«El exilio es una etapa cargada de dolor, y en mi caso de incomprensión y de ataques. Pensé que si no decía nada se acabaría imponiendo un relato que no es el correcto». Con este argumento ha justificado hoy Carles Puigdemont los ataques vertidos en el segundo volumen de sus memorias contra políticos como Enric Millo o Miquel Iceta, pero sobre todo contra el líder de ERC, Oriol Junqueras. En el segundo volumen de sus memorias, que hoy ha presentado telemáticamente desde Amberes, Puigdemont tacha de «desleal» a Junqueras y, por extensión, a ERC.

«No quiero ir con un vicepresidente desleal a una etapa tan dura como la que vendrá», asegura haber pensado el ex presidente un año antes del referéndum de independencia, cuando, siempre según su relato, se hacían evidentes las deslealtades del vicepresidente de aquel gobierno de coalición. Puigdemont ha relatado hoy que decidió hacer públicas estas memorias, iniciadas desde que llegó a Palau, tras su huida.

«Si no hubiera habido el combate por la narrativa quizá no lo habría publicado» ha afirmado, explicando que «yo no podía hacer unas memorias edulcoradas, no me hubiera sentido reflejado y no habrían resistido el paso del tiempo.

En el libro define ese desencuentro con el líder de ERC como «un cúmulo de cosas». Junqueras «me engañó diciéndome que no había pedido verse con Ximo Puig, se reunió a escondidas con Pedro Sánchez, no dice nada en las reuniones, los consejeros de ERC no comparten nada, no se pronuncia cuando le pido una lista conjunta (…) dijeron a la CUP que no pasaba nada si no se aprobaban los Presupuestos. ¿Pero a qué demonios juegan? no quiero ir a un referéndum unilateral, cuando se necesita unidad de todos, con esta ERC», afirma en el libro Me explico.

Crítica a la Iglesia

En la presentación, compartida con el autor, Xevi Xirgo, y la secretaria general de su nuevo partido, Elsa Artadi, Puigdemont ha destacado además su desencuentro con «la jerarquía de la Iglesia española» que identifica con el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella. Animado por el ex diputado de ICV Albano Dante-Fachín en el papel de presentador, Puigdemont ha asegurado que «a la jerarquía católica le ha importado cero el sufrimiento de familias católicas, mi deber es denunciarlos. Ellos buscan complacer al poder, no es el papel del cristianismo».

Puigdemont ha argumentado que, especialmente durante los días que pasó en prisión en Alemania, fue consciente de que «el relato a corto plazo lo tenía perdido» por lo que concluyó que «no me servía de nada quedar bien, a mi ya me habían condenado». El ex president fugado ha insistido en los «ataques» recibidos para explicar un volumen de memorias que «no es amable, pero la prisión y el exilio no son nada amables».

Iceta, un malnacido

En el libro, efectivamente, no solo pasa cuentas con sus socios de ERC. También con el líder del PSC, Miquel Iceta, al que dedica unos versos que pretenden ser satíricos. Unas descalificaciones con las que hoy se ha reafirmado en declaraciones a RAC1: «Iceta es un malnacido en el sentido en el que los catalanes entendemos la palabra», ha argumentado al tiempo que tachaba al dirigente de Cs Jordi Cañas de «energúmeno» porque en el Parlamento Europeo «gesticula mucho» y «me llama golpista».

El ex delegado del Gobierno en Cataluña durante el 1-O, Enric Millo, ha sido hoy otra de las víctimas de Puigdemont y Artadi, que han relatado un intento de mediación del dirigente popular tras la aplicación del 155. «No tenía ningunas ganas de hablar con Millo» ha asegurado Artadi, que actuó como intermediaria.

«Al final, concluyes que quería hacer ver que tenía una posición que no tenía» ha añadido la número dos de Junts, quien ha descalificado también los intentos de «mediación» de José Luis Rodríguez Zapatero, quien según el libro también habría intentado un acercamiento a Puigdemont prometiendo un «gesto» de Pedro Sánchez que nunca se llegó a materializar.

Estos años, ha explicado Artadi, «hemos aprendido que hay figuras que se autodenominan mediadores y intentos sin nada detrás porque entre los políticos españoles no hay figuras con el sentido de estado de Puigdemont».

Confrontación inteligente

Respecto a su última propuesta de «confrontación inteligente» con el Estado, Puigdemont la ha explicado acusando al Estado de haber sido el que ha optado por la «confrontación» y no por la «negociación con Cataluña», algo que a su juicio se hizo evidente el 1-O con las cargas policiales. Una confrontación que el Gobierno habría mantenido, según el, a tenor de la situación que vive él y algunos exconsellers en Bélgica, en la de los presos independentistas y en la apertura de diversas causas judiciales contra el independentismo.

En este contexto, ha defendido que «el exilio» se ha convertido en una forma de «confrontación inteligente». «El exilio fue muy incierto al principio, de una precariedad que es difícil imaginar, pero ha sido una herramienta de lucha efectiva. Con pocos recursos, pero ha logrado una gran presencia», ha defendido Puigdemont.