La derrota del 12-D tiene nombre y apellido. Jeremy Corbyn (Chippenham, 1949). El líder laborista es el principal responsable del mayor batacazo de su partido desde 1935. En realidad, más que una victoria de Boris Johnson, que ha cosechado unos miles de votos más que Theresa May, pero bien emplazados, las elecciones británicas se han saldado con el hundimiento de una forma de entender la izquierda en el Reino Unido, el corbynismo.

Los laboristas han logrado 203 escaños, 59 diputados menos que en las elecciones de junio de 2017. Jeremy Corbyn, que ganó las primeras laboristas en septiembre de 2015, ha reconocido la derrota y ha anunciado que no será candidato en las próximas elecciones. Pero de momento se mantiene al mando para encauzar la transición, es decir, para controlar el proceso.

En una entrevista en Sky News este viernes, Corbyn concreta que habrá una reunión de la ejecutiva del partido a principios del próximo año y será entonces cuando se decida sobre su futuro.

Reconoce que está «triste» por los que viven en la pobreza por lo mucho que van a sufrir, pero asegura que está orgulloso del manifiesto que presentaron como propuesta electoral. No parece que haya entendido que el electorado británico ve radicales sus propuestas económicas, y está decepcionado por su indefinición sobre el Brexit.

«Jeremy Corbyn no ha cambiado de opinión desde 1973. Ha hecho un programa muy radical. Y en cuestiones como el Brexit ha mantenido una actitud vergonzosa. Ha asustado a los británicos con un gasto público brutal de unos 100.000 millones de euros. Es algo que se vende mal en el Reino Unido», explica Enrique Feás, investigador del Real Instituto Elcano.

Antes que a Corbyn en el 10 de Downing Street muchos británicos, incluso europeístas, prefieren el Brexit o no votar a nadie», explica Enrique Feás

Según Feás, «antes que a Corbyn en el 10 de Downing Street muchos, incluso partidarios de la permanencia, prefieren el Brexit o no votar a nadie. Es una pena porque el Brexit es una decisión para varias décadas. Ha alienado al votante judío, al moderado, y al proeeuropeo».

Lo más dramático para los laboristas es la pérdida de votantes en zonas que tradicionalmente apoyan a la izquierda. «El Muro rojo ha caído», titulaba The Guardian. Las llamadas Midlands han dejado de ser un bastión laborista. Y en Escocia los nacionalistas han arrasado (48 de los 59 escaños en juego).

El claro y simple mensaje de Boris Johnson, get Brexit done, ha calado en quienes ya confiaron en aquella promesa del Brexit (take back control). Muchos han preferido el Brexit antes que a Corbyn en el 10 de Downing Street, incluso partidarios de la permanencia.

En un momento cargado de simbolismo justo cuando los conservadores sobrepasaban la barrera de la mayoría absoluta, al lograr 326 escaños, al perder la circunscripción de Bolsover, en Derbyshire, que había ocupado el antiguo minero Dennis Skinner durante casi 50 años. También cayó en manos conservadoras Sedgefield, la circunscripción de Tony Blair, que ha sido laborista desde 1935.

Corbyn es como un estudiante de izquierdas de hace 40 años… El partido necesita tiempo para reconstruirse», dice Francis Ghilès

«Los estudios sobre el Brexit apuntan que la austeridad de los años 2010 a 2017 ha fomentado el sentimiento anti europeo en las zonas industriales. Esa falta de claridad sobre el Brexit y la concepción de Corbyn sobre la UE, que considera una institución capitalista, hacen que no sea merecedor del puesto de primer ministro. Es como un estudiante de izquierdas de hace 40 años», señala Francis Ghilès, investigador en el CIDOB.  

«El partido ha sufrido el golpe más duro desde 1935, son 85 años. Después de un golpe tan duro debe reflexionar. Este partido necesita tiempo para reconstruirse», añade Ghilès, que considera que es pronto para hablar de nuevos líderes. 

En primer lugar, Corbyn va a tratar de que le sobreviva el corbynismo, es decir, el ala más izquierdista, y para muchos anclada en el pasado. Es la ejecutiva nacional, favorable al corbynismo, la que ha de designar al líder interino. Por ello al líder laborista saliente no le interesa que se dilucide la cuestión rápidamente. Quienes piden una ruptura tendrían más eco con la derrota aún caliente.

Cambio ralentizado por el ‘corbynismo’

Además, como destaca Katy Balls en The Spectator, otra razón es que Corbyn no tiene preparado un recambio claro. El plan de los ortodoxos sería que asumiera de forma transitoria el número dos, John McDonnell, para preparar a un nuevo líder a lo largo de 2020.

Según Katy Balls, «hay dos laboristas que podrían beneficiarse si el recambio se realizara de forma rápida». Son Emily Thornberry y Keir Starmer, quienes han estado fuera del foco durante la campaña electoral. Su peor baza sería que los dos son demasiado urbanitas y europeístas para ese electorado de zonas tradicionalmente laboristas que se ha ido con los conservadores.

De Keir Starmer destacan su labor parlamentaria en los dos últimos años. Sin embargo, es demasiado acartonado, carente de empatía, lo que juega en su contra cuando su principal rival es alguien como Boris Johnson, un mentiroso confeso pero que cae simpático hasta a sus contrincantes.

Otra figura laborista destacada es el alcalde de Londres, Sadiq Khan, hijo de un conductor de autobús, que ha chocado con Corbyn antes de las elecciones de 2017. De Khan dicen que tiene en su mente, a largo plazo, el 10 de Downing Street.

La hora de las mujeres

Son muchos los que reclaman que sea una mujer la próxima líder laborista. Nunca una mujer ha encabezado al principal partido de la izquierda británica. Los conservadores han contado con Margaret Thatcher y con Theresa May. Los liberaldemócratas con Jo Swinson, cuya trayectoria ha sido efímera.

Pero los laboristas tienen esta asignatura pendiente. Emily Thornberry se felicitaba en su cuenta de Twitter por el hecho de que haya más mujeres que hombres en las filas laboristas en Westminster, «aunque no se haya conseguido como hubiéramos querido». Y añade: «Unámonos para combatir contra Boris Johnson».

Más ligada a la línea ortodoxa del corbynismo sería Rebecca Long-Bailey, que sería la opción favorita de McDonnell. Hija de un estibador de Manchester, es una socialista leal a Corbyn. Acudió como voz del laborismo al debate a siete de la BBC.

Con un perfil muy atractivo como luchadora de origen humilde figura Angela Rayner. Dejó la escuela a los 16 años para ser madre. Después se formó como trabajadora social. Toma como referente a Neil Kinnock, pero también tiene buena relación con Long-Bailey, si bien en la campaña ha destacado por su defensa de las reformas.

La opción más moderada sería Jess Phillips, quien no niega su interés por competir por el liderazgo laborista. La diputada por Birmingham Yardley es la voz más conocida de los centristas, aunque carece del apoyo de la mayoritaria ala izquierdista. «Si la gente confía en mí, aceptaré el papel de la reconstrucción», ha dicho tras conocer la derrota el 12-D.

El temor es que el laborismo vuelva a estar en la oposición muchos años como con las victorias de Thatcher», dice Peris

A juicio de Enrique Peris, vicepresidente de Europa en Suma y corresponsal de RTVE en Londres de 2000 a 2008, «el temor es que el laborismo vuelva a estar en la oposición muchos años como con las victorias encadenadas de Thatcher».

Peris señala que deberían «optar por un centrista que tenga los votos de los moderados, alguien que recupere la tercera vía». Sería la manera de ponerse al día, después de esta etapa de viaje al pasado.

Segun Katie Balls, «la escala de la derrota es tan grande que habrá una batalla por el alma del laborismo». El primero que ha de aceptar que no se trata del Brexit solamente sino del fin del laborismo que defiende es Corbyn.