

«El coronavirus y la caída de los precios del petróleo puede estropear el plan a Putin de mantenerse en el poder. Con el referéndum quería evitar la incertidumbre de 2024. Pero no contaba con una crisis de esta magnitud que arrastra al planeta entero», explica Nicolás de Pedro, investigador principal en The Institute for Statecraft.

«Ahora no se puede hacer el referéndum, porque se arriesgan a que mucha gente se contamine. Posponerlo conllevar riesgos. Si la pandemia golpea muy duramente en Rusia, sería imposible controlar el voto, como suele hacerse. Si hubiera miles de muertos, la presión sería enorme. En ese caso habría gente que lo vea como una oportunidad para mostrar su ira», añade Nicolás de Pedro.

El mal recuerdo de Chernóbil

Esta semana el presidente Putin ha tomado la crisis por las riendas y ha celebrado varias reuniones sobre el coronavirus. Dos muertos y 658 muertos el 25 de marzo es el balance en la Federación Rusa. Hay dudas sobre la veracidad de estos datos.

La Unión Soviética trató de ocultar durante meses el accidente nuclear de Chernóbil en 1986. La tragedia persigue a la Federación Rusa, heredera de la URSS. Queda la sospecha de que se oculten o se maquillen las cifras.

El ex campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov, presidente de la Iniciativa Renovación Democrática, mantiene que Rusia miente «porque miente sobre todo». Según Kasparov, «se trata del control. El control de la información, con su transformación de la realidad, hace a las dictaduras todopoderosas y sabelotodas. Si el régimen puede ser sorprendido por un virus, quizá no sea tan poderoso, es una línea peligrosa. Nos falta verificación».

De hecho, los medios internacionales han dado cuenta de casos de muertes que se han atribuido a otras causas. Si una mujer con cáncer fallece con coronavirus, no se contabiliza como víctima mortal del Covid-19. Y se aprecia un 37% más de muertes por neumonía en Moscú, donde se localiza la mayoría de los casos, en este periodo del año.

Pero también es cierto que Rusia, muy atenta a lo que ocurre en China, reaccionó pronto, ya que comparte frontera con la nación asiática. La OMS declaró la emergencia global el 30 de enero.

Seis días después, llegó el primero de los vuelos charter organizados por el gobierno a una región de Siberia, donde pasaron los 14 días de aislamiento 144 ciudadanos rusos procedentes de zona cero del coronavirus en China.

Hay dudas sobre la fiabilidad de los tests que hasta ahora realizaba un laboratorio fundado por el Estado en Novosibirsk, conocido como Vektor. Incluso el alcalde de Moscú, Serguei Sobianin, en el operativo de lucha contra el coronavirus, ha admitido que realmente no se sabe con exactitud cuántos son realidad el número de afectados.

Es un tema serio. Ya sean 500 o más. Muchos se quedan en casa, otros no se hacen pruebas… En realidad los enfermos son muchos más», dice el alcalde de Moscú

«Es un tema serio. Ya sean 500 o más. Muchos se quedan en casa, otros no se hacen pruebas, y los que pueden no salen de sus dachas… En realidad los que están enfermos son muchos más», dijo Sobianin, cercano a Putin.

El primer ministro, Mijail Mishustin, ha instado este lunes a los funcionarios a desarrollar un sistema para vigilar los contactos de quienes tengan coronavirus, gracias a los datos de gelocalización de los móviles. En Moscú la policía vigila, incluso con cámaras de reconocimiento facial, a quienes incumplen el confinamiento.

De esta manera, el presidente ruso cuenta a su favor con un sistema de recuento a la baja, y una buena reacción temprana para cerrar el país y contener la entrada, inevitable, del virus.

Ahora ha anunciado medidas más estrictas, que aún están lejos del confinamiento a la italiana o a la española. Sí están obligados a encerrarse los mayores de 65 años, bajo amenaza de multa e incluso de cárcel.

En Moscú se han cerrado los centros culturales y académicos. El alcalde de Moscú, donde se recomienda el teletrabajo, pide que se apliquen medidas más estrictas en todo el país. Asimismo Putin ha empezado a aplicar paliativos sociales, destinados a familias con niños. La semana que viene no será laborable.

En Rusia, si la tendencia fuera al alza, como ha sucedido en Italia o España, la situación sería trágica, debido al deficitario sistema sanitario fuera de Moscú o San Petersburgo.

La batalla de la propaganda

El Kremlin insiste en que el virus proviene del exterior. De momento es una amenaza controlada, pero su poder de destrucción se está viendo terrible.

«Cuando empezó la crisis en China, Rusia ya empezó a lanzar la idea de que era una conspiración y Estados Unidos estaba detrás. Esa teoría de que EEUU tiene laboratorios en Georgia, por ejemplo, la han difundido, incluso ha aludido el presidente ruso, Vladimir Putin. Nunca han dado pruebas», afirma Nicolás de Pedro. «Si afecta de forma importante a Rusia, apuntarán a Estados Unidos, Soros o Bill Gates», añade.  

Al igual que China, Rusia ha tendido su mano a Italia en una operación de gran rentabilidad mediática. El gobierno ruso ha enviado un convoy de una decena de aviones militares con material y expertos, según informa la agencia Efe.

Por un lado, Rusia busca que se levanten las sanciones impuestas por la anexión de Crimea. También es una buena manera de aprender sobre el terreno sobre el coronavirus.  

El coronavirus ha traspasado la frontera de Rusia con un extraordinario don de la inoportunidad. Con la economía maltrecha, el rublo por los suelos y el barril de petróleo a 25 dólares, esta crisis es una bomba de relojería para Putin y sus planes de eternizarse en el poder. Como buen agente de la KGB, puede desactivarla, pero ha de andarse con cuidado.