«El racismo es nuestra pandemia. Estamos todos infectados, y en 400 años aún no hemos encontrado la vacuna». Es la reflexión del actor estadounidense George Clooney, que ha publicado en The Daily Beast. El racismo efectivamente es la gran lacra de la primera potencia mundial.

La novedad en el caso de la muerte de George Floyd, el afroamericano que perdió la vida después de estar sometido por un agente blanco, Derek Chaubi, que clavó su rodilla en su cuello más de nueve minutos, es ese video en el que queda clara la tortura a la que fue sometido el ex guardia de seguridad. Los compañeros del agente actuaron como cómplices, y todos los que hemos visto el video escuchamos el eco de las últimas palabras de Floyd: «No puedo respirar«.

Sucedió el 25 de mayo y desde entonces se ha desencadenado la peor ola de disturbios registrada en Estados Unidos desde el asesinato de Martin Luther King, en 1968. Hay toque de queda en decenas de ciudades, entre ellas, Nueva York, donde se han producido numerosos saqueos. Unos 8.000 efectivos vigilan las noches de la Gran Manzana. Salvo excepciones, nadie puede salir entre las 23 horas y las seis de la mañana en la ciudad que nunca duerme.

La última vez que en Nueva York se impuso el toque de queda fue en 1943 por unos disturbios originados por el rumor de que un soldado afroamericano había muerto a manos de un agente blanco en Harlem.

El presidente, Donald Trump, ha amenazado con desplegar el Ejército si los gobernadores no son capaces de imponer la ley y el orden. En varias ciudades se ha desplegado la Guardia Nacional, que suele dedicarse a atender emergencias como inundaciones o catástrofes naturales.

Su rival en las urnas en las próximas elecciones presidenciales, el 3 de noviembre, Joe Biden ha acusado a Trump de atizar el fuego del racismo para contentar a sus votantes, y de intentar que los militares actúen contra los estadounidenses. Biden ha dado este martes un discurso en el que ha prometido que intentará, si llega a ser presidente, avanzar para que se acabe con el racismo, que era ya un problema antes de Trump, y lo seguirá siendo si finalmente no resulta reelegido.

¿Qué sucedió en Mineápolis?

George Floyd, de 46 años, se había quedado en el paro por la crisis económica desencadenada por el coronavirus. Originario de Houston, había tratado de empezar una nueva vida en Mineápolis. El lunes 25 de mayo se acercó a una tienda de ultramarinos donde adquirió una cajetilla de cigarrillos y pagó con un billete de 20 dólares. El empleado vio que era falso y se lo dijo. Le pidió que devolviera el tabaco, pero Floyd se opuso. Parecía haber bebido. Avisó el tendero a la policía que se presentó allí rápidamente.

Cuando llegaron los agentes, Floyd estaba en un coche cerca de la tienda con otras dos personas. Le interceptaron los policías y le instaron a salir del vehículo. Lo hizo pero se opuso a ser esposado, aunque lo hacen. Es cuando intentan meterlo en el coche policial, cuando se produce la reyerta que acaba con Floyd en el suelo. Dice desde un principio que es claustrofóbico.

Es entonces cuando aparece el agente Derek Chaubin en escena. Este policía le hinca su rodilla en el cuello durante casi nueve minutos. «No quiero morir. No puedo respirar», repetía George Floyd en el suelo. Murió en el hospital del condado una hora después.

Las dos autopsias conocidas este martes reconocen que George Floyd fue víctima de un homicidio. El agente Chaubin será acusado de homicidio involuntario y homicidio en tercer grado. Sus compañeros también tendrán que responder ante la Justicia.

Un video escalofriante

Todo ocurrió a partir de las 20 horas y varias personas fueron testigo de los abusos que estaba sufriendo George Floyd. Entre ellas, estaba Darnelle Frazier, afroamericana de 17 años, que grabó toda la escena. Difundió el video con esta declaración: «La policía lo mató».

En esta grabación solo se ve al agente Chaubi, pero más tarde se difundió otra en la que aparecen los otros tres agentes sujetando a George Floyd, reducido en el suelo.

Hubo gente que acusó a Fraser de buscar protagonismo al difundir el video. La joven ha difundido un mensaje en Facebook. «¿Qué lo grabé para ganar notoriedad o para llamar la atención? ¿Para conseguir dinero? Todo esto suena tan estúpido. No espero que nadie se ponga en mi posición para entender por qué y cómo siento de la forma en que lo hago. ¡No os importa que soy menor! Tengo 17 años y no podía enfrentarme al policía. Tenía miedo…. Si nos hubiéramos enfrentado, habríamos caído más».

No es un caso excepcional

George Floyd engrosa una larga lista de mártires afroamericanos, víctimas de los abusos policiales en Estados Unidos. En 2019 los afroamericanos representaban el 14% de la población del país. El 23% de los implicados en tiroteos mortales son afroamericanos. Es decir, si eres afroamericano tienes más probabilidades de morir de forma violenta que un blanco en Estados Unidos.

Uno de cada mil hombres y niños afroamericanos es probable que muera a manos de la policía, como le ocurrió a Floyd. El riesgo es dos veces y media mayor que el que afronta la población blanca, según un estudio de la Universidad de Rutgers.

Según una encuesta de la Universidad Monmouth, que cita The Hill, el 57% de los estadounidenses cree que la policía abusa de su fuerza contra afroamericanos. Hace cuatro años era apenas el 34%.

Sobre las protestas, el 57% de los encuestados cree que hay razones para la ira que tienen los manifestantes por motivos de discriminación racial, si bien discrepan con la violencia que han empleado algunos de los que protestan en las calles de todo el país.

Los afroamericanos van a la cárcel cinco veces más que los blancos estadounidenses. Representan el 13% de la población pero una tercera parte de la población reclusa.

En esta pandemia los afroamericanos han sufrido de forma devastadora los efectos de la pandemia. Son las ciudades o los suburbios con mayoría afroamericana los que han estado más afectados, y también son los primeros en quedarse sin trabajo, como le había pasado a George Floyd.

De la esclavitud a la Presidencia

Estados Unidos abolió la esclavitud en 1863 por la Proclamación de Emancipación, que fue promulgada por Abraham Lincoln en plena guerra de Secesión. Son dos decretos: uno por el que todos los esclavos negros de la Confederación lograban su libertad. Otro decreto de 1863 indicaba en qué Estados se aplicaría la liberación. No se citaban Estados del Sur.

En 1865 se aprobó la Decimotercera Enmienda a la Constitución de Estados Unidos que sí prohibía la esclavitud. Un año más tarde, la Decimocuarta Enmienda obligaba a los Estados a proteger la igualdad de las personas.

En 1870, por fin, la Decimoquinta Enmienda promulgaba que los Estados no podían impedir votar a un ciudadano por razón de su raza, o su condición previa de esclavitud.

Durante décadas rigieron las leyes de la supremacía blanca: la ley dejaba claro que blancos y negros no eran de la misma condición. El acoso hacia los afroamericanos no era perseguido por las autoridades locales.

Algunos sufrieron una situación tan insoportable que emigraron al Norte. Decenas habían sido linchados. Pero en las ciudades donde se establecieron se convirtieron en los menos favorecidos.

De la desigualdad de derechos se pasó a la segregación, y luego a una persistente desigualdad. Los gobiernos de Nixon y Reagan aplicaron recortes presupuestarios en los programas sociales, lo que afectó mucho a los afroamericanos.

En la actualidad las disparidades raciales en los ingresos familiares persisten en la sociedad estadounidense, según un estudio de Inequality of Opportunity Project. Los ingresos de una familia blanca no latina o de minoría son diez veces superiores a los de una familia afroamericana.

La identidad racial determina las oportunidades para estudiar y luego trabajar. Hay poco movimiento en el ascensor social en Estados Unidos.

‘Black lives matter’

En este siglo XXI, en concreto, en 2013 comenzó en las redes sociales el movimiento Black Lives Matter, alentado por la absolución de George Zimmerman por la muerte con un disparo del adolescente afroamericano Trayvon Martin. Otro hecho, en 2014, dio más fuerza a este movimiento: en Ferguson, Misuri, murió en un tiroteo Michael Brown, un adolescente afroamericano que iba desarmado. Un gran jurado decidió no acusar al oficial que le causó la muerte. Las protestas se extendieron por todo el país.

Este movimiento denuncia la brutalidad policial, pero también pide que se emprendan serias reformas, como la contratación de más agentes afroamericanos, o su participación en puestos de supervisión.

En su página web exponen que sus objetivos son «acabar con la injusticia racial, la brutalidad policial, promover la reforma de la justicia, apoyar a la inmigración afroamericana, demandar la justicia económica, luchar por los derechos humanos, y favorecer el acceso a una educación de calidad y a los servicios sanitarios a los más desfavorecidos».

Ciento treinta y ocho años después de la abolición de la esclavitud, se cumplía lo que para muchos era un sueño. Un afroamericano, Barack Obama, llegaba a la Casa Blanca. Obama era hijo de una mujer blanca y un keniata. Su esposa Michelle Obama sí es descendiente de esclavos. Obama estuvo dos mandatos al frente de Estados Unidos, entre 2008 y 2016. Le sucedió el actual presidente, Donald Trump, quien está en sus antípodas.

James Baldwin en su libro The fire next time (1963) mantiene que la población blanca considera a los afromericanos como ciudadanos de segunda, esto es, no termina de asumir que dejaron de ser esclavos hace 150 años.

La no violencia no es débil, ni pasiva. La no violencia es activa y agresiva…. Busca la verdadera paz, que es igual a justicia», dice Bernice, hija de Martin Luther King

Hace 52 años Martin Luther King era asesinado cuando preparaba una marcha sobre Washington para denunciar la pobreza. Lo mató James Earl Ray, que fue declarado culpable y se consideró que el móvil era el racismo. Martin Luther King quería cambiar América. Había visto como se había puesto fin a las leyes de segregación racial y tuvo un sueño.

«He tenido un sueño. He soñado con que mis hijos vivirán en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por su carácter… Es nuestra fe, nuestra esperanza», dijo Martin Luther King, en su discurso más conocido.

Su hija Bernice King ha hecho un llamamiento para que cese la violencia, aunque la protesta se mantenga viva. Bernice King ha dicho; «La no violencia no es débil, ni pasiva. La no violencia es activa y agresiva. Es estratégico, con un objetivo final. Busca la verdadera paz, que es igual a justicia»