«Nasrin Sotoudeh está arriesgando su vida para las autoridades iraníes cedan y liberen a los presos políticos que están cayendo enfermos víctimas del coronavirus en las cárceles de Irán». Hadi Ghaemi, director ejecutivo del Centro de Derechos Humanos en Irán (CHRI), confirmaba la gravedad de la situación a finales de agosto. Reza Khandan, marido de la abogada iraní Nasrin Sotoudeh (Langarud, 1963), acaba de hablar con la activista cuando conversamos con él. Lleva 23 días en huelga de hambre y no se ven desde el sexto día. La abogada no acepta visitas en protesta por el arresto de su hija mayor, luego excarcelada. Hablan con ella tres veces a la semana.

La abogada Nasrin Sotoudeh, un icono del activismo en Irán, fue condenada a 38 años y 148 latigazos «por manifestarse contra las leyes discriminatorias y degradantes que imponen el uso obligatorio del velo en Irán y por su labor de defensa de los derechos de las mujeres», según denuncia Amnistía Internacional, que exige su liberación y la anulación de los cargos al líder supremo iraní.

Respalda la lucha de Nasrin Sotoudeh el Centro Abdolrrahman Boroumand con su campaña #SetThemFree
que reclama la excarcelación de los presos políticos. En un informe publicado en abril, con Hrana, retrata la dramática situación que viven los detenidos en Irán. Hay una falta total de higiene y solo los que tienen recursos pueden adquirir productos de limpieza.

Corren un serio riesgo de contraer el coronavirus, una enfermedad que ha sido la gota que colma el vaso del sufrimiento de los iraníes, que ya sufrían una crisis económica gravísima. El gobierno echa la culpa a las sanciones internacionales de todo malo que sucede en Irán.

«El coste humano de esta negligencia sigue aumentando: casos confirmados o sospechosos de este nuevo coronavirus, algunos conducen a la muerte, van incrementándose en todo el país, como en la prisión central Mashhad (donde se han asignado tres salas con una capacidad de 600 personas para los casos confirmados o sospechosos), Evin, donde al menos ocho presos políticos han dado positivo en los test, Orumieh, donde los sanitarios han hecho huelga en protesta por la falta de medidas preventivas para el personal de la prisión, el Gran Teherán, donde se ha visto a personas con síntomas en el rezo, y la cárcel de mujeres llamada Qarchak, donde los enfermos languidencen sin atención», señala el informe.

Cada vez está más débil… Hoy nos enteramos de que la huelga de hambre ha afectado a su memoria a corto plazo», afirma el marido de la abogada Sotoudeh

La familia de Nasrin conversa con ella por teléfono tres veces a la semana. «Cuando hablamos, Nasrin trata de mostrarse fuerte. Estoy muy preocupado. Su tensión está por los suelos. Cada vez está más débil. A veces tratamos obtener información sobre su estado físico a través de otras presas políticas, porque ella no nos quiere preocupar. Hoy nos enteramos de que la huelga de hambre la ha afectado su memoria a corto plazo», nos cuenta Reza Khandan, fiel compañero de la abogada en su lucha contra la represión del régimen iraní.

Fue Reza Khandan quien anunció el pasado 11 de agosto que la conocida abogada, que defendió a las mujeres que denunciaban la imposición del velo, había decidido empezar una huelga de hambre. En una carta denunciaba cómo «en medio de la crisis del coronavirus que se ha apoderado de Irán y del mundo las condiciones en prisión para los presos por motivos políticos se han vuelto tan difíciles y arduas que su detención continua es imposible en condiciones opresivas».

Los iraníes han sufrido doblemente la pandemia. Han estado expuestos a la propagación del coronavirus y a la represión del régimen contra quienes han denunciado su mala gestión o la carestía. Según la Universidad Johns Hopkins, se han registrado 380.746 casos y han fallecido 21.926 personas hasta el jueves 3 de septiembre.

Los presos políticos en Irán no se benefician de una ley recientemente aprobada por el Parlamento por la que quienes hayan pasado un tercio de su condena sin dar problemas en la cárcel pueden ser liberados. Explica Reza Khandan cómo la práctica del régimen de los ayatolás con los disidentes es su persecución sin tregua: cuando salen de prisión vuelven a acusarlos de otro delito para encerrarlos de nuevo.

El régimen decretó la liberación de 80.000 presos por la pandemia, pero no incluyó a los arrestados por su defensa de los derechos humanos.

David contra Goliat

La inagotable lucha de Nasrin Sotoudeh es muy desigual. Es el combate entre David y Goliat. Un pulso que muchos dejarían antes de empezarlo por considerarlo imposible de concluir con éxito. Pero Nasrin lleva cuatro décadas defendiendo la ley frente a los abusos de un régimen implacable.

«Es un gobierno que no solamente gestiona su propio territorio sino que tiene poder en otros países de la región. Es cierto somos David contra Goliat. Pero seguimos porque creemos en un poder que no se ve; es el poder de la gente. Una lucha como la de Nasrin, en una sociedad como la iraní, tiene su efecto. Aparentemente el régimen no cede y nosotros estamos indefensos: han entrado en casa y se han llevado a nuestra hija. Pero esta lucha inspira a los iraníes. Muchos se acercan y nos lo dicen. Admiran a Nasrin. Y les da ánimo ver a alguien como ella. Inspira a la gente, no es en vano», señala Reza.

Reza y Nasrin se conocieron en una revista, Portal para el Diálogo. Qué ironía. Reza es diseñador gráfico y Nasrin escribía. Fue hace 28 años. Tienen dos hijos, la mayor, Mehrave, estudia Bellas Artes. El último ataque del régimen a la familia lo ha recibido ella, a quien acusan de agredir a una funcionaria de prisiones.

Mehrave es una chica muy delgada, de apenas 45 kilos, que no podría atacar a las mujeres corpulentas que suelen trabajar en las cárceles. El arresto de su hija afectó mucho a Nasrin. Su hijo menor se llama Nima y tiene 13 años.

Lo hacemos para que nuestros hijos, sus hijos y los hijos de otros tengan un futuro mejor», dice Reza

«Nos sentimos culpables a veces porque quizá podríamos darle una vida mejor a nuestros hijos. Nima, hijo, tiene 13 años. Antes de entrar en huelga de hambre, Nasrin se lo explicó. Ninguno de nuestros hijos se inclina por el Derecho, como le habría gustado a Nasrin. Ellos no han mostrado objeciones, si bien es cierto que Nima lo lleva peor. Lo hacemos para que ellos, sus hijos, y los hijos de otros tengan un futuro mejor. Eso nos da fuerza para continuar», dice Reza.

¿Sueñan con ver el final del régimen iraní? «No creemos que pueda haber un cambio que signifique una democracia para Irán en absoluto. Estamos viviendo en un país rodeado como en la cuna del terrorismo en la zona. Rusia, los talibán, Líbano, Siria e Irak. Algo podría mejorar». 

Reza y Nasrin van a seguir adelante. No se les pasa por la cabeza irse al extranjero. Sabe que el régimen iraní estaría encantado si lo hicieran. Pero el exilio no está en su imaginario.


Ryma Sheermohammadi ha realizado la traducción del farsi de la entrevista realizada a Reza Khandar, marido de la abogada Nasrin Sotoudeh. Su twitter es @Rsheermohammadi.