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Todo bajo control en la China de Xi Jinping, a pesar del coronavirus, salvo el PIB

La reunión de la Asamblea Nacional Popular marca la vuelta a la normalidad política en la potencia asiática

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Los líderes chinos y los delegados asisten a la ceremonia de apertura de la Conferencia Política Consultiva en Pekín. EFE

China retoma su agenda política este viernes con la celebración de la Asamblea Popular Nacional, que se reúne con dos meses y medio de retraso por la expansión del coronavirus. Con un minuto de silencio por las víctimas de esta enfermedad, que registró sus primeros casos en la ciudad china de Wuhan, ha arrancado este jueves la Conferencia Consultiva Política.

El encuentro (físico) de los más de 3.000 delegados de la Asamblea Popular Nacional y 2.000 en el Consejo Consultivo en el Gran Palacio del Pueblo marca la vuelta a la normalidad política en China, donde se han registrado una treintena de casos en la provincia de Jilin en los últimos días, otro en Mongolia interior de origen extranjero, pero no hay más fallecimientos.

En China se han confirmado 82.967 positivos y 4.634 muertes, a fecha del jueves 21 de mayo con tan solo dos casos en el último balance.

Es la primera vez en décadas que se retrasa este cónclave político, que finalmente durará siete días en lugar de las diez jornadas habituales debido al coronavirus. Escenificarán el triunfo de China contra el enemigo invisible, la pandemia. No habrá un atisbo de crítica. Pero sí han reconocido que debido a la incertidumbre relacionada con el corona virus esta vez no habrá previsión de crecimiento.

Ya encontraron un chivo expiatorio en Sun Lijun, ex viceministro de Seguridad Pública, afín al clan leal al ex presidente Jiang Zemin, que ha pagado por la crisis no resuelta en Hong Kong y por el estallido de los contagios en Wuhan.

No tenemos un objetivo concreto de crecimiento este año, debido a la situación creada por la pandemia… Hay factores impredecibles», dice el primer ministro, Li Keqiang

En la Asamblea Nacional Popular evalúan la labor del gobierno y se dan a conocer los desafíos más inmediatos. El primer ministro, Li Keqiang, ha presentado el informe sobre su labor. Este año, por primera vez desde 1990, no ha mencionado la previsión de crecimiento. En el primer trimestre la economía se contrajo un 6,8%, algo nunca visto en décadas. Y todo por las consecuencias de la pandemia.

«No tenemos un objetivo concreto de crecimiento este año, principalmente debido a la situación creada por la pandemia y sus consecuencias sobre el comercio y la economía. Hay factores impredecibles», ha dicho Li Keqiang, en la apertura de la Asamblea Popular Nacional.

Llama la atención cómo en la foto de familia del consejo consultivo, este jueves, todos llevan mascarilla mientras los principales dirigentes, entre ellos Xi Jinping y Li Keqiang.

«Tres meses después del confinamiento la normalidad es casi total en China, pero hemos de prepararnos para vivir con cierta incertidumbre hasta la vacuna o un tratamiento muy eficaz. Esta nueva normalidad está sujeta a sobresaltos que la hacen muy frágil, esos nuevos brotes como el de Corea del Sur o los focos en China», explica Zigor Aldama, corresponsal en China del grupo Vocento.

«Va a ser un acto de reafirmación política. El mensaje que van a trasladar al mundo es un cierre de filas total para transmitir la idea de firmeza y control de la situación, tanto de la epidemia como de todo lo demás», señala Xulio Ríos, director del Observatorio de Política China. «Por supuesto estará presente el tema de la pandemia. Se hablará de mejorar la gestión de problemas de salud pública, y control de alimentos, por ejemplo».

En 2020 estaban previsto tres importantes anuncios de gran significado político: la erradicación total de la pobreza extrema, la proclamación de China como una sociedad modestamente acomodada y la duplicación del crecimiento y de la renta per capita con respecto a 2010.

Va a ser un acto de reafirmación política. El mensaje es un cierre de filas total para transmitir la idea de firmeza y control de la situación», dice Xulio Ríos

El Partido Comunista de China no va a renunciar a estos objetivos, si bien buscarán alguna fórmula para que el bajo crecimiento que se espera este año no parezca un fracaso. Finalmente, para no errar, han optado por el mutismo.

En el primer trimestre de este año, por primera vez desde 1976, el PIB se contrajo un 6,8%, lo que hace complicado que el crecimiento llegue al 5%. Incluso hay quienes consideran que anunciarán poco más de un 1% de aumento del PIB. En 2019 China registró un crecimiento del 6,1%.

Decenas de millones de empleados han perdido su empleo. La tasa de paro oficial es de un 5.9%, pero Zhongtai Securities calcula que realmente será de más del 20%. Oficialmente no se tienen en cuenta a los migrantes sin cobertura alguna, según se cita en el artículo Dos sesiones, dos visiones de Xulio Ríos.

«Hay dos temas principales en esta Asamblea Popular Nacional. Por un lado, tratarán sobre la reactivación de la economía tras el Covid-19. Normalmente se fijan objetivos que saben que van a cumplir. Son realistas para legitimarse, pero en esta ocasión será difícil que este año se sobrepase el 1%», afirma Mario Esteban, investigador principal en el Real Instituto Elcano.

Aún así la capacidad de China para recuperarse es mucho mayor que la de otras economías, como la española por ejemplo, que depende del sector servicios. De hecho, ya hay alguna señal de alivio, como la recuperación de la producción industrial.

«Seguirán apostando por las grandes inversiones en infraestructura pública y el impulso del  5G. Será su gran apuesta para los próximos dos años», apunta Xulio Ríos.

Hong Kong en el punto de mira

El mensaje político será de autobombo. El régimen chino va a aprovechar que estará en el foco global para glosar las ventajas del sistema socialista, como su gran baza para vencer el coronavirus. A su vez, se presentarán como una potencia globalista y multilateralista, en contraposición a los Estados Unidos de Donald Trump.

También destaca Mario Esteban que la Asamblea Popular Nacional aprobará una ley de seguridad nacional que incluirá a Hong Kong, donde en 2019 hubo continuadas protestas en contra de los intentos de Pekín de inmiscuirse en los asuntos de este enclave, símbolo de su política de «un país, dos sistemas».

China aprovechará la coyuntura para recortar libertades en Hong Kong con referencias al terrorismo, injerencias extranjeras o actividades separatistas», afirma Mario Esteban

«Habrá limitación de libertades. Con referencias al terrorismo, injerencias extranjeras, la prohibición de actividades separatistas… Da la impresión de que el nivel de libertades en Hong Kong retrocederá más», añade el especialista en sistemas políticos de China y Taiwan.

Según South China Morning Post, «la nueva ley proscribirá las actividades consideradas subversivas, así como los actos terroristas o las injerencias extranjeras». En claro puñetazo en la mesa del tablero hongkonés. China da por hecho que en Hong Kong sería imposible cualquier cambio en la legislación local.

En una rueda de prensa, el portavoz de la Asamblea Nacional Popular, Zhang Yesui, confirmaba que se iba a estudiar una resolución con el objetivo de establecer un sistema legal sólido y un mecanismo de salvaguarda de la seguridad nacional en la región administrativa especial de Hong Kong». En suma, lo que hará el órgano legislativo de China será trasladar las competencias en seguridad al poder central.

«China aprovechará la coyuntura global, cuando todo el mundo está concentrado en la pandemia desde el punto de vista sanitario y sus consecuencias económicas para anunciar estas medidas», añade Mario Esteban.

Sin embargo, hay quien está esperando cualquier acontecimiento para desviar la atención de la grave crisis a la que se enfrenta en su país, Donald Trump. El presidente de Estados Unidos, que día sí y día también arremete contra China, como culpable del virus, ha asegurado que reaccionará «de forma muy fuerte», en caso de que el régimen de Pekín recorte libertades a Hong Kong.

A Trump, en pleno año electoral, la economía puede impedirle llegar a la Casa Blanca. Necesita un chivo expiatorio y desviar la atención. Hong Kong puede parecerle una buena causa para que los estadounidenses olviden que ya se supera el 15% de paro. Al menos ruido hará.

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