Israel ha pasado en apenas un par de meses de ser un país modelo en la gestión de la pandemia a caminar a pasos agigantados hacia el abismo. La sensación de descontrol va in crescendo. Cada día se registran más casos positivos por coronavirus desde hace un par de semanas: este miércoles, 1.308. La situación económica empeora cada día: el paro ya alcanza el 21%. Y los ciudadanos han salido a las calles como hace años que no se recuerda para mostrar su hartazgo con un primer ministro, Benjamin Netanyahu, que afronta un juicio por corrupción pero aún sigue en el cargo.

Miles de personas se concentraron el martes por la noche en Jerusalén para pedir la dimisión de Netanyahu por los cargos que pesan contra él por corrupción. Netanyahu, que lleva más de diez años en el cargo, ganó de forma ajustada los últimos comicios, pero no tenía mayoría suficiente para gobernar. Llegó a un acuerdo con el líder de Azul y Blanco, Benjamin Gantz, para repartirse el poder en este mandato.

Cincuenta personas fueron arrestadas tras esta manifestación en Jerusalén. Este miércoles Netanyahu ha salido en tromba contra los que demandan su renuncia y, al modo de Trump, los ha tildado de radicales de izquierdas y vándalos. Días antes las protestas en Tel Aviv eran por motivos económicos: muchos ciudadanos se veían seriamente perjudicados por las nuevas restricciones.

De referente a descontrol

En primavera Israel era un referente en la lucha contra el coronavirus. Su apuesta por la innovación y la tecnología había dado frutos en el control de la pandemia. Sin embargo, el desconfinamiento ha sido un fracaso hasta el punto de que es muy probable que Israel vuelva a decretar un nuevo encierro en los próximos días.

Los investigadores que trabajan para el gobierno han averiguado dónde se propaga de nuevo el coronavirus: en las bodas. Entre el 15 y el 25 de junio se celebraron 2.092 bodas y probablemente ahí se incubó el desastre que ahora afronta el país.

«En las bodas se concentra gente de todo el país. Se abrazan, cantan, bailan. Y se infectan», comentaba un funcionario gubernamental bajo anonimato, citado por The Washington Post. El gobierno alertó a otros gobiernos de su hallazgo sobre estas celebraciones y empezó a establecer restricciones en la primera semana de julio.

(Sobre una vuelta al confinamiento) ¿Qué más podemos hacer? Salvo un milagro en el que veamos una desaceleración en el ritmo de infecciones», dice el ministro de Sanidad

El ministro israelí de Sanidad, Yuli Edelstein, ha reconocido que se ven abocados al cierre total. «¿Qué más podemos hacer? Salvo un milagro en el que veamos una desaceleración en el ritmo de las infecciones», ha dicho al diario Yediot Ahronot.

El número de positivos se ha duplicado en las dos últimas semanas. También se ha incrementado el número de casos graves. En total, en Israel se han registrado 43.668 casos y 375 personas han muerto por Covid-19 a fecha del miércoles 15 de julio, según datos de la Universidad Johns Hopkins.

Netanyahu ha perdido 20 puntos de popularidad por la gestión de la pandemia desde mayo pasado, según un sondeo difundido por Channel 12. «Somos el único país del mundo menos preparado para la segunda oleada del coronavirus que para la primera», ha dicho el líder de la oposición, Yair Lapid.

Dinero contante y sonante

Efectivamente, Israel lo hizo bien cuando la mayoría de los países no supieron cómo responder a un enemigo invisible e inesperado. Contaba a su favor con una población reducida, un poder centralizado y unas fronteras muy vigiladas. Sin embargo, el desconfinamiento ha sido tan desastroso que los israelíes figuran entre los ciudadanos que tienen vetada su entrada en la Unión Europea.

Este miércoles, el primer ministro israelí ha prometido que su gobierno dará los pasos adecuados en 48 horas para «aplanar la curva». Netanyahu ha anunciado una paga para todos los israelíes adultos. «Haremos todo lo necesario para evitar un nuevo cierre, pero necesitamos la total colaboración de todos, ciudadanos de Israel», ha dicho Netanyahu.

Sobre el dinero que van a facilitar a los ciudadanos, Netanyahu ha explicado que la medida está encaminada a facilitar el consumo. «Necesitamos que se mueva la economía. Vamos a potenciar el gasto y el empleo. Los solteros sin niños recibirán 750 séquels (unos 200 euros), las familias con un niño 2.000 séquels (unos 550 euros) y los hogares con tres o más niños obtendrán 3.000 séquels (unos 840 euros). Estos ingresos se suman al plan de ayudas aprobado a principios de esta semana.

Jóvenes hastiados y desilusionados

En esta situación de descontrol sanitario, crisis económica y total incertidumbre, todas las miradas se han vuelto hacia el primer ministro, Benjamin Netanyahu, que, para colmo, ha de responder ante la Justicia por corrupción. A pesar de sus casos pendientes, pudo presentarse a la reelección, ya que mientras no sea condenado sus derechos políticos se mantienen inalterables.

Cuando nadie contaba con ello, los israelíes han dicho ya basta. Miles se concentraron cera de la residencia del primer ministro la noche del martes. «Somos jóvenes y no vamos a seguir con la boca callada y portándonos bien», decía uno de los manifestantes, según publica Haaretz. No se recordaba nada similar en Jerusalén Oeste desde la oleada de protestas sociales de 2011.

A juicio de Nir Hasson, del diario israelí Haaretz, «esta protesta supone un punto de inflexión en la evolución de las manifestaciones contra Netanyahu. Hasta ahora era gente de más edad, relativamente acomodados, que consideraban que el primer ministro había traicionado sus valores… Pero ahora han pasado el testigo a los más jóvenes, cuya ira es bien diferente. El comandante de policía del distrito de Jerusalén, Doron Yedid, los llama ‘anarquistas’ y ‘violentos’ pero es mucho más complicado que eso… Algunos quizá lo sean, pero muchos han tenido que volver a casa de sus padres, y han renunciado a muchos de sus sueños».

Es la sensación de que se han traspasado todas las líneas rojas y es hora de poner el reloj a cero. Si eres joven, estás preparado, pero tienes que renunciar al derecho a una vivienda digna, a un empleo digno, y ves que tu primer ministro, acusado por corrupción, no sabe qué hacer para lidiar con una pandemia, cuando ya se habían dado los pasos más difíciles, tu cólera es difícil de parar.