Las Fuerzas Armadas ultiman un «plan de contingencia de la segunda ola» llamado Balmis II para prepararse ante un posible rebrote de la pandemia de coronavirus, en el que los militares tengan que volver a intervenir, dentro del cual han hecho acopio de material sanitario hasta para 40 días.

El teniente general que coordina la Operación Balmis, Fernando López del Pozo, ha explicado algunos detalles de este plan en el acto de clausura de la misión celebrado este jueves en la base de Retamares de Pozuelo de Alarcón (Madrid), donde la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha dado las «gracias infinitas» a los militares por su trabajo.

El acto ha dado por cerrado Balmis, el mayor despliegue de las Fuerzas Armadas en tiempos de paz, con 20.002 actuaciones en 2.300 localidades españolas, en las que se hicieron durante los 98 días que duró 11.000 desinfecciones (5.300 en residencias de mayores), se instalaron 20 hospitales de campaña y se operaron 70 vuelos para traer 160 toneladas de material a España.

El acto se ha celebrado primero en el patio de Retamares con una representación de todos los mandos que han participado en Balmis (UME, Ejército de Tierra y de Aire, Armada, Guardia Real e Inspección de Sanidad), que han guardado un minuto de silencio por los fallecidos.

Posteriormente, la ministra, el JEMAD, Miguel Villarroya, y el teniente general López del Pozo han resumido ante la plana mayor de los ejércitos sus vivencias en Balmis, una operación por la que se prevé condecorar a una selección de militares que han participado en ella.

López del Pozo, que comanda el Mando de Operaciones del Estado Mayor de la Defensa, encargado de coordinar la operación, ha explicado que ya está «prácticamente terminado» el plan Balmis II para afrontar una posible segunda oleada del virus, que se presentará al JEMAD en julio y que incluye una reserva de material sanitario para los militares desplegados.

En esta reserva hay trajes de protección EPI, mascarillas y guantes para una previsión de trabajo de hasta 40 días, así como algunos respiradores, ha detallado.

López de Pozo ha indicado que los militares ya están preparados para intervenir de nuevo en un plazo de 24 a 48 horas desde el momento en que se les ordene hacerlo.

Durante la pandemia, ha dicho, la UME ha realizado un 40% del total de las intervenciones y ha sido el cuerpo que iba «abriendo el camino» desinfectando y trasladando fallecidos y enfermos, para que luego el resto de las Fuerzas Armadas continuaran haciendo estas labores.

También ha destacado el papel de la sanidad militar con sus 3.200 efectivos, que han conseguido aumentar de 400 a 560 las camas del hospital militar Gómez Ulla de Madrid y de 16 a 32 sus unidades de cuidados intensivos.

Para el teniente general, la operación ha sido «la prueba palpable del compromiso de los militares con su sociedad», unos ciudadanos de los que han recibido gratitud. «El cariño de la gente es lo que nos proporciona el combustible para seguir adelante».

Se ha podido hacer, ha indicado López del Pozo, gracias a la apuesta política por la intervención de los militares para luchar contra el virus, a las capacidades que tiene el Ejército (ha destacado la importancia del presupuesto en Defensa) y a una «corta cadena de mando» en la que estaba la ministra, en primer lugar, seguida del JEMAD y de él mismo.

En su intervención, Robles ha destacado el trabajo de los militares para «salvar vidas y estar con los más vulnerables» y ha recordado los momentos tan duros que vivieron cuando vieron «el estado de algunas residencias» y «hospitales saturados de cadáveres», unas situaciones en las que no ha querido entrar en detalle.

Por eso, ha instado a ser responsables ahora cuando «el virus sigue ahí» y a aprender de los militares y su buena coordinación. «Las Fuerzas Armadas tienen que ser una guía para nosotros», ha dicho para hacer una llamada a la unidad y dejar de lado la «crispación». EFE