El confinamiento drástico ha sido uno de los ejes del discurso político en Cataluña. Un mainstream que ha impuesto el Govern de Quim Torra y no ha osado rebatir ningún otro grupo hasta ahora. Pero eso no significa que todo el mundo se haya plegado a las exigencias de ese confinamiento que busca ante todo impedir la movilidad de la población, ni siquiera en la órbita del Govern. Varios políticos, también en Cataluña, han sido «cazados» pasando el confinamiento en sus segundas residencias.

Los más destacados son sin duda el ex president, Artur Mas y el ex primer ministro francés Manuel Valls. Pero no son los únicos. Esta semana se ha conocido otro nombre, uno de los hombres más próximos a Quim Torra dentro de su partido, el abogado de Carles Puigdemont y diputado de JxCat en el congreso Jaume Alonso-Cuevillas. Según algunas fuentes, Alonso habría optado por pasar el confinamiento en su apartamento del Estartit, en la Costa Brava de Girona, circunscripción por la que es candidato pese a que su residencia habitual y su despacho laboral se encuentren en Barcelona.

Alonso-Cuevillas es uno de los diputados con más ingresos del Congreso. Según su declaración de bienes, el año pasado pagó casi 219.000 euros en concepto de IRPF y declaró más de 800.000 euros de rentas percibidas. En Estartit, además de una vivienda de 80 metros cuadrados con un «huerto» de más de 720 metros cuadrados, cuenta con una embarcación en leasing desde el año 2009 y su correspondiente amarre en el puerto.

Tras la primera semana de confinamiento, el presidente de la Generalitat hizo un llamamiento a no desplazarse durante el fin de semana, cuando el Govern temía que el sistema sanitario alcanzaría su «estrés máximo» por el incremento, entonces exponencial, de contagios en Cataluña. Torra advirtió entonces que desplazarse a segundas residencias «dañaría el equilibrio de los hospitales comarcales», por lo que ha pedido no hacerlo.

A las puertas de las vacaciones de Semana Santa, el presidente fue un paso más allá, animando a los alcaldes de municipios turísticos a que bloquearan los accesos de veraneantes a sus localidades, como ya había sucedido en algunos municipios de la Costa Dorada (Tarragona).

Acto de insolidaridad absoluta, más que reprobable» consideró Buch ir a la segunda residencia

Más contundente se mostró dos días después el conseller de Interior, Miquel Buch, haciéndose eco de las quejas de alcaldes de la Cerdanya y la Costa Brava. “Vaya por delante mi denuncia enérgica a un acto de insolidaridad absoluta, más que reprobable”. Y para evitar más desplazamientos en este sentido, Buch anunció el endurecimiento de los controles en las carreteras.

Poco después, El Confidencial desvelaba que el ex president, Artur Mas, se habría saltado el estado de alarma para pasar la Semana Santa en Vilassar de Mar, en la comarca del Maresme y vecino de Premià de Mar, donde reside el propio Buch. Mas asegura que se trasladó a Vilassar antes de decretarse el estado de alarma, pero sus vecinos en la localidad costera donde ha veraneado su familia «toda la vida» le contradicen. Aseguran los vecinos de la localidad que el ex president «apareció» en el Maresme en semana santa.

En Vilassar de Mar dispone Mas de su segunda residencia. En esta localidad veranaba ya su familia y allí afianzó su relación con su esposa, Helena Rakosnik. Aunque si hablamos de veranos, los Mas no se han resistido a la emigración estival de buena parte de la burguesía catalana a Menorca, que en los últimos años ha convertido a la isla en agosto en una segunda Barcelona.

Allí es donde Manuel Valls pasa el confinamiento, algo lejos de sus responsabilidades en el Ayuntamiento de Barcelona. En su caso fue la publicación francesa Equinox Magazine la responsable de desvelar su fuga. Aunque en el caso de Valls no hubo incumplimiento del confinamiento, porque voló a Menorca el 12 de marzo, antes de que se declarara el estado de alarma, cuando no había restricciones de movimiento.

Pero este dato no le ha evitado críticas a Valls por optar por la mansión de su esposa, Susana Gallardo, que ocupa diez hectáreas en una zona próxima a Mahón, en Menorca. Unas críticas mucho más aceradas, de hecho, de las que ha recibido Mas.