A Andrés de Vicente, un joven antifascista gallego, le cambió la vida en un paseo electoral del Partido Popular. En 2015, en vísperas de los comicios generales del 20-D, pegó un fuerte puñetazo a Mariano Rajoy durante un ‘baño de masas’ en Pontevedra del entonces presidente del Gobierno. El chico tenía 17 años y pasó los dos siguientes en un internado. Pero volvió a repetir la hazaña cuando recuperó la libertad. Esa vez, su víctima fue un miembro de la agrupación local de Vox en la localidad gallega. Hoy, continúa defendiendo sus posturas independentistas en Twitter y critica a los negacionistas del coronavirus.

El contexto de la agresión a Rajoy es distinto al acoso que han sufrido Pablo Iglesias e Irene Montero este verano. El 16 de diciembre de 2015, el líder popular se despertó con una apretada agenda por delante. Comenzó su jornada con una entrevista en la Cadena Ser. Luego visitó Cangas de Onís, en Asturias. Ya por la tarde, apuró el día de campaña en su tierra natal, Galicia. Primero en Vigo, donde se dio todo un baño de multitudes, y después en Pontevedra.

Poco antes de las 19 horas, Rajoy paseaba con otros dirigentes en una plaza céntrica de la ciudad. Estaba rodeado de vecinos, simpatizantes y niños. Él les saludaba y se hacía fotos con ellos. Con ese pretexto, el de hacerse un selfie con el presidente, se acercó Andrés. Tras un breve periodo de tiempo, el joven le golpeó con fuerza en la sien. Rajoy se mantuvo en pie, pero se quedó sin gafas y con un importante hematoma en la cara. La Policía Nacional redujo al chaval de inmediato. Cuando se lo llevaron esposado, el ‘Capi’, como le conocen sus amigos, levantó el puño y sonrió a las cámaras. «Le pegué porque tenía dos sueldos», confesó en comisaría, según informó El País.

Tras el suceso ‘Capi’ se convirtió en uno de los objetivos de la prensa. El Confidencial descubrió que Andrés era un adolescente problemático dentro de una familia acomodada de la ciudad. Su padre, Manuel de Vicente Burgo, fue administrador de la Cámara de Comercio de Pontevedra durante 25 años. La madre del chico, por si fuera poco, es familiar de Elvira Férnandez, la mujer del ex presidente. «Era muy nervioso, tartamudeaba, no se le daban bien los estudios», contó al digital un amigo del agresor. De hecho, Capi estudió en los mejores colegios de Pontevedra. Le expulsaron de uno de ellos, del San Estanislao de Kotska (SEK).

Antes del ataque a Rajoy, el joven ya había dado parte en Twitter de su odio al PP. Compartía comentarios anarquistas, galleguistas y antifascistas. Simpatizaba con Mocidade Granate, una peña ultra de izquierdas que anima al club de fútbol de Pontevedra. Hubo un tuit que llamó especialmente la atención de la prensa: «Voy a hacer un atentado en la sede del PP». Cuando se enteró del paseo electoral del presidente, Capi anunció en un grupo de Whatsapp de amigos que iría a por él. Los colegas incluso le jalearon: «Cuando empezó a decir que iba a ver a Rajoy todos pensamos que estaba de coña», comentó uno de los menores a Europa Press. La agresión le costó dos años en un internado.

«Dos años horribles»

En mayo de 2016, el Juzgado de Menores de Pontevedra condenó a Capi a dos años de internamiento en régimen cerrado por un delito de atentado a la autoridad del subtipo agravado. No se le reclamó ninguna responsabilidad civil ni tampoco una indemnización para la víctima. Rajoy no había presentado cargos contra el chico: «Bastante penitencia lleva con lo que ha hecho». Durante el juicio, el joven se arrepintió de su hazaña.

En realidad, Andrés estuvo internado desde el día siguiente a la agresión. Cuando cumplió buena parte de la condena, en abril de 2017, retomó su actividad en Twitter. «Quiero volver a ser feliz», escribió. Gracias a la red social se pueden conocer sus simpatías políticas y algunas confesiones personales. La mayoría de comentarios son retuits de corte político. Ha compartido varios del portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián. También del entorno de Podemos, como los de Juan Carlos Monedero. Y del mismo Pablo Iglesias, aunque dejó clara su posición sobre los morados: «Yo ni soy de Podemos, ni me gusta Pablo Iglesias». Le gusta más el BNG: en las últimas elecciones autonómicas posó en su cuenta como apoderado de la formación de Ana Pontón.

Destaca su apoyo a los nacionalismos, al vasco primero, y al catalán después. Se fotografió sujetando una estelada, defiende al ex president Carles Puigdemont y al coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Otegi. «No me considero antiespañol, sino anti nacionalista español», publicó. En otro tuit, en cambio, asegura que España «es una mierda, aunque el mundo un vertedero». Entre los comentarios también están los retuits a su grupo ultra del Pontevedra o los de las hinchadas del CD Ourense y los Bukaneros del Rayo Vallecano.

Algunos tuits los publicó antes de diciembre de 2017, cuando terminó su condena. Muchos otros, después. Además de expresar sus opiniones políticas, Andrés utiliza la red social para desahogarse y recordar algunas experiencias vividas tras lo de Rajoy. «Un fuerte saludo y muchísimas gracias a toda la gente que me ha defendido y que ha estado conmigo estos dos horribles años, sois lo que me ha llevado a tirar para adelante», señaló.

Cargó contra los políticos y los medios por cómo le trataron tras la agresión. «Asco y vergüenza que partidos y medios de comunicación me pusieran como que hice la peor cosa del mundo y recibiendo más insultos que violadores, de periodistas basura». En otro tuit dijo que no había «ningún adjetivo descalificativo en toda la lengua castellana» que no le hubieran llamado. Según recuerda, los medios le insultaron más que a los asesinos Ana Julia Quezada y Enrique Abuín, ‘El Chicle’, a la vez.

Agresión a Vox

Cuando Capi estaba a punto de dejar el internado, prometió que «sólo» quería «hacer el bien». Pero no lo cumplió. En marzo de 2019 volvió a pegar a un político de derechas. La víctima fue Juan Manuel Rosales, coordinador de Vox en Pontevedra. El ataque se produjo cuando Rosales estaba repartiendo propaganda en una mesa informativa. El ‘Capi’ le tiró un petardo y luego le pegó dejándole cortes en la mejilla y los labios y un ojo amorotonado.

La trifulca no fue a más. Andrés pidió perdón y explicó que actuó bajo los efectos del alcohol. «Estoy arrepentido de lo que hice. Estaba bebido ya que venía de salir de noche, la única culpa del acto fue mía», expresó en la red social. Al final, las dos partes alcanzaron un acuerdo extrajudicial que apuntaló la absolución del joven. Por las lesiones a Rosales tuvo que indemnizarle con algo menos de 400 euros.

Ha pasado más de un año desde la última agresión. Andrés tiene 22 años y sigue publicando en Twitter sus opiniones políticas. Durante la pandemia, por ejemplo, ha cargado contra Vox y ha apoyado a Bildu. Desde el principió criticó a aquellos que restaron gravedad al coronavirus. En su último comentario reprende a los negacionistas que se manifestaron en domingo en la Plaza de Colón de Madrid: «A los médicos que se han estado jugando la vida y trabajando como esclavos durante la época fuerte del coronavirus para que unos retrasados digan que todo es mentira».